Religión, terror y paz

El cardenal Martino reflexiona sobre el papel de la fe

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SINGAPUR, martes, 11 julio 2006 (ZENIT.org).- El papel de la religión en la promoción de la paz y en ayudar a derrotar el terrorismo ha sido el tema de un discurso reciente del cardenal Renato Martino, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y para la pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.



Dio este discurso la pasada semana, como enviado de Benedicto XVI para celebrar el 25 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Singapur.

Pronunciado el 22 de junio, se titulaba: «El Papel de las Religiones en la Promoción de la Paz y la Solidaridad y la Denuncia del Terrorismo».

El cardenal Martino observaba la variedad de elementos culturales y religiosos presentes en Singapur.

La religión, indicaba, «nunca debe convertirse en un pretexto para motivar el conflicto, el odio y la violencia». Agregó que el sentimiento religiosos verdadero puede ser verdaderamente un fuerte antídoto contra los conflictos.

«En esta perspectiva, los individuos y las comunidades religiosas deben manifestar de modo claro un completo y radical rechazo de la violencia, de toda violencia, comenzando con la violencia que se envuelve a sí misma en el manto de la religión, incluso apelando al santo nombre de Dios mientras comete atentados contra la humanidad».

Ningún fin religioso, insistía el cardenal, puede justificar la práctica de un hombre cometiendo violencia contra otro hombre.

El representante de Su Santidad recordó el ejemplo del Papa Juan Pablo II.

El anterior Pontífice invitaba a los creyentes a cultivar el diálogo, creyendo que es un útil medio para disipar la desconfianza y los malentendidos. También nos invitaba a reconocer los dones de las diferentes culturas y tradicionales.

Promover el diálogo

Estas enseñanzas son muy útiles para afrontar los actuales problemas, observaba el cardenal Martino. Invitaba a los creyentes de religiones diversas a emprender el diálogo dentro del contexto de la promoción de la justicia y la solidaridad. También es necesario que los creyentes sean conscientes de las profundas heridas de los conflictos étnicos y sociales, de la violencia y de la guerra, y de la falta de respeto por los derechos.

El mensaje de Jesús, continuaba el cardenal, nos invita a valorar lo que compartimos en común y lo que nos une.

El diálogo entre creyentes también es necesario para superar los peligros del fundamentalismo religioso, afirmaba el cardenal. «Al igual que en el recientemente terminado siglo XX ciertos conceptos ideológicos corrompieron la verdad de la política, de igual forma el poder de los hombres sobre otros hombres amenaza hoy con explotar las religiones, desfigurando profundamente su verdad intrínseca».

Otro grave peligro, hoy más que nunca, es el del terrorismo, ahora que se ha ido transformando de actos aislados de extremistas individuales en una sofisticada red con acceso a grandes recursos financieros. El terrorismo es «inaceptable de la forma más absoluta», indicaba de forma inequívoca el cardenal. Se basa en el desprecio de la vida humana y utiliza a las personas como medios para lograr un fin.

Además al matar víctimas inocentes, el terrorismo conduce al aislamiento, a la desconfianza y a la cerrazón de mente, que a su vez fomenta el odio. Esto lleva a un círculo vicioso donde la violencia engendra más violencia.

El terrorismo es también un ataque contra la dignidad humana, añadía el cardenal Martino, y un ataque contra toda la humanidad. Por esta razón hay un derecho a la defensa contra el terrorismo. También recomendaba la cooperación internacional con la atención puesta en resolver los problemas que pueden alimentar el terrorismo. «El reclutamiento de terroristas, de hecho, es más fácil de lograr en contextos sociales donde se siembra el odio, los derechos son pisoteados, y en situaciones donde se han tolerado injusticias por mucho tiempo».

Rechazar el fundamentalismo

El cardenal volvió al tema del fundamentalismo religioso.

Observó que, en el mensaje para el Día Mundial de la Paz de este año, Benedicto XVI advertía de que en la raíz del terrorismo solemos encontrar el fundamentalismo o el nihilismo.

