¿Puede haber escuelas confesionales en una sociedad pluralista?

Debate en Gran Bretaña sobre las ayudas públicas a la educación privada

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LONDRES, 20 abril 2002 (ZENIT.org).- Se ha intensificado en Gran Bretaña en los últimos meses el debate sobre la financiación pública de los colegios religiosos privados. Algunos críticos acusan a las así llamadas escuelas confesionales de promover la intolerancia y la división en la sociedad.



Las cuestiones claves son similares a las escuchadas en los debates sobre las becas (bonos escolares) en Estados Unidos. ¿Deben los fondos gubernamentales apoyar las instituciones religiosas? O, ¿la educación laica es más apropiada que la religiosa en un mundo pluralista?

A pesar de sus críticos, las escuelas confesionales siguen siendo populares entre el público en general, si se atiende al menos a la demanda de plazas. Según un reportaje publicado el 23 de noviembre por el Times, hay 160 peticiones en espera por cada nueva aula de clase abierta por la Iglesia de Inglaterra.

Como reacción a esta situación, la Iglesia anglicana anunció que está planeando construir unos 20 colegios más. Otros 20 colegios confesionales, incluidos islámicos, Adventistas del Séptimo Día e instituciones judías, están en construcción, informaba el Times.

En noviembre, el Reino Unido tenía un total de 6.928 colegios confesionales (6.346 de primaria y 582 de secundaria). La mayoría eran anglicanos (4.696), seguidos por los colegios católicos (2.088). Según los datos publicados por el periódico Telegraph el 12 de diciembre, las escuelas primarias anglicanas y católicas representan el 30% del total. Sin embargo, representan el 60% de las 179 escuelas que alcanzaron una puntuación perfecta en los estudios nacionales sobre planes de estudio del último año.

“Academias de Bin Laden”
Las críticas a las escuelas confesionales han sacado a relucir el profundo sentimiento antirreligioso que late en la sociedad laica británica. Uno de los principales críticos es el profesor de Oxford Richard Dawkins. En una carta abierta al gobierno, publicada el 30 de diciembre por el periódico The Observer, Dawkins acusa a los padres de “presunción hereditaria” al querer predeterminar las elecciones religiosas de sus hijos.

Achacaba a los colegios confesionales de estar “segregados” y de ser responsables del afianzamiento del “apartheid mental” porque “en sus escuelas separadas, los niños aprenden por separado creencias mutuamente incompatibles”. Dawkins calificaba estas escuelas como “peligrosas”, y atacaba frontalmente los argumentos de quienes las apoyan. «No creo que sea posible montar una defensa consistente contra mi postura», afirmaba antes de concluir diciendo: “persistir en la financiación de religiones segregadoras en colegios sectarios es una locura obstinada”.

No menos extrema fue la posición tomada por el antiguo ministro laborista de sanidad Frank Dobson, quien, según informaba el periódico The Guardian el 7 de febrero, aseguraba: “los planes de extender las escuelas confesionales pueden crear una horrible sociedad racista al estilo de "La naranja mecánica"» (la violenta y futurista película de Stanley Kubrik, 1971).

Las observaciones de Dobson tuvieron lugar en el momento en que presentó sus enmiendas a la legislación del gobierno que exigía a los nuevos colegios confesionales asegurar que el 25% de sus nuevos ingresos estuviera constituido por aspirantes no religiosos, o seguidores de otras creencias.

Sin embargo, Estelle Morris, secretaria de Educación, no cree que las escuelas confesionales creen segregación, hacía notar el periódico. Por este motivo, en un artículo de The Guardian del día siguiente, Dobson defendía que “el impulso a nuevas escuelas confesionales promovido por el gobierno dividirá en el futuro a los niños y a las comunidades en contra de la preocupación creciente por el debilitamiento de los lazos que mantienen unida nuestra sociedad”.

Los líderes de las asociaciones de profesores de la enseñanza pública son también duros críticos de la educación con fundamentos religiosos. La decisión del gobierno de ofrecer más apoyo a las escuelas confesionales corre el riesgo de establecer “academias de Bin Laden” o “colegios de una ética neomesiánica”, advertía Peter Smith, secretario general de la Asociación de Profesores y Maestros, en un reportaje publicado el 26 de marzo por el Telegraph.

