Prostitución, ¿trabajo legal o esclavitud?

Una oportunidad fallida de defender la dignidad de la mujer

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ROMA, miércoles, 24 octubre 2007 (ZENIT.org).- En algunos países se debate la legalización de la prostitución.



Hungría decidía hace poco legalizarla, al parecer debido en parte al deseo del gobierno de sacar provecho de una actividad que calculan podría generar cerca de mil millones de dólares al año, informaba el 24 de septiembre Associated Press.

Bulgaria, por el contrario, ha dado un paso en la dirección opuesta, invirtiendo un plan para legalizar la prostitución, según el New York Times del 6 de octubre.

«Debemos ser muy decididos al decir que la venta de carne es un crimen», afirmaba Rumen Petkov, ministro del interior, durante un reciente forum sobre tráfico de seres humanos, informaba el artículo. El New York Times comentaba también que el año pasado Finlandia ilegalizó el pagar por sexo con mujeres traídas al país por traficantes, mientras que Noruega planea imponer una prohibición completa a la compra de sexo.

Italia está considerando cómo tratar la extendida práctica de la prostitución en las calles. El ministro del interior, Giuliano Amato, declaró que el gobierno estaba pensando medidas como multar a los clientes, informaba el diario italiano Avvenire el 26 de septiembre.

También se debate sobre la prostitución en Gran Bretaña, donde una nueva serie de televisión, «Belle de Jour», presenta una visión glamorosa de la industria del sexo – una imagen que Emine Saner criticaba con dureza en un artículo publicado el 20 de septiembre en el periódico Guardian.

«De las 80.000 mujeres que trabajan en el sexo en el Reino Unido, la gran mayoría lo hacen porque tienen problemas de drogas o familias que sostener y no tienen ninguna otra forma viable de hacer dinero», comentaba Saner.

Sostenía, además, que dos tercios de las trabajadoras del sexo han sufrido violencia, incluyendo la violación. Los datos del gobierno también revelan que al menos 60 han sido asesinadas en los últimos 10 años.

La articulista del Guardian, Madelaine Bunting, volvía sobre el debate en un artículo publicado el 8 de octubre. Cerca del 90% de las prostitutas quieren dejar su actividad, afirmaba. En una época en que el tráfico del sexo está aumentando como una de las formas más lucrativas del crimen organizado, no necesitamos cuentos de hadas sobre la prostitución, defendía Bunting.

Error australiano
Los países que debaten si legalizar o no la prostitución podrían aprender de lo ocurrido en el estado australiano de Victoria. El gobierno del estado legalizó la prostitución en 1984 y, desde entonces, ha florecido la industria del sexo. Después de 20 años de experiencia, no se han materializado, sin embargo, muchas de las ventajas prometidas, según un libro publicado a principios de este año.

La autora de «Making Sex Work: A Failed Experiment With Legalised Prostitution» (Trabajar en el Sexo: un Experimento Fallido de Legalización de la Prostitución) (Spinifex Press), un examen detallado de la situación en Victoria, es Mary Lucille Sullivan, quien se declara a sí misma «activista feminista».

«El sistema de prostitución legalizada de Victoria consiste en mantener la dominación masculina, la objetificación sexual de las mujeres, y la aprobación cultural de la violencia contra las mujeres», es su tesis.

Normalizar la prostitución, como si simplemente se tratara de una suerte de empleo, ha minado también la igualdad de las mujeres en el puesto de trabajo y contradice otras políticas del gobierno dirigidas a proteger los derechos de las mujeres, acusaba Sullivan.

Con demasiada frecuencia, añadía, las presiones para tratar la prostitución como sólo otro trabajo provienen de una visión neoliberal del libre mercado, que ve a las mujeres y a las chicas como una mercancía. Algunas feministas que han apoyado la legalización de la prostitución, continuaba Sullivan, también están influenciadas por una perspectiva libertaria y un deseo malentendido de establecer los «derechos» de las prostitutas. Por su parte, el estado vio ventajas económicas en la legalización, puesto que podía imponer impuestos a una actividad, hasta ese momento, clandestina e ilegal.

Sullivan explicaba que la legalización en Victoria también fue defendida con la excusa de minimizar el daño a las mujeres implicadas, al traer una regulación formal y protecciones legales a la industria del sexo.

Violencia intrínseca
Esto no ha ocurrido, afirmaba, porque intentar presentar la prostitución como una ocupación que se pondrá bajo el control de normas salud y de seguridad ignora la violencia intrínseca de la prostitución y el hecho de que el acoso sexual y la violación son indistinguibles del producto que compran los clientes.

