Proyectos de colaboración Norte-Sur para responder a la globalización

Fórum mundial de iniciativas concretas celebrado en Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, 26 octubre 2003 (ZENIT.org).- Los desafíos de la globalización no se podrán afrontar con la contraposición entre los más favorecidos y los marginados, sino con una concreta colaboración, ha afirmado el Segundo Fórum Mundial Norte-Sur, celebrado entre el jueves y el sábado en Roma.



Con el lema «Una red ética para la economía planetaria», la iniciativa ha sido convocada por el Movimiento Mundial de las Escuelas de Ética y Economía, por la Universidad Pontificia «Regina Apostolorum» y por la Fundación «Ética y Economía» de Roma.

Han adherido al congreso muchos movimientos católicos, entre otros, la Comunidad de San Egidio, el Movimiento de los Focolares, la Compañía de las Obras de Comunión y Liberación, la Fundación Hermana Naturaleza de los Franciscanos de Asís.

Han participado asimismo instituciones de investigación como el Acton Institute de Estados Unidos, Eurispes de Italia, Link Campus University of Malta, o la International Institute Catholic Rural Association.

La síntesis de las sesiones de trabajo se formuló con una frase sumamente repetida en los tres días: «Ni Davos [reunión de representantes políticos y económicos de países industrializados] ni Puerto Alegre [conferencia de movimiento antiglobalización], sino ricos y pobres en torno a una mesa para hablar del derecho de cada uno a gozar de una vida decente».

Al inaugurar las sesiones de trabajo, el padre Paolo Scarafoni L.C., rector del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum», explicó que «la Iglesia católica y los cristianos quieren contribuir al romper el muro alto y macizo que divide al Norte del Sur. Un muro que causa muchos sufrimientos».

El miembro de la Academia Pontificia de Teología, recordó que Juan Pablo II ya pidió la colaboración de todos para abatir este muro antes de que cayera el muro de Berlín.

«Durante el año 2000, el Papa pidió en varias ocasiones a pueblos y gobernantes que den un signo fuerte que demostrara un cambio en la voluntad, una conversión interior. Pero las respuestas han sido pocas, al menos por ahora», aclaró el padre Scarafoni.

El Foro ha servido para ofrecer respuestas concretas en la colaboración entre instituciones y países del norte y del sur para promover un auténtico desarrollo.

El profesor Ulderico Bernardi, por ejemplo, citó el hermanamiento que se ha dado entre las Cajas de Ahorros Italianas y las de Ecuador.

En Italia, las Cajas de Ahorro Cooperativo fueron fundadas por católicos en el siglo XIX con el objetivo de oponerse a la actividad de usureros y de ofrecer medios de inversión a la población más desfavorecida.

Otro ejemplo en el campo del crédito fue ilustrado por Angel Font Vidal, presidente de la Fundación Un Sol Món de la Obra Social de la Caixa Catalunya.

Font ha creado una red de microcrédito destinada a las poblaciones pobres del sur del mundo, así como a las menos favorecidas del norte del planeta.

La fundación Un Sol Món está trabajando en Ecuador, El Salvador, Mozambique y Marruecos, junto a las cooperativas de crédito locales que ofrecen financiación a 50.000 personas.

En América Latina un micro préstamo medio es de 300 dólares (una cantidad parecida en euros). En Mozambique de 100 dólares. Una suma suficiente para abrir una pequeña tienda. En España, sin embargo, la cantidad media que se ofrece en microcrédito es de 6.000 euros, que se pagan en tres o cinco años con un interés del 6%.

Otra idea afrontada en el Fórum fue la «de-tax», presentada por Tullio Chiminazzo, fundador de las escuelas de Ética y Economía.

El proyecto prevé que las empresas destinen el 1% de las propias ganancias a programas de desarrollo en los países más pobres. Algunas empresas del Norte de Italia ya han adherido a la iniciativa con 1.250.000 euros, que han servido para la construcción de pueblos de empresa en Lituania y Madagascar.

En estos proyectos, los trabajadores de los países a los que se ha destinado la ayuda se han formado en empresas italianas, para que fueran ellos los motores de los programas.

En Madagascar, con una inversión mínima, se han abierto ya en este contexto un laboratorio médico, una empresa de fabricación de pan, una empresa de muebles y una de reparación de vehículos.

Estas ideas responden a los desafíos que plantea la globalización, y no las protestas vacías ni mucho menos las violentas, concluyeron los participantes en el foro.