Racismo y nacionalismo agresivo: pecado contra Dios, afirma el Papa

Pide movilización internacional ante la Conferencia de la ONU en Sudáfrica

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CASTEL GANDOLFO, 26 agosto 2001 (ZENIT.org).- El racismo, el nacionalismo agresivo, la violencia étnica, constituyen, según Juan Pablo II, un atentado contra la familia humana y una grave ofensa contra Dios.



El Papa hizo pública su condena este domingo, en su encuentro con varios miles de peregrinos en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, para movilizar a la comunidad internacional de cara a la Conferencia mundial de las Naciones Unidas contra la discriminación racial, que se celebrará de 31 de agosto al 7 de septiembre en Durban, Sudáfrica.

«También en esa sede la Iglesia elevará con vigor su voz en defensa de los derechos fundamentales del hombre, arraigados en su dignidad de ser creado a imagen y semejanza de Dios», prometió el obispo de Roma.

Una amenaza siempre actual
«En estas últimas décadas --añadió--, caracterizadas por el desarrollo de la globalización y marcadas por el resurgimiento preocupante de nacionalismos agresivos, de violencia étnica e incluso por fenómenos de discriminación racial, con frecuencia la dignidad humana ha sido seriamente amenazada».

Por este motivo, continuó diciendo, «toda conciencia recta no puede dejar de condenar decididamente el racismo en todo corazón o sede en que se anide».

«Por desgracia --aclaró--, emerge con formas siempre nuevas e inesperadas, ofendiendo y degradando a la familia humana. El racismo es un pecado que constituye una grave ofensa contra Dios».

Cultura de la acogida
Juan Pablo II invitó a la comunidad internacional a «contraponer el racismo con una cultura de recíproca acogida, reconociendo en todo hombre y mujer a un hermano o hermana con quien hay que recorrer los caminos de la solidaridad y de la paz».

«La Iglesia pretende continuar con su esfuerzo en este ámbito y pide a todos los creyentes su propia contribución responsable de conversión del corazón, de sensibilización y de formación», concluyó el Papa. «Para alcanzar este objetivo, en primer lugar se necesita la oración», aclaró.

Con este motivo, el mismo pontífice anunció que el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, organismo de la Santa Sede, ha elaborado una nueva edición del documento publicado a petición suya en 1988, titulado «La Iglesia ante el racismo. Por una sociedad más fraterna».