Por otro lado, la legalización misma ha introducido una nueva serie de consecuencias dañosas para las mujeres, sostiene Sullivan. Entre estas está, irónicamente, una expansión mayor del lado ilegal de la prostitución. De hecho, el fenómeno de la prostitución callejera, lejos de desaparecer con la legalización, ha seguido creciendo en Victoria.

Asimismo, la legalización, lejos de quitar la influencia del crimen organizado, ha dado, por el contrario, más pie al papel de la ilegalidad al introducir mayores incentivos económicos para traficar con mujeres y chicas para burdeles tanto legales como ilegales. Sullivan citaba también a expertos en crimen organizado que alegan que la industria de la prostitución legalizada en Victoria todavía tiene fuertes lazos con la criminalidad clandestina.

Con respecto a este tráfico humano, Sullivan dirige su atención a los estudios internacionales que colocan en miles de millones los beneficios de esta moderna forma de esclavitud. Las estimaciones del número de mujeres y chicas con las que se trafica van de las 700.000 a las 2 millones cada año.

La legalización de la prostitución no ha hecho nada por reducir el tráfico ilegal del sexo, sostiene Sullivan. Además, desde la legalización, sigue siendo un problema la prostitución infantil.

Una industria de millones de dólares
Nos encontramos ahora en una situación, apuntaba Sullivan, en que los medios, las compañías aéreas, los hoteles, la industria turística y los bancos buscan promover y expandir la industria de la prostitución. Además, la legalización ha traído una irrupción de la prostitución en la vida pública.

Según datos citados en el libro, en 1999, la cifra de negocios anual de la prostitución en Victoria alcanzaba los 360 millones de dólares australianos, que al cambio actual serían unos 323,3 millones de dólares. En total en Australia han legalizado la prostitución tres estados y un territorio. Un servicio de información de negocios citado por Sullivan ponía en 1.780 millones de dólares australianos el volumen de negocio en el año fiscal 2004-2005.

En vez de la legalización, Sullivan recomendaba seguir el ejemplo de Suecia, donde la ley criminaliza la compra de servicios sexuales y no penaliza a las mujeres y a los niños. Suecia también ayuda a las mujeres que han sufrido violencia como resultado de la prostitución.

La legalización de la prostitución, concluía Sullivan, constituye un error fundamental puesto que considera un «derecho» del hombre la capacidad de comprar mujeres y chicas para su gratificación sexual. Una vez que esto está hecho, se vuelve mucho más difícil controlar la industria o prevenir la explotación de las mujeres.

Esclavitud
«La prostitución es una forma de esclavitud moderna», comentaba un documento reciente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, publicado el 16 de junio. La publicación, «Directrices para la Pastoral de la Carretera», atrajo la atención de los medios debido a sus diez mandamientos para los conductores, pero su contenido también incluye una sección sobre la prostitución en la calle (Nos. 85-115).

«La explotación sexual de mujeres es claramente una consecuencia de diversos sistemas injustos», comentaba el Pontificio Consejo. Causas como la necesidad de dinero, el uso de la violencia, y el tráfico de seres humanos contribuyen a atrapara a las mujeres en la prostitución.

«Las víctimas de la prostitución son seres humanos, que en muchos casos gritan pidiendo ayuda, que les liberen de la esclavitud, porque vender su propio cuerpo en la calle no es lo que voluntariamente habrían escogido hacer», añadía el documento.

El consejo pidió mayores esfuerzos para liberar a las mujeres de los abusos contra su dignidad humana resultado de la prostitución. Las instituciones católicas, añadía la declaración, han ayudado con frecuencia a las mujeres a escapar de esta situación. Las mujeres necesitan ayuda para poder recuperar su estima y respeto, y para reintegrarse a la vida familiar y comunitaria.

«Los clientes», por otro lado, «necesitan luz sobre el respeto y dignidad de las mujeres, los valores interpersonales y la entera esfera de las relaciones personales y la sexualidad», afirmaba el documento. Los explotadores también necesitan ser iluminados sobre la jerarquía de los valores de la vida y los derechos humanos, recomendaba.

«Comprometerse a diverso nivel –local, nacional e internacional – por la liberación de las prostitutas es por ello un verdadero acto de seguimiento de Jesucristo, una expresión del auténtico amor cristiano», concluía el consejo.


Por el padre John Flynn, L. C.