Representantes del Camino Neocatecumenal en el Congreso de la familia

Intervención de los esposos Giovanni y Annamaria Stirati

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CIUDAD DE MÉXICO, viernes, 16 enero 2008 (ZENIT.org).- Presentamos el texto de la intervención de los esposos Giovanni y Annamaria Stirati, representantes del Camino Neocatecumenal, durante la mesa redonda celebrada el 14 de enero sobre "Organismos que ayudan a la familia en la formación de valores".

 



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El proceso actual de secularización ha llevado a muchos a abandonar la fe y la Iglesia .

Hay que preguntarse hacia qué tipo de familia está yendo nuestra sociedad. El divorcio, el aborto y las técnicas de fecundación artificial, y el reconocimiento del derecho a la procreación o a la adopción por parte de parejas homosexuales han oscurecido de hecho el significado y el sentido de la conyugalidad y de la procreación. Ha aparecido así un nuevo tipo de familia que presenta, como expresión de libertad y de progreso, una dilatación de los roles parentales y una disociación entre paternidad y maternidad genéticas y sociales.

De ahí resultan graves problemas para la pareja (herido el derecho de los cónyuges de convertirse en padres el uno a través del otro; cada vez son más frecuentes las peticiones de reconocimiento de la paternidad) y graves problemas para los hijos (hijos de dos/tres mujeres y/o de dos padres; se niega el derecho a conocer los propios orígenes o de crecer con dos padres de sexo distinto para construir la propia identidad personal, sexual y social).

Así resulta evidente que, para que la familia pueda volver a ser formadora de valores humanos y cristianos, es indispensable que ella misma sea nuevamente evangelizada. Tras el primer anuncio del kerigma, que sana existencialmente, es necesario un camino que favorezca una curación moral.

El Neocatecumenado, vivido en pequeñas comunidades, representa un itinerario catecumenal post-bautismal que permite redescubrir y vivir lo que significa ser cristianos adultos.

La reciente aprobación definitiva de los estatutos del Camino Neocatecumenal ha confirmado la validez de este instrumento pastoral al servicio de los obispos en las parroquias, para devolver a la fe a tantas familias que la habían abandonado.

La inspiración que la Virgen María ha dado al camino Neocatecumenal ha sido la de "hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza, donde el otro es Cristo". De hecho, la pequeña comunidad cristiana salva a la familia.

En el transcurso del Camino neocatecumenal asume particular importancia la pastoral matrimonial y familiar.

Las encíclicas Humanae Vitae y Evangelium Vitae, la exhortación apostólica Familiaris Consortio y los recientes documentos del Consejo Pontificio para la Familia han sido objeto de estudio y reflexión, pero sobre todo de renovado anuncio de la plenitud de la vida cristiana en el ámbito de una nueva cultura de la vida en nuestro mundo secularizado, donde domina la cultura de la muerte que se consolida en concretas "estructuras de pecado" (EV, 24).

La reconstrucción de la familia

La pastoral familiar se basa en una síntesis teológico-catequética que es parte fundamental de la formación de los hermanos del Camino Neocatecumenal.

En esta reconstrucción de la vida cristiana se presentan tres altares. El primer altar es la mesa eucarística, donde Cristo se nos ofrece para que podamos pasar de la muerte a la vida. Sobre este altar se hace un sacrificio (sacrum facere), una bendición, un sacrificium laudis.

El segundo altar de la familia cristiana es la mesa familiar. También sobre ella se hace un sacrificium laudis a Dios que, ofreciendo el alimento, muestra Su amor por nosotros.

El tercer altar es el tálamo  nupcial, donde, a través de la recíproca donación de los esposos, se realiza el sacramento del matrimonio. Gran misterio es este: que sean dos en una sola carne. Existe de hecho un misterio en la naturaleza, que tiene eco en la Sagrada Escritura: todo lo que rodea a la vida está rodeado de santidad porque Dios es la vida. El acto sexual es sagrado, porque a través de él se da la vida a otro ser humano, se colabora con Dios en el dar la vida.

Hoy la amenaza más grande se dirige contra el sacramento del matrimonio como tal, a través de la separación del acto unitivo y el acto procreativo.

Según nuestra experiencia muchas parejas sufren mucho porque no realizan rectamente el acto matrimonial. A menudo abrumados por una continua catequesis anticristiana, buscan en el matrimonio sólo la satisfacción sexual, y poniendo una barrera a la procreación, falsifican el lenguaje del cuerpo. Esto es fuente de muchísimas insatisfacciones, tanto de tipo sexual como afectivo, ya que la pareja pierde inmediatamente fuerza, al dejar de ser sostenida por la gracia de Jesucristo.

Ayudar a las parejas con dificultades en el matrimonio significa sobre todo anunciar de nuevo a los cónyuges la verdad y la fuerza del sacramento para ayudarles a celebrar el acto sexual (dijo Juan Pablo II en un memorable discurso: "¿A qué hombre hablamos? ¿Al hombre que está bajo el poder del pecado o al hombre que ha sido liberado por Jesucristo?) Así el tálamo nupcial vuelve a ser verdaderamente un altar para un sacrificium laudis en el abandono en la voluntad de Dios, que cuidará de sus hijos y los ayudará en sus debilidades.

Recuperar la plenitud del sacramento significa recuperar a Cristo que se entrega a su Iglesia y la Iglesia que se entrega a Cristo. Son dos, pero una sola carne. Aparecen la unidad de Dios y la comunión a través de la unión física. Reuniendo el acto unitivo con el acto procreativo, se recupera el lenguaje del cuerpo en la donación recíproca. Los cónyuges son de nuevo colaboradores de Dios para la posibilidad de una nueva vida. De esta forma reciben la plenitud del acto sacramental, junto con la fuerza para soportar las dificultades de la vida conyugal y de la educación de los hijos.

