Ratzinger la clonación humana, más peligrosa que las armas de destrucción masiva

En un debate en el Centro de Orientación Política de Roma

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ROMA, miércoles, 27 octubre 2004 (ZENIT.org).- La clonación humana es más peligrosa que las armas de destrucción masiva, reconoce el cardenal Joseph Ratzinger.



«El hombre es capaz de producir en laboratorio otro hombre que por tanto no es ya don de Dios o de la naturaleza. Se puede fabricar y, lo mismo que se fabrica, se puede destruir», considera el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Por tanto, añadió, si este es el poder del hombre, entonces «se está convirtiendo en una amenaza más peligrosa que las armas de destrucción masiva».

El purpurado alemán hizo estas declaraciones en Roma el 25 de octubre, durante un debate con Ernesto Galli della Loggia, profesor de Historia de las Doctrinas Políticas y editorialista del «Corriere della Sera».

El cardenal expresó juicios severos también respecto a un laicismo totalitario del que se constatan signos en la Unión Europea, afirmando que «el puro positivismo de los derechos humanos es quizá suficiente para una Constitución pero no lo es para nuestro debate cultural».

Porque se trata de un positivismo que lleva al relativismo. Y, si este último «se hace absoluto, llega a ser contradictorio en sí mismo y destruye el actuar humano».

«Se ha dicho que la Constitución europea no podía hablar de las raíces judeocristianas para no ofender al Islam. Pero lo que ofende al Islam es el desprecio de Dios, la arrogancia de la razón que provoca el fundamentalismo», añadió.

Europa es el continente de las luces, de la fuerza de la razón, recordó el cardenal, «y es un don que hay que defender. Pero también los laicistas deberían saber aceptar la espina dorsal de su propia carne».

Ratzinger distinguió entre laicismo y razón: «El laicismo es una ideología parcial, que no puede responder a los desafíos decisivos para el hombre. Baste pensar en los daños producidos por el comunismo o por el desarraigo del tejido moral de los antepasados en los pueblos africanos, víctimas de la guerra y del sida».

Y «la razón no es enemiga de la fe, al contrario. El problema es cuando hay desprecio de Dios y de lo sacro».

Sobre la libertad, Ratzinger afirmó que hoy se entiende en sentido individualista, mientras que «el hombre es creado para convivir. Hay una libertad compartida que garantiza a todos la libertad contra la absolutización de la misma».

Galli della Loggia coincidió con la preocupación de Ratzinger sobre el camino emprendido por Europa. Según el historiador, la falta de atención europea a las raíces cristianas deriva de una «hostilidad al catolicismo».

Respecto a la libertad compartida, Galli della Loggia subrayó que «no se puede quedar en una libertad delimitada sólo por el ‘neminem laedere’ [no hacer daño al otro, ndr.], sino que en el discurso público hace falta una tensión hacia la verdad, un debate sobre las cosas, sobre lo que es verdadero y justo que no comporta necesariamente que se deba adoptar por ley una de las opiniones puesta sobre el tapete».

El encuentro fue organizado por el Centro de Orientación Política, fundado en otoño de 1999 por iniciativa de Gaetano Rebecchini, consejero del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El objetivo del Centro es estimular la reflexión y la profundización cultural sobre diversos grandes temas del debate contemporáneo: ética y democracia, comunicación y globalización, multiculturalidad e identidad cristiana, democracia y mercado, proceso de unificación europea y relaciones con Estados Unidos.