Prostitución y niños-soldado: la liberación de los esclavos en el Jubileo

Un compromiso que hunde sus raíces en el año santo bíblico

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CIUDAD DEL VATICANO, 9 ene 2001 (ZENIT.org).- La liberación de los nuevos esclavos y oprimidos ha sido una de las dimensiones esenciales de este Jubileo, siguiendo sus más hondas raíces bíblicas recordadas particularmente por el profeta Isaías.



El 2 de enero, el primer jubileo por categoría, dedicado a los niños, comenzó con el signo de la liberación de los más pequeños, los niños-soldado de Sierra Leona, que asistieron al encuentro con Juan Pablo II. Tenían entre seis y catorce años, parecían niños como los demás pero habían vivido ya escenas de violencia increíbles.

No era algo nuevo, pero la iniciativa de monseñor Giorgio Biguzzi, obispo de Makeni, en Sierra Leona, abría para ellos un camino de liberación que ha atravesado todo el Año Santo. La Iglesia no sólo los ha liberado, sino que además ha creado centros para acogerlos en Sierra Leona y para darles educación y formación profesional.

«Estos niños --explicaba entonces monseñor Biguzzi-- han sido secuestrados, arrebatados a sus familias, obligados a empuñar las armas y a disparar. Han experimentado la destrucción y la muerte: queremos estar aquí para experimentar, en cambio, la alegría de estar con los demás y por tanto la esperanza de que el futuro se abra a la vida».

En aquella ocasión, el obispo habló también de la iniciativa «Llamada de Africa-Campaña 2000», un proyecto encaminado a recuperar a los miles de niños-soldado reducidos a la esclavitud en el mundo, a buscar actividades civiles para reintegrar en la sociedad a soldados irregulares que quieren dejar las armas, a presionar a las autoridades para que se declare una moratoria de cinco años sobre las exportaciones de armas a los países africanos y, por último, a pedir a los gobiernos que inviertan en proyectos de desarrollo en Sierra Leona.

Los niños italianos de la Acción Católica entregaron en vísperas de Navidad a Juan Pablo II 700 mil dólares para la liberación de estos niños-soldado.

El 24 de mayo de 2000, tenía lugar otro gesto de liberación jubilar simbólico en la plaza de San Pedro. Esta vez, se trataba de otra nueva esclavitud. «Santo Padre ayúdanos a liberar a las otras 50.000 jóvenes que se prostituyen en las calles italianas. Padre, libéranos, ayúdanos», dijo con lágrimas en los ojos Miriam, de 26 años, ex prostituta nigeriana gravemente enferma de sida.

Cuando acabó se echó en los brazos del Papa, que la consoló y bendijo al acabar la audiencia general en la plaza de San Pedro.

La joven estaba acompañada por el padre Oreste Benzi, desde hace muchos años evangelizador en el sórdido ambiente de la prostitución, y empeñado en la reinserción en la sociedad, o la vuelta a sus países, de miles de jóvenes que vienen al primer mundo engañadas, tras el señuelo de un trabajo y se ven reducidas a la esclavitud, obligadas a venderse en las calles para alimentar a las mafias que trafican con personas.

Varios movimientos y comunidades cristianas, particularmente la Comunidad Juan XXIII, fundada por el mismo padre Benzi, y varias Cáritas nacionales, han hecho de este compromiso jubilar una prioridad.