Religiosa brasilera muerta en los 90 será beatificada este domingo

La hermana Dulce, conocida como el “ángel bueno de Brasil”

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SALVADOR DE BAHÍA, jueves 19 de mayo de 2011 (ZENIT.org) Fue postulada al Premio nobel de la Paz en 1988 por el gobierno de su país. Recibió dos visitas de Juan Pablo II en 1980 y 1991, un año antes de su muerte.

La hermana Dulce Lopes Pontes, será beatificada este domingo en Salvador de Bahía, nordeste de Brasil, en una ceremonia celebrada por su arzobispo emérito, el cardenal Geraldo Majella Agnelo, en representación del Papa Benedicto XVI.

“Cada santo es un ejemplo de Cristo”, dijo el purpurado al enterarse de su beatificación. “Como fue en el caso de la hermana Dulce, quien se dedicó diariamente a lo largo de su vida a los pobres y sufrientes”, aseguró.

Por su trabajo incansable con los pobres, mendigos y desamparados el periódico Estado de Sao Pablo la nombró la mujer más admirada de la historia de Brasil.

Sensibilidad hacia los más necesitados

Su nombre de pila era María Rita. Nació en 1914. Tenía seis años cuando murió su madre y sus tías se encargaron de su crianza. A la edad de 13 años una de ellas la llevó a conocer las áreas más pobres de su ciudad, hecho que le despertó una gran sensibilidad. Así, a los 18 años entró a formar parte de la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de Madre de Dios, donde comenzó a llamarse hermana Dulce.

Una de sus inspiraciones para el discernimiento de su vocación fue la vida de santa Teresita del Niño Jesús: “Creo que soy como el pequeño amor de mi pequeño corazón, que por más amor que tenga es poco para un Dios tan grande”, escribía la hermana Dulce cuando ingresó al convento.

“A ejemplo de santa Teresita, creo que deben ser agradables al Niño Jesús todos los actos pequeños de amor por menores que sean”, dijo aquella vez.

Amor hecho obras

Sus pequeños actos de amor, se tradujeron en grandes obras sociales: La hermana Dulce fundó la unión de trabajadores de San Francisco, un movimiento cristiano de obreros en Bahía. 

Luego comenzó a refugiar personas enfermas en casas abandonadas en una isla de Salvador de Bahía. Después fueron desalojados y ella trasladó este lugar de refugio a un antiguo mercado de pescado, pero el Ayuntamiento la obligó a dejar este lugar. 

El único sitio donde podía recibir a más de 70 personas que necesitaban asistencia médica fue el gallinero del convento donde vivía. Este se convirtió rápidamente en un hospital improvisado. 

Así comenzó la historia de otra de sus fundaciones: el hospital San Antonio, el cual fue inaugurado oficialmente en mayo de 1959 con 150 camas. Actualmente recibe 3.000 pacientes cada día.

Hoy sus fundaciones se conocen con el nombre de Obras Sociales de la Hermana Dulce, y las siglas OSID (Obras Sociais Irmã Dulce, en portugués). Funciona como una entidad privada de caridad bajo las leyes brasileñas, acreditadas por el Estado federal y registradas por el Consejo Nacional de Bienestar y el Ministerio de Educación. 

Dentro de estas obras también se encuentra el Centro de Educación de San Antonio, ubicado en la región de Simões Filho, también en el estado de Bahía.

En sus últimos 30 años de vida, la salud de la hermana Dulce estaba muy debilitada. Sólo tenía el 30% de la capacidad respiratoria. En 1990 ésta comenzó a empeorar, y por 16 meses permaneció hospitalizada. Allí recibió la visita del hoy beato Juan Pablo II con quien había tenido una audiencia privada diez años antes.

Luego fue trasladada al convento de San Antonio donde murió el 13 de marzo de 1992. Miles hombres y mujeres en condiciones de extrema pobreza, se congregaron para darle el último adiós ante sus restos mortales. 

El año pasado su cuerpo fue trasladado a la Iglesia de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, donde se descubrió que había permanecido incorrupto de manera natural.

El milagro para su beatificación ocurrió en 2001 cuando Cláudia Cristiane Santos, hoy con 42 años, sobrevivió de una hemorragia incontrolable luego de haber dado a luz. El sangrado no cesaba a pesar de que le habían hecho tres cirugías. Los médicos habían perdido toda esperanza de que sobreviviera y cuando sus familiares pidieron la intercesión de la hermana Dulce, en una cadena de oración liderada por el padre José Almí de Menezes, ésta paró de manera inmediata. 

Este hecho fue la confirmación de una vida virtuosa, centrada en la oración y la caridad desde las cosas pequeñas que este domingo llega a los altares. “El amor supera todos los obstáculos, todos los sacrificios”, decía la hermana Dulce.

Por Carmen Elena Villa