¿Qué diferencia a un religioso de un agente humanitario?

Responde el obispo Diarmuid Martin, experto en doctrina social

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ROMA, 25 enero 2001 (ZENIT.org).- ¿Qué es lo que diferencia a un religioso de cualquier otro agente humanitario comprometido en la lucha por la justicia? Esta es la pregunta a la que respondió el martes pasado el obispo Diarmuid Martin, especialista de la Santa Sede en doctrina social.



Según Martin, el papel de los religiosos consiste en «dar testimonio de valores que trascienden el presente», algo que necesariamente implica evitar un estilo de vida aburguesada.

El prelado irlandés intervino en Roma en el curso de una sesión de estudio sobre la doctrina social de la Iglesia y el papel de los religiosos. El encuentro, organizado por la Comisión Justicia y Paz e Integridad de la Creación, de la Unión de los Superiores Generales y de la Unión Internacional de las Superioras Generales, se realizó en la casa general de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Monseñor Martin ha sido durante quince años secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz El mes pasado ha sido nombrado por el Papa observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra.

En su discurso, precisó que «los religiosos tienen la responsabilidad especial de asegurar que en todos los cristianos llegue a ser una realidad la coherencia entre la fe y el compromiso social».

Los principios de la doctrina social son los siguientes, recordó: «la dignidad de la persona humana», «la persona como protagonista» del desarrollo, «la humanidad concebida como una familia», «el destino universal de los bienes de la creación», «el bien común», «el papel de los gobernantes».

En cuanto al papel específico de los religiosos, «a través de su compromiso en el seguimiento de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, están llamados a ser en el mundo testigos especiales de valores que trascienden el presente, y de los valores del Reino que trascienden todo deseo de poder y de posesión material».

Ahora bien, «la tentación de caer en un modo de vida aburguesado es grande», y para evitar ese riesgo «los religiosos deben cimentarse en los valores del Reino».

Por lo demás, «el testimonio de los religiosos por el Reino, si se vive con radicalidad, les procurará paz interior y esa libertad que permite un servicio desinteresado y lleno de amor».