Renovar la «vida espiritual» para renovar la vida religiosa

Objetivo de la Instrucción vaticana para los consagrados

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CIUDAD DEL VATICANO, 16 junio 2002 (ZENIT.org).- La instrucción que la Santa Sede publicó el viernes pasado sobre la vida religiosa busca renovar la «vida espiritual» de los consagrados.



Lo confirma el padre Eusebio Hernández, jefe de Oficina de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, en un comentario publicado por «L’Osservatore Romano» a la Instrucción de ese organismo vaticano: «Partir nuevamente de Cristo», redactado por (Cf. Zenit, 14 de junio de 2002).


«Todo el documento gira armónicamente en torno a este valor --escribe el p. Hernández--. Se recogen las preguntas y las aspiraciones que las personas consagradas experimentan en las diferentes partes del mundo y se señalan posibles caminos de respuesta».

En su conjunto, aclara, «podemos afirmar que la Instrucción presenta un cuadro de la situación actual de la vida consagrada y del camino de renovación que se está realizando en las comunidades, bajo las orientaciones del reciente jubileo».

«El documento se dirige a todos los consagrados y consagradas que viven su donación según las diversas formas y modos de vida elegidos y en las diversas situaciones de edad y de salud en las cuales se encuentran», explica el religioso.

La Instrucción «invita a los consagrados y las consagradas a apartar los ojos de las dificultades, pruebas y problemas cotidianos y a tener el valor de confiar solamente en Dios y de abandonarse a su amor, para dar comienzo al nuevo milenio bajo el signo de la esperanza en el Espíritu y de la presencia viva de la caridad de Cristo en medio de los hombres».

El Documento termina con una invitación a mirar con esperanza y con un amor exigente a los religiosos jóvenes.

La vida consagrada siente «verdadera necesidad de jóvenes audaces que, dejándose configurar por el Padre con la fuerza del Espíritu y transformándose en personas cristiformes, ofrezcan a todos un claro y alegre testimonio de su acogida específica del misterio de Cristo y de la peculiar espiritualidad del propio Instituto», dice citando el número 46.