Representante del Vaticano recuerda la doctrina sobre las armas nucleares

Afirma que un mundo sin armas nucleares es posible

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KANSAS CITY, miércoles 27 de julio de 2011 (ZENIT.org).- “Un mundo sin armas nucleares no es sólo posible, se ha convertido en algo urgente”, dijo el representante del Vaticano en las Naciones Unidas.

El arzobispo Francis Chullikatt hizo esta afirmación hace dos semanas, no en la sede de la ONU en Nueva York sino en Kansas City. Fue invitado por la Oficina diocesana de Derechos Humanos para dar una visión general de la doctrina de la Iglesia sobre las armas nucleares.

Su discurso formó parte del compromiso diocesano de educar al público sobre la Doctrina de la Iglesia en esta materia, esfuerzos que responde a un proyecto para construir una planta de armas nucleares en Kansas City. El largo discurso planteó la historia de la posición de la Iglesia en la materia de armas nucleares.

“Se está prestando una nueva atención al problema sin resolver de las 20.000 armas nucleares localizadas en 111 lugares de 14 países”, dijo el prelado. “Más de la mitad de la población mundial vive en un país que tiene armas nucleares. Cada año, las naciones se gastan 100 billones de dólares en mantener y modernizar sus arsenales nucleares”.

“El uso indiscriminado y los devastadores efectos de las armas nucleares han llevado a la Iglesia a aborrecer cualquier uso de armas nucleares”, añadió.

Disuasión

Monseñor Chulikatt consideró inicialmente la política de armas nucleares masivas usadas como prevención.

El prelado de 58 años de edad, nacido en India, dijo que los padres del Concilio Vaticano II, a pesar de abogar por una prohibición universal contra la guerra, “con la comprensión que tenían en ese momento, parecieron aceptar a regañadientes la estrategia de la disuasión nuclear. La acumulación de armas, dijeron, sirve como una disuasión ante un posible ataque enemigo”.

El Papa Juan Pablo II aclaró en 1982, en un discurso a las Naciones Unidas que la “'disuasión' basada en el equilibrio, no como un fin en sí mismo sino como un paso hacia el desarme progresivo, podría ser juzgado como moralmente aceptable”

“Esta declaración dejó claro que la disuasión nuclear durante los años de la Guerra Fría sólo podía ser aceptable si conducía a un desarme progresivo. Lo que se pretendía por tanto no era la disuasión nuclear como una política única y permanente”, destacó monseñor Chulikatt. “Esta es la principal cuestión de la disuasión: la aceptación moral de la Iglesia estuvo siempre condicionada por el avance hacia su eliminación”.

Después de la Guerra Fría

A raíz de la Guerra Fría, la presión internacional aumentó para detener la proliferación de armas nucleares. Los esfuerzos de la Iglesia también aumentaron, centrándose “en el reto que hemos considerado como la institucionalización de la disuasión”, dijo el prelado. “La disuasión no estaba siendo considerada como una medida provisional. Todo lo contrario, los estados con armas nucleares comenzaron a buscar una ventaja nuclear, manteniendo que las armas nucleares eran fundamentales para sus doctrinas de seguridad”.

Tal erala situación que en 2005 cuando las naciones se reunieron para revisar el Tratado de No-Proliferación, dicho tratado estaba al borde del colapso, comentó monseñor Chulikatt. Los compromisos de desarmen fueron ignorados y “el mismo concepto de la eliminación fue rechazado de plano por los estados con armas nucleares”.

La Santa Sede reiteró su posición de que la disuasión nunca fue aceptada como medida permanente y fue tolerada sólo como “un paso en el camino hacia el desarme nuclear progresivo”, dijo. El siguiente año, en el mensaje de Benedicto XVI para el Día Mundial de la Paz, el Papa recordó que “en una guerra nuclear no habría vencedores, sólo víctimas”.

El Santo Padre observó también que el dinero gastado en la manutención y el desarrollo nuclear de los arsenales supera ampliamente el que se dedica a asistir a los pueblos.

“Con las necesidades en desarrollo en todo el mundo que sobrepasan los recursos dedicados a satisfacerlas, la idea de destinar cientos de billones de dólares adicionales a los arsenales nucleares de todo el mundo es cuanto menos pecaminoso”, dijo monseñor Chulikatt. “Es el más absurdo extravío de prioridades y que realmente constituye un gran 'robo' a los pobres que el Concilio Vaticano II condenó hace ya tiempo”.

El representante del Vaticano citó al Santo Padre, que ha pedido “las negociaciones para un desmantelamiento progresivo y de mutuo acuerdo de las armas nucleares” y el año pasado pidió a los delegados en la Conferencia de Revisión del Tratado de No-Proliferación a “superar las cargas de la historia”.

