Qué puede (y debe) hacer la psicología por un católico que necesita su ayuda

Entrevista con Gladys Sweeney, del «Institute for the Psychological Sciences»

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WASHINGTON, miércoles, 19 enero 2005 (ZENIT.org).- Una psicología enraizada en la visión católica de la persona humana está en coherencia tanto con la ciencia como con Dios, afirma en esta entrevista concedida a Zenit Gladys Sweeney, decana del «Institute for the Psychological Sciences».



En su campo, este centro universitario estadounidense se orienta a tender puentes entre ciencia y fe.

--¿Qué soluciones propondría usted a los católicos que padecen depresión u otros trastornos mentales?

--Gladys Sweeney: Frecuentemente la depresión u otras formas de trastorno mental constituyen un obstáculo al libre albedrío. Un tratamiento psicológico eficaz es muy útil, porque busca esencialmente liberar a la persona no sólo para que vea el «bien» de forma más realista, sino también para que sea capaz de elegir el «bien».

Tradicionalmente ha habido una desconfianza mutua entre las ciencias psicológicas y los católicos. La psicología ha tendido a ver la fe como comportamiento supersticioso, mientras que las personas de fe han tendido a ver la psicología como una ciencia innecesaria para ellos. Una suficiente fe debería bastar para ocuparse de todos los problemas, cualesquiera que sean.

Ninguna de las dos posturas refleja la verdad. Una psicología enraizada en la comprensión católica de la persona humana no es sólo verdadera para la ciencia, sino verdadera respecto a Dios. Las ciencias psicológicas tienen mucho que ofrecer a personas cuyo libre albedrío está afectado.

Tomemos por ejemplo el caso de una persona excesivamente escrupulosa. Tal persona podría de hecho padecer «neurosis obsesivo-compulsiva». Este desorden psicológico puede llegar a ser tan grave, si no se trata adecuadamente, que impida a la persona funcionar normalmente.

Personas católicas, buenas y fieles, podrían de hecho dejar la confesión para no sentir que han hecho una confesión inválida por haber olvidado confesar «todos» los pecados. Podrían dejar de comulgar por miedo a estar recibiendo indignamente al Señor. Este desorden es fácilmente diagnosticado y tratado.

Las ciencias psicológicas están al servicio de la Iglesia. Ayudando a esta persona a recuperar un funcionamiento normal, le liberan de la neurosis. Pero la libertad no es sólo una «libertad desde», es también una «libertad para»: una libertad para llegar a ser cristianos mejores y para poderse beneficiar de una vida sacramental.

Planteada la cuestión en términos adecuados, entonces no existe ningún conflicto entre una psicología fundada en una sana antropología y las enseñanzas de la Iglesia. El desafío es encontrar psicólogos adecuadamente formados en esta perspectiva, que respeten los valores religiosos de sus pacientes sin minarlos de ningún modo.

--¿Cuáles son los errores más comunes hoy en el tratamiento de la depresión?

--Gladys Sweeney: Uno de los mayores errores en el tratamiento de la depresión es la noción de que la depresión se alivia «únicamente» a través de la medicación.

Si bien es cierto que el uso de antidepresivos ha ofrecido un tremendo alivio a pacientes que padecen este trastorno, recurrir exclusivamente al tratamiento farmacológico, excluyendo formas más tradicionales de psicoterapia, no es el tratamiento mejor.

Uno de los tratamientos más eficaces contra la depresión es lo que los psicólogos llaman «reestructuración cognitiva». Esta modalidad de tratamiento tiende a reordenar las emociones de acuerdo con la razón.

A menudo, en los casos de depresión, la sensación de desesperanza e impotencia toma control de toda la persona, y el paciente no es capaz de ver la realidad objetivamente. Es como si viera el mundo a través de un cristal oscuro. Una persona deprimida puede «interpretar» un acontecimiento neutro como algo negativo o personalmente ofensivo, cuando en realidad no es así.

El tratamiento consiste en ayudar a la persona deprimida a reestructurar su pensamiento, orientándola a reestructurar sus esquemas distorsionados y negativos. Es entrenada a ordenar las emociones de acuerdo con la razón y a ver las situaciones de forma más objetiva. Se ha demostrado extremadamente eficaz para ayudar a las personas con este diagnóstico.

Es importante observar que a veces las personas deprimidas inicialmente no responden bien a esta terapia. Sobre todo cuando la depresión es severa.

En estos casos el mejor tratamiento es una combinación de medicación y terapia cognitiva. En cualquier caso, la medicación sola raramente es buena solución a largo plazo para el problema.

--¿De qué forma una vida en Cristo --participando en los sacramentos, teniendo oración y procurando dirección espiritual-- ayuda a curar las patologías mentales?

--Gladys Sweeney: La participación en la vida sacramental, la oración y la dirección espiritual son medios para recibir la gracia divina.

La espiritualidad cristiana es vivir en Cristo por la gracia del Espíritu Santo que nos hace crecer en la fe; significa tener una esperanza fundada en la fe y sobre todo en el amor como plenitud de la fe en el camino recto hacia la comunidad de la Santísima Trinidad.