El fundamentalismo es la creencia de que uno está en la completa posesión de la verdad, de forma que puede imponerla por la fuerza. «La verdad, sin embargo, debe buscarse continuamente, sólo puede ser contemplada y nunca poseída, porque Dios es la verdad».

Además, todo auténtico creyente sabe que la verdad es más grande que el mismo creyente. «Por esta razón, es una profanación y una blasfemia proclamarse a uno mismo terrorista en nombre de Dios, matar o infligir violencia a la gente en nombre de Dios».

Ninguna religión, subrayaba el cardenal, puede tolerar el terrorismo, y mucho menos predicarlo. Esto es particularmente verdad para las grandes religiones monoteístas en las que está la fe en Dios, Creador de la humanidad.

El terror es también contrario al concepto de Dios que cuida y ama a las personas, y a la idea de Dios como padre de todos los hombres y mujeres.

Para los cristianos el terror es contrario a la fe en Cristo, enviado del Padre, que dijo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado, así es como debéis amaros unos a otros» (Juan 13, 34).

El cardenal animó por tanto a los cristianos y creyentes de otras religiones monoteístas a trabajar juntos para difundir una mayor conciencia de la unidad de la raza humana. Esto debería hacerse enseñando que la dignidad de la persona humana es grande a los ojos de Dios, y la violencia nunca puede llevarse a cabo en nombre de quien es amor.

También invitó a esforzarse para enseñar que no hay conexión entre terrorismo y religión.

Esto se puede respaldar por medio de un renovado compromiso por el diálogo ecuménico e interreligioso y la cooperación, llevados a cabo en el espíritu del entendimiento, el respeto y la confianza mutuos. «Existe el derecho a defenderse contra el terrorismo, pero no debemos olvidar que la verdadera defensa contra el terrorismo se encuentra en el orden espiritual y cultural».

La paz, afirmaba el cardenal, es el resultado de un orden justo en las relaciones entre los seres humanos, sin importar su color, cultura o clase social. También viene cuando se respetan los derechos humanos fundamentales y cuando las personas cumplen su deber hacia los demás. La paz requiere también la cooperación sincera, la responsabilidad, y una sociedad construida sobre la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

La perspectiva anglicana

El papel de la religión en la paz y en el conflicto ha sido examinado recientemente por el obispo anglicano Michael Nazir-Ali. De origen pakistaní, con una familia formada por cristianos y musulmanes, Nazir-Ali es el actual obispo de Rochester, Inglaterra.

En su libro, «Convicción y Conflicto: Islam, Cristianismo y el Orden Mundial», (Continuum, 2006), el prelado anglicano admitía que las creencias religiosas han sido, y todavía son, un poderoso ingrediente en muchos conflictos.

La religión puede ir por un mal camino, en el sentido de estimular los conflictos pero, aclaraba, igual ocurre con otras realidades humanas fundamentales como el amor o el patriotismo, debido a los efectos del pecado en nuestra naturaleza humana. En el lado positivo, los cristianos suelen estar en la vanguardia del diálogo y la promoción de la paz.

Nazir-Ali también sostenía que es incorrecto concebir la religión como una influencia puramente negativa en su relación con el estado. Los grandes códigos morales, tales como los diez mandamientos, han contribuido mucho a la formación de los diferentes códigos legales de las diversas civilizaciones.

Y la democracia ha florecido en países con una base cristiana.

No obstante, hay temas preocupantes en cuanto al Islam, como la financiación por algunos estados de grupos extremistas, y el uso de conceptos como la Jihad para justificar los conflictos. La presencia de líderes radicales islámicos dentro de Inglaterra ha sido también causa de problemas.

Frente a tales problemas, el obispo de Rochester invitaba al islam y al cristianismo a entablar el diálogo. También recomendaba promover los intercambios culturales, y proporcionar la ayuda económica que reduzca el número de pobres y desempleados que son explotados por los extremistas.

Según parece, la religión será una parte importante de la solución a los problemas actuales de violencia y terrorismo.