Proclamados hoy tres nuevos beatos milaneses

El Papa quiso recordarlos durante el Ángelus

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MILÁN, domingo 26 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Un párroco, un misionero en Birmania y una monja que visitaba a presos en la cárcel, son los tres nuevos beatos por cuya elevación a los altares quiso el Papa Benedicto XVI mostrar su alegría hoy, al concluir el rezo del Ángelus.

Los tres nuevos beatos proceden de la archidiócesis de Milán (Italia). Se trata del sacerdote Serafino Morazzone, del misionario del PIME Clemente Vismara y de la religiosa sor Enrica Alfieri.

El rito de beatificación fue presidido por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, quien volvía de Lübeck (Alemania), donde ayer beatificó a otros tres sacerdotes, esta vez mártires del nazismo.

La celebración tuvo lugar en la plaza del Duomo de Milán, contemporáneamente a la Solemnidad del Corpus Christi, y la homilía fue pronunciada por el arzobispo de Milán, cardenal Dionigi Tettamanzi.

Estos tres nuevos beatos, afirmó el purpurado italiano, enseñan a “crecer en la grandeza de la pequeñez evangélica”.

“El Amén que Serafino Morazzone, sor Enrichetta Alfieri y Clemente Vismara pronunciaron coincide con la ofrenda – sin reservas – de su vida, puesta a total disposición de los demás en la variedad y en la diversidad de las vocaciones y de las responsabilidades recibidas del único Espíritu”.

Destacó la figura de Morazzone, cuyas virtudes fueron tales que las recogió el gran escritor italiano Alessandro Manzoni en su primera redacción de su obra maestra “Los novios”.

Sor Enrica Alfieri sirvió en las cárceles entre 1923 y 1950, periodo que coincide con el régimen fascista y la dominación alemana. De esos años, el purpurado destacó su apoyo a los prisioneros “políticos”, lo que le valió la cárcel a ella misma.

Por su parte, el misionero Clemente Vismara vivió en Birmania entre 1923 y 1988, ganándose el título de “patriarca” de ese país.

Estos tres perfiles de santidad, que han sido beatificados precisamente en el año en que la archidiócesis de Milán celebra el cuarto centenario de la muerte de su patrón, san Carlos Borromeo, son, afirmó el cardenal Tettamanzi, “ejemplos de una santidad construida en la cotidianeidad”.