Como la gracia perfecciona la naturaleza, esta espiritualidad es totalmente coherente con la salud psicológica. Pero la salud espiritual y la salud psicológica no son idénticas ni siempre proporcionadas.

Una persona que padece neurosis obsesivo-compulsiva, que no es capaz de confesarse y tal vez ni siquiera de comulgar, necesita tratamiento a fin de poderse valer de los medios con los que recibir la gracia santificante. En cualquier caso, la salud mental, como la salud física, no es una condición necesaria para la santidad.

Una persona que padece ansiedad no necesita ser tratada primero de este desorden para desarrollar las virtudes del valor y la fortaleza o crecer en su confianza en Dios. Ciertamente ayuda, pero no es una condición sine qua non para el crecimiento en las virtudes humanas. Las dificultades que se encuentran al luchar con condiciones psicológicas pueden de hecho servir para favorecer determinadas virtudes, o ser motivo de momentos de mayor gracia y de profundización de la vida espiritual.

Por lo tanto, a menos que los problemas psicológicos de la persona dificulten su participación en la vida sacramental, es de suma importancia que la persona participe activamente en ella, aunque esté en terapia. Es por esto que es tan importante que el terapeuta se dé cuenta de esta necesidad y aliente a la persona a realizarlo.

Los efectos de la acción de la gracia combinados con un sano tratamiento psicológico son muy eficaces para lograr la curación. Cualquier católico que sufra enfermedades mentales deberían seguir recibiendo los sacramentos con frecuencia y respeto, además de mantener una vida de oración habitual y equilibrada.

Un buen director espiritual puede ser muy útil al respecto, proporcionando guía en el camino del crecimiento espiritual. Sea a través de la terapia o de la espiritualidad, es siempre Cristo quien sana.

--¿Por qué es importante que los católicos con problemas de salud mental recurran a terapeutas también católicos?

--Gladys Sweeney: Toda teoría psicológica contiene determinados postulados relativos a la naturaleza y el destino de la persona humana. Hay teorías seculares por naturaleza y a veces abiertamente antirreligiosas. A veces niegan la existencia la libertad humana, las verdades morales, y por lo tanto la realidad del pecado.

Es por lo que el Santo Padre dice en «Reconciliatio et Paenitentia» (n. 18): «Se diluye este sentido del pecado en la sociedad contemporánea también a causa de los equívocos en los que se cae al aceptar ciertos resultados de la ciencia humana. Así, en base a determinadas afirmaciones de la psicología, la preocupación por no culpar o por no poner frenos a la libertad, lleva a no reconocer jamás una falta».

Así que los católicos deben estar muy atentos al recibir la asistencia psicológica o al permitir a las modas psicológicas influir en la propia vida.

Además los psicólogos en general tienden a ver la religión de forma más bien negativa, cosa que crea ulteriores dificultades a los católicos. Durante una psicoterapia es posible que el terapeuta influya en el paciente de maneras sutiles que lentamente minen sus convicciones religiosas.

Con un buen terapeuta católico, en cualquier caso, la fe y la práctica religiosa de los pacientes sería alentada y hasta podrían hablar de cuestiones religiosas durante las sesiones. Tal terapeuta trabaja desde una comprensión auténtica de la persona humana basada en las enseñanzas de la Iglesia y reforzada por elementos psicológicos sanos.

Este tipo de aproximación es absolutamente esencial para cualquier católico que busque ayuda por un problema de salud mental.

--¿Qué recursos ofrece la Iglesia a los miembros de su rebaño que tengan que ver con cuestiones de salud mental?

--Gladys Sweeney: La Iglesia nos ofrece a Cristo, que es la revelación del amor del Padre y es la revelación del hombre al hombre.

Cristo nos revela el sentido de nuestra existencia y la respuesta al anhelo de nuestro corazón. La Iglesia, al darnos a Cristo, nos da lo que más deseamos y en última instancia lo único capaz de satisfacernos.

En este «valle de lágrimas» habrá inevitablemente desilusiones, tragedias y sufrimientos, y todo el tiempo la Iglesia nos orienta más allá de este horizonte, hacia el seno de la Trinidad, donde Cristo está preparado una morada para nosotros. Cristo nos muestra por lo tanto el sentido redentor del sufrimiento. A través de los sacramentos de la Iglesia, encontramos a Cristo y nos renovamos y transformamos continuamente, en la medida en que crece nuestra unión con Él.

En cualquier caso, la Iglesia necesita tener en cuenta la específica función que la ciencia psicológica pueden desempeñar, especialmente si está en manos de terapeutas bien formados y equilibrados que comprendan la enseñanza de la Iglesia sobre la libertad y la dignidad humana.

La colaboración mutua de la ciencia humana y el trabajo pastoral es de suma importancia, y si se realiza en armonía, puede llevar almas a Cristo y promover el establecimiento del Reino de Dios en esta tierra.