«Quienes hablan insistentemente de decadencia no conocen la vida consagrada»

Habla monseñor Gardin, secretario de la Congregación para la Vida Consagrada

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 enero 2007 (ZENIT.org).- «Quienes hablan insistentemente de decadencia no conocen la vida consagrada», asegura el arzobispo Agostino Gardin, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, en una entrevista publicada por la revista española «Vida Religiosa» de los claretianos, publicada este mes de enero.



Monseñor Gardin, de la Orden de los Frailes Menores Conventuales, según informa IVICON, realiza un recorrido por algunos de los temas más actuales de la situación de la Vida Consagrada. El 2 de febrero la Iglesia celebra la Jornada de la Vida Consagrada.

Gardin, que antes de su nombramiento como secretario de la Congregación vaticana para la Vida Consagrada desempeñó los cargos de ministro general de su Orden, y presidente de la Unión de Superiores Generales (USG), destacó en la entrevista la «vitalidad enorme» que posee la Vida Religiosa.

Una vitalidad y una «riqueza» que pone de manifiesto que «quienes hablan insistentemente de decadencia no conocen bien la Vida Consagrada».

La Vida Consagrada «está en camino; mejor aún, siempre lo ha estado», manifiesta monseñor Gardin que califica de «muy positiva» la atención que en los últimos años la Vida Consagrada ha prestado «al carisma propio y a la vuelta a los orígenes» y que ha generado un estímulo a «revisar su modo de ser y de vivir como consagrados».

«Hoy somos más conscientes de que los carismas específicos existen pero son relativos y el hecho de que atraigan más o menos gente es secundario», afirma al abordar la cuestión del descenso vocacional el franciscano italiano que considera que la «vida religiosa está llamada a ser una vida cualitativa. La cuestión cuantitativa ni depende de nosotros ni debe estar en el centro de nuestras preocupaciones.»

A lo largo de la entrevista Gardin destacó también la importancia que se ha de prestar al discernimiento y acompañamiento vocacional en el seno de las comunidades religiosas, pues «invitar a una persona a compartir nuestra vida y después no dar la talla a la hora de acompañarla, de ayudarla a crecer espiritualmente y a discernir, es en el fondo una falta de honradez».