La educación de los hijos en los valores humanos y cristianos

En el Camino Neocatecumenal la educación en los valores humanos y cristianos se lleva a cabo en la familia, sobre todo a través de la transmisión de la fe en una liturgia doméstica de celebración dominical de los laudes que reúne, durante todo el año, a toda la familia en torno a la Palabra de Dios. El esquema de la celebración es muy sencillo: tras la proclamación de los salmos, el padre lee un pasaje de la historia de la salvación que sea fácilmente comprensible para los niños y luego dialoga con los más pequeños, y usando un lenguaje apropiado a su edad, les ayuda a actualizar en sus vidas la Palabra escuchada.

La invitación a dar la experiencia de su propia vida respecto a la Palabra proclamada se dirige sobre todo a los hijos más mayores y, finalmente, a los demás participantes. Generalmente la participación es muy rica y a menudo profundamente existencial. El padre guía este dialogo con sabiduría y amor y, concluyendo, da su propia experiencia y aprovecha la ocasión para transmitir la fe a los hijos.

Finalmente, tras las oraciones universales y las oraciones espontáneas, se recita el Padre Nuestro, se da la paz y los padres bendicen a sus hijos imponiéndoles las manos sobre la cabeza.

La experiencia de muchos años ha demostrado que este encuentro dominical padres-hijos a la luz de la Palabra de Dios representa en el mundo actual profundamente secularizado el lugar privilegiado de un diálogo, a menudo imposible de otra forma, sobre los problemas más serios de la existencia, como la sexualidad, las relaciones afectivas, el matrimonio, el trabajo, las relaciones con los amigos, la obediencia a los padres, la política, la relación con el dinero, la aceptación de la precariedad, el sufrimiento, la vejez y la muerte. En el ámbito familiar estos problemas se ignoran a menudo. O peor, se banalizan o distorsionan, en clave profundamente anticristiana, por parte tanto de la escuela como de la televisión y de internet. Estos medios representan hoy, aunque no lo aparenten, la parte más relevante de la información-formación de los jóvenes.

El diálogo con los hijos se convierte en particularmente delicado cuando se afronta el tema de la verdad y del significado de la sexualidad. Los niños y adolescentes, guiados con sabiduría y prudencia, exponen sus experiencias y reciben de los padres una interpretación cristiana de estas realidades. El valor de estas interpretaciones funda su base experiencial en el camino de fe de los propios padres, iluminado por el magisterio de la Iglesia. La Iglesia de hecho, revelando al hombre su más profunda vocación al amor y al don de sí mismo, puede ser así presentada en su verdadera luz, contra las interpretaciones y los prejuicios de muchas de la opinión pública, que la consideran enemiga de la modernidad y de la libertad.

Dirigimos finalmente una particular atención a cuanto los adolescentes puedan recibir en el ámbito de la escuela, donde se presentan a menudo métodos de la llamada "educación sexual" que hieren el pudor y la sensibilidad de los chicos. Precisamente por haber advertido este riesgo desde hace tiempo, educamos a nuestros hijos a la objeción de conciencia (con salida de la clase) ante toda forma de educación sexual contraria a la Revelación.

La formación de los hijos en la evangelización. Las vocaciones.

La pareja que, recorriendo el Camino Neocatecumenal, está redescubirnedo las inmensas riquezas del bautismo, advierte la imperiosa exhortación de san Pablo: Caritas Christi urget nos. Se percibe como fundamental el primado de la evangelización. Han surgido así las familias en misión en todo el mundo, y, recientemente las familias para la "missio ad gentes" en zonas de grandes ciudades, de Europa y de otros continentes, zonas casi totalmente descristianizadas, en las que el 50%-90% de los niños no es bautizado y los adultos están totalmente ausentes de la parroquia.

En cada una de estas ciudades se ha constituido una nueva comunidad neocatecumenal, formada por 3 de estas familias, cada una con 8-10 hijos, algunos de los cuales adultos y a su vez casados y con hijos. Todas las familias han encontrado vivienda y trabajo en sus nuevas residencias y desarrollan una intensa actividad de evangelización.

Es finalmente obligado recordar los miles de vocaciones de jóvenes (chicos y chicas) a la vida religiosa. En estos casos, al papel fundamental de la vivencia personal del Camino Neocatecumenal, se añade la presencia activa, aunque discreta, de la familia.

Conclusiones

En conclusión, nuestra sociedad está desestructurando a la familia: en los tiempos (ritmos de trabajo y horarios escolares) en los componentes (parejas de hecho, divorcio, etc.), en los modos de vivir, pero sobre todo a través de una cultura que nos rodea, contraria a los valores del Evangelio. El Camino Neocatecumenal, mientras sostiene con la gracia de la comunidad cristiana a las familias que forman parte de él, está proponiendo a la Iglesia nuevas formas de difícil, pero entusiasmante evangelización.

Estamos contentos de poder colaborar, desde hace ya muchos años, con el Consejo Pontificio para la Familia. Queremos expresar nuestra gratitud al Santo Padre Benedicto XVI, al Presidente del PCF, cardenal Antonelli y al arzobispo de Ciudad de México, cardenal Rivera  que nos acoge con amor.

Oramos a la Virgen María, la humilde de Nazaret, para que nos ayude a ejercer cib humildad nuestro ministerio y nos proteja a todos.