Más oposición surgió durante un encuentro reciente de la National Association of Schoolmasters Union of Women Teachers. Según The Guardian del 5 de abril, los representantes de la segunda asociación más grande de profesores aprobaron una moción que se oponía a la creación de más escuelas de una sola religión porque provocaría “más fragmentación social”.

Valores que ayudarán a la sociedad
Pero los defensores de las escuelas confesionales no se han quedado en silencio. Damien Green, hacía notar en el Telegraph, el 18 de diciembre, que la oposición a estas instituciones ha aumentado después de la publicación de un informe que las acusa de animar las divisiones entre las comunidades asiáticas y blancas y contribuir a las tensiones que condujeron a los disturbios del verano pasado en Gran Bretaña.

Green, sin embargo, dudaba de la validez de las conclusiones del informe. Observaba que la mayoría de las ciudades que fueron testigo de los albortos que involucraba a los jóvenes asiáticos no tienen una escuela musulmana, eliminando la posibilidad de que una educación islámica esté detrás del problema. También señalaba que muchas de las escuelas de la Iglesia están preparadas para acoger a niños “de todas los credos y de ninguno”.

Andrew Wright, en un artículo del 7 de febrero en el New Statesman, acusaba a los opositores a las escuelas confesiones de ignorar hechos importantes. Wright, director del Centro para la Teología, la Religión y la Cultura en el King’s College, de Londres, escribía: “Sus acusaciones de que la religión es una causa primaria de la violencia en el mundo cierran los ojos al hecho de que las peores atrocidades de la anterior centuria --Auschwitz, Dresde, Hiroshima-- se llevaron a cabo en nombre de ideologías laicas”.

Wright pidió una sociedad abierta a las diferencias culturales. Esto no significa que haya que excluir a las escuelas confesionales, sino apoyarlas como parte de “una sociedad madura y genuinamente multicultural donde son bienvenidas las tradiciones de todas las formas y tamaños”.

Las escuelas confesionales son cada vez más importantes en una sociedad donde a menudo las familias son incapaces de transmitir adecuadamente los valores religiosos, en una sociedad más materialista que nunca, explicaba Eric Tope, director del Colegio de Santo Tomás Apóstol, un escuela católica de chicos en Nunhead, al sur de Londres.

Escribiendo en el Times del 4 de abril, Tope comentaba: “Muchos padres buscan nuestras escuelas de la Iglesia con la esperanza de que proporcionen una dimensión espiritual pero también un ambiente que facilite el buen aprendizaje, el comportamiento civilizado y cuidadoso, y la adquisición de una serie de valores que contribuirán a nuestra nueva sociedad que emerge”.

El 19 de marzo el Catholic Education Services, organismo que negocia en nombre de los obispos las materias de educación religiosa, publicaba también una defensa de las escuelas confesionales.

En su declaración, esta institución hacía notar que si los colegios tienen que admitir a más alumnos no católicos, podría ocurrir que pronto dejen de ser instituciones de la Iglesia en sentido estricto. Tal requisito podría forzar también a las escuelas a dar la espalda a muchos estudiantes cuyas familias y parroquias han apoyado financieramente las instituciones.

En cuanto al debate sobre si con estas escuelas los contribuyentes financian la religión, la declaración observaba que “los católicos son contribuyentes como cualquier otro miembro de la sociedad... De hecho, la contribución de la Iglesia a los principales gastos reduce las demandas económicas de dinero público”.

Sobre el problema de las divisiones en el seno de la sociedad, el comunicado precisaba que “los buenos colegios católicos inculcan el respeto y el aprecio de la raza humana”. Además, decía, “las escuelas católicas tienen un probado expediente de éxitos en la educación de inmigrantes y de poblaciones con problemas”.

Quizás el mayor peligro de la intolerancia venga de aquellos que desean negar a la religión cualquier papel en la educación de los niños.