Rabino judío: «Tenemos que entonar el “mea culpa” por la falta de paz»

Habla René Sirat, vicepresidente de la Conferencia de Rabinos de Europa

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MILAN, 27 oct (ZENIT.org).- El rabino francés René Sirat , una autoridad del judaísmo europeo y vicepresidente de la Conferencia de Rabinos del continente, ha venido a Milán para asistir a un encuentro interreligioso. Ha estado presente en una oración común de las religiones en la plaza Sant’Angelo, en la que han participado 30.000 milaneses.



La situación de Jerusalén pesa sobre su corazón como un plomo. En sus declaraciones al diario «Avvenire» habla sobre la religión y la paz.

--Rabino Sirat, ¿qué sentido tiene hablar de diálogo entre las religiones cuando en la tierra de Abraham vuelve dominar el odio?

--Lo que ha sucedido me ha recordado el horror de la Shoah como nunca en 35 años de empeño interreligioso. Estamos todos huérfanos de la paz. Sólo hace un mes estaba convencido de que el acuerdo estuviese a un paso. Los líderes de las religiones, los profetas, no deben hacer política, sino que ya en la Biblia constituían el contrapoder que reprocha sus errores a quien manda y es capaz de hablar de verdad, de justicia y fraternidad. Hoy está en juego nuestra autoridad moral: debemos seguir diciendo que la paz es posible, asumirnos la responsabilidad de una apertura hacia los otros, para que cuando llegue nuestro día ante Dios, y nos pregunte “¿Dónde estabas, qué has hecho?”, podamos responder he actuado y he ahblado a favor de la paz”.

--¿Hay una responsabilidad de las religiones en esta paz que todavía no se anuncia?

--En Camp David estaba casi logrado un acuerdo político, pero se dividieron sobre cuestiones religiosas, como el estatuto de Jersalén y de los lugares santos. Y es aquí domde ha faltado la voz de muchos de nosotros hombres de religión. Somos culpables de muchos fracasos de la paz, hemos pecado por sentido de omnipotencia.

--¿Piensa en un «mea culpa» de las religiones?

--Pienso que debemos actuar concretamente por la paz, evitando tanto el sincretismo como el proselitismo y empeñándonos en una obra educativa que consienta la integración en nuestras sociedades de quien pertenece a otras tradiciones religiosas. Estemos atentos a no construir nuevos ghettos, de eso nosotros los judíos sabemos algo. Y luego hay que reconocer los gestos de los otros. Por mi parte, rindo homenaje al arrepentimiento de los obispos franceses y alemanes y al de Juan Pablo II, en nombre de la entera Iglesia. Los católicos quizá no se dan cuenta de lo que ha significado para nosotros judíos la visita del Papa a la sinagoga de Roma y sus gestos en Jersalén. En cuanto al encuentro de San Egidio en Lisboa el patriarca católico ha pedido perdón por las persecuciones contra los judíos, y a mí, descendiente de judíos expulsados a Africa de la península ibérica hace siglos, me vinieron las lágrimas a los ojos.

--Ante los desafios de la inmigración, la gente se ve obligada a preguntarse de qué pueden servir, para tantos problemas que se abren, cumbres como las vuestras...

--Cuando hombres religiosos se encuentran y hablan de paz y fraternidad, no ponen en juego sólo su persona sino toda la comunidad de la que son jefes espirituales. Hoy nosotros, líderes, tenemos conciencia de nuestra debilidad, que es también la única fuerza de la que disponemos. Tras Asís 86, nuestros encuentros anuales crean verdadera fraternidad.

--El diálogo entre religiones corre el peligro de aplanarse sobre un denominador común muy “mínimo”. ¿Cuáles son las reglas para que en cambio dé resultados concretos?

--Hay tres condiciones. Sobre todo, debemos asumir nuestras responsabilidades hacia la paz. A los políticos luego hay que pedirles que reconozcan no ser capaces de resolver problemas religiosos y que pidan a las religiones que les ayuden a encontrar soluciones. Por último, no deben existir ya partidos religiosos que siguen buscando la paja en el ojo ajeno. Debemos tener el coraje de reconocer las diferencias, de respetarnos: la costumbre de trabajar juntos crea confianza. Aquí en Milán he podido conocer al orador de la mezquita de Damasco y nunca me habría esperado su invitación para un encuentro en una ciudad que es un lugar importante tanto para el Islam como pasa nosotros.