Representante vaticano: La familia migrante puede y debe ser misionera

Habla monseñor Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes

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CIUDAD DE MÉXICO, viernes, 16 enero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Las numerosas familias emigrantes de países católicos que buscan en otras naciones un futuro mejor constituyen una oportunidad misionera extraordinaria para anunciar el mensaje del Evangelio en sociedades en las que está ausente, considera un representante de la Santa Sede.

El arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, comenta en exclusiva para ZENIT-El Observador en el marco del VI Encuentro Mundial de la Familias que se realiza en México, la oportunidad histórica que se abre ante la Iglesia en el mundo globalizado.

Monseñor Marchetto, de 68 años, habla por experiencia, pues ha sido nuncio en Madagascar, Islas Mauricio, Tanzania, Bielorrusia, y ha colaborado con el Papa en la Secretaría de Estado. Es, además, uno de los mayores expertos del mundo sobre el Concilio Vaticano II, al que ha dedicado un libro de referencia.

Colabora con Juan Pablo II y Benedicto XVI como secretario del Consejo vaticano desde el año 2001.

--En su conferencia, usted mostró cómo el migrante es un potencial misionero, capaz de compartir su fe a los lugares donde llega. ¿No es algo utópico?

--Monseñor Agostino Marchetto: Los emigrantes están llevando a un mundo secularizado un brotar de fe, esperanza y caridad. Muchas Iglesias en Europa, por ejemplo, se alegran de la presencia de los migrantes, porque es vida que llega. Tienen una fe que en Europa no es tan fuerte, no tan calurosa y es verdad que el genio cultural de los migrantes ayuda en las celebraciones. Yo soy testigo de esta capacidad que ellos tienen de dar vida a nuestras comunidades, de ser testigos del Evangelio, testigos de Jesucristo.

--Sin embargo, lo que para las comunidades receptoras, en el ámbito de la fe, es una ganancia, para las familias del migrante, las que se quedan en sus pueblos, este movimiento entraña una pérdida. Incluso en el mismo terreno de la fe, muchos migrantes acaban renunciando a ella y adoptando otra.

--Monseñor Agostino Marchetto: Es una de las grandes cuestiones que la migración lleva consigo, la disolución de las familias, en muchos casos, es una gran lástima. Hay que decir que esta convicción de pérdida estaba presente en la Iglesia desde comienzos del siglo pasado, por eso la Iglesia no animaba a ir como emigrantes al extranjero.

Es verdad que la migración es un fenómeno estructural y que no se puede anular este movimiento, que es parte de mundo de hoy, de las necesidades económicas, de los países que tienen una vejez bastante notable. Hay que hacer todo lo que se pueda para evitar el daño y aprovechar lo que se pueda por obtener cosas buenas de este fenómeno.

--En el mundo de las migraciones los Estados Unidos representan un paradigma, ¿Cómo contempla esta realidad?

--Monseñor Agostino Marchetto: Debemos decir que en Estados Unidos la emigración es un fenómeno muy grande y que el fenómeno también tiene aspectos de irregularidad; por esta razón comprendo que los gobernantes de Estados Unidos tienen dificultades ante este fenómeno. Espero vivamente que la entrada del nuevo presidente, por la manera en que encaró este problema en el pasado, pueda llevar a una comprensión de la situación de millones de emigrantes irregulares y especialmente en el trato que se debe tener con ellos, en el respeto de sus derechos humanos y también en lo que toca a los lugares donde son detenidos a fin de que haya posibilidad de visitarlos. Hace falta atención por los menores que no pueden ser tratados como los adultos; así como por las madres que tienen hijos pequeños. Toda esta cuestión de derechos tiene que ser pensada en los efectos antihumanos que lleva consigo.

--¿Qué opina de la actuación de los obispos de Estados Unidos y México frente a la migración?

--Monseñor Agostino Marchetto: Alabo a los obispos de los Estados Unidos por sus actitudes muy valientes en relación a este fenómeno y también a los obispos mexicanos por todo el dialogo que han promovido entre ellos para encarar esta realidad de la mejor manera, desde un punto de vista eclesial.

Como comunidad cristiana tenemos la instrucción Erga migrantes caritas Christi, que es una guía que puede ayudar a comprender muchas cosas referentes a la migración y a dar animo a las iglesias locales para que hagan lo que deben hacer en relación a la defensa de los migrantes y de su cuidado pastoral.

Por Gilberto Hernández