Religiosas mártires de Bosnia Herzegovina, beatificadas este sábado

Asesinadas en 1941, pertenecían al Instituto de las Hijas de la Divina Caridad

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SARAJEVO, lunes 26 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Conocidas como las mártires de Dirna, cinco religiosas de la Divina Caridad que fueron asesinadas por las milicias nacionalistas de Serbia durante la Segunda Guerra Mundial, fueron beatificadas el sábado 24 de septiembre en Vrhbosna - Sarajevo, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato SDB, en representación del Papa Benedicto XVI.

Ellas son Jula Ivanišević, croata, que era la superiora de la comunidad ubicada en Pale; Krizina Bojanc y Antonija Fabjan, provenientes de Eslovenia, la austríaca Berchmana Leidenix, la mayor del grupo con 76 años, y Bernadeta Banja, húngara, la más joven, con 29 años.

“Nuestras mártires de Drina lo mostraron a través de sus vidas, aún podemos aprenderlo – amar a Dios y a los demás y permanecer fieles a Él por medio del sacrificio de nuestras vidas, especialmente en la vivencia de nuestros votos tal y como los prometimos”, escribió en diciembre pasado la superiora general Lucyna Mroczek, FDC al hacerse pública la noticia de la beatificación de las religiosas.

Hasta dar la vida

Vivían en una población llamada Pale, ubicada al suroeste de Sarajevo y que hoy cuenta con 30.000 habitantes. Allí tenían una comunidad, llamada la Casa de María en la que se dedicaban al cuidado de los enfermos, y a alimentar a los niños huérfanos de la Casa del Niño, un orfanato que pertenecía al Estado. También daban socorro y medicina a todos los pobres y mendigos que venían de la montaña de Romanija.

En 1941, después de la rendición de Yugoslavia ante los nazis, el ejército de los chetniks, bajo la idea de la creación de un gran estado serbio, quería expulsar a todos los grupos minoritarios de su territorio, incluyendo los religiosos.

Muchos aconsejaron a estas hermanas huir a un lugar seguro. Pero ellas rechazaron la propuesta: “No les hemos hecho nada malo a esta gente”, decían las hermanas. “Sólo hemos hecho el bien sin tener en cuenta su credo, nacionalidad. Debemos permanecer aquí con ellos, y apoyarlos en este momento difícil”, insistieron.

En una nevada mañana, el 11 de diciembre de 1941, los chetniks rodearon la Casa de María. Antonija recibió un disparo. Además de ella, estaban presentes en ese momento Berchmana, Bernadeta y Krizina junto con el sacerdote católico Franc Ksaver Meško.

La hermana Jula, por su parte, se encontraba por fuera haciendo algunas compras. Al regresar se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, y a pesar del peligro que corría, decidió entrar para acompañar a sus hermanas. Los oficiales del ejército se sorprendieron al verla pues pensaron que escaparía.

Ellos, amenazándolas con revolver, las obligaron a dejar la casa sin ponerse ningún abrigo, pese al intenso frío que hacía afuera. Caminaron durante cuatro días y cuatro noches a Gorade a través de las montañas de Romanija. Todas excepto la hermana Berchmana, quien por su edad fue separada del grupo.

Llegaron el 15 de diciembre de 1941. Los soldados les obligaron a renunciar a sus votos pero ellas se negaron a hacerlo. Ellos les dieron un tiempo para reconsiderar su decisión. Luego regresaron borrachos, quisieron abusar de ellas, les rasgaron sus ropas y comenzaron a golpearlas. Las hermanas se desataron de los brazos de los agresores diciendo “Jesús, sálvanos” y saltaron por las ventanas. Los chetniks corrieron frente a los cuarteles y vieron que estaban todavía vivas pero muy lastimadas. Comenzaron a acuchillarlas una a una hasta que murieron. Sus cuerpos fueron arrojados al río Drina.

Por su parte la hermana Berchmana permaneció en Sjetlina cerca de diez días y luego le concedieron la libertad. Se fue en un carro a Gorade junto con otros aldeanos, supuestamente a ver a sus hermanas, pues no sabía que habían muerto; pero al ver que tenía un rosario en el cuello, la asesinaron el 23 de diciembre de 1941.

“Este año, la alegría del nacimiento de Cristo se mezcla con la ansiedad por las noticias sobre nuestras hermanas desaparecidas”, escribía superiora general de las hermanas de la Divina Caridad, Lujza Reif, antes de conocerse la noticia del asesinato de las religiosas.

El 13 de febrero de 1942 llegó un informe militar del puesto de mando de Vojna Krajina, que confirmó el asesinato.

“Las hermanas quedaron afectadas por un profundo dolor por sus 'mejores hermanas'”, dice la página oficial de su beatificación. “Pero al mismo tiempo, ellas dieron ejemplo de perseverancia y fidelidad. Por su muerte, la Iglesia católica se enriquece con cinco vírgenes mártires, y la Congregación de las hijas de la Divina Caridad se enriquece por cinco intercesoras en el cielo”.

Por Carmen Elena Villa