“A partir de esta doctrina, la Iglesia ha dejado su cada vez mayor aversión a las armas nucleares”, afirmó el arzobispo.

“El derecho internacional y los Principios Justos de la Guerra de la Iglesia han reconocido siempre que la limitación y la proporcionalidad deben ser respetados en la guerra”, explicó. “Pero el mismo objetivo del arma nuclear es matar masivamente; el asesinato y la radiación venenosa no puede ser contenida -Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl son permanentes y siniestros recordatorios. Las consecuencias sociales y económicas de una guerra nuclear en un mundo cuyo soporte vital está íntimamente interconectado serían catastróficas”.

Llegar a ninguna parte

Monseñor Chulikatt pidió un mayor esfuerzo en la eliminación de las armas nucleares.

Se lamentó que “las negociaciones integrales solicitadas por el Tribunal Internacional de Justicia no han comenzado. El tratado START entre los Estados Unidos y Rusia sólo hace pequeñas reducciones y deja intacto un amplio arsenal nuclear por ambas partes, con muchas armas nucleares manteniendo un constante estado de alerta”.

El prelado destacó como el secretario general hizo un llamamiento por una nueva convención o por un reforzamiento mutuo de instrumentos para eliminar las armas nucleares, apoyado por una verificación fuerte.

“La Santa Sede apoya este plan”, dijo, “y aboga firmemente por la transparencia, el desarme verificable, desarme nuclear global e irreversible y para abordar seriamente la cuestión de las armas nucleares estratégicas, las tácticas y los medios de desarrollo. La Iglesia permanece totalmente comprometida en los esfuerzos de ambos para detener la proliferación y avanzar en un acuerdo internacional vinculante, o una marco de acuerdos, para eliminar los arsenales existentes bajo la supervisión de una efectiva verificación internacional”.

“Visto desde un punto de vista jurídico, legal político de seguridad y más que nada -moral-, no hay justificación ninguna para el continuo mantenimiento de armas nucleares”, declaró el arzobispo . “Este es el momento de comenzar a dirigir de manera sistemática los requisitos para un mundo libre de armas nucleares”.

El representante de la Santa Sede dijo que era urgente comenzar a preparar una convención o marco de acuerdos encaminado a la eliminación de las armas nucleares.

Simplemente inaceptable

Monseñor Chullikatt declaró una verdad simple sobre las armas nucleares: “Siendo armas de destrucción masiva por su misma naturaleza no pueden cumplir con las leyes internacionales que prohíben el infringir un daño indiscriminado y desproporcionado. Ni pueden cumplir con las rigurosas reglas de la moral de los principios de la guerra justa en el uso de la fuerza.

No es sólo que el uso de armas nucleares este prohibido por ley, dijo, también la amenaza de su uso.

“Es ilegal amenazar con un ataque que sería ilegal en sí mismo”, aclaró. “Esta norma ilegaliza los signos específicos del intento de usar armas nucleares si las demandas no se cumplen. También hace ilegales políticas generales de la llamada disuasión al declarar su disposición a recurrir a las armas nucleares cuando los intereses vitales están en juego”.

Desde que la amenaza o el uso de armas nucleares es ilegal, entonces la legalidad de la misma posesión está en tela de juicio, continuó.

“El Tratado de No-Proliferación Nuclear prohíbe la adquisición de armas nucleares para la amplia mayoría de los estados. En conformidad con el principio de buena fe, no puede ser legal continuar indefinidamente con la posesión de armas cuyo uso o amenaza de uso es ilegal, o prohibida ya por muchos estados, y que son objeto de una obligación de eliminación”, dijo.

Enfoque integral

El representante de la Santa Sede observó que cada vez está más claro que se necesita un enfoque integral para dirigir el desarme nuclear.

“La Santa Sede cree que es necesario que haya un acuerdo conjunto de etapas en un compromiso coherente para eliminar las armas nucleares y fases claramente definidas para un desarme cada vez mayor”, dijo.

“Sólo la expresión de un intento visible de construir una base legal global para la sistemática eliminación de todas las armas nucleares es suficiente. No puede ser considerado moralmente suficiente bajar los stocks de las armas nucleares superfluas mientras se sigue invirtiendo grandes sumas de dinero para asegurar la producción futura y su mantenimiento. El curso actual de los acontecimientos asegurará la perpetuación indefinida de estas armas”.

El prelado reiteró la declaración de la Santa Sede de 1997: “Si las armas biológicas, químicas y las minas terrestres pueden ser eliminadas, también las armas nucleares”.

“Este, dijo, es el reto actual de la comunidad internacional. Este es el desafío de la Iglesia de hoy y es el desafío al que se enfrentan todas las personas de buena voluntad, creyentes o no, por igual”.

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]