Revelaciones de los archivos vaticanos sobre Pío XI y los regímenes nazi y fascista

Entrevista al profesor Matteo Luigi Napolitano

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ROMA, lunes, 2 octubre 2006 (ZENIT.org).- Desde el 18 de septiembre, los historiadores pueden estudiar los documentos relativos al pontificado de Pío XI (1922-1939) del Archivo Secreto Vaticano. Se trata de «millones de cartas», subdivididas en treinta mil carpetas, sobres y fascículos.



Para tener una idea de la cantidad de material puesto a disposición de los historiadores, baste decir que hay 59 volúmenes de índices sólo para el inmenso fondo de la primera sección de la Secretaría de Estado.

El pontificado de Pío XI (Achille Ratti) se entrelaza con los años dramáticos de la persecución de la Iglesia católica en México y España, con la llegada del fascismo y el nazismo, y sigue a la expansión del régimen comunista soviético en Europa.

Además, como reveló el prefecto del Archivo Vaticano, el barnabita Sergio Pagano, en una entrevista publicada en el diario «Avvenire» (19 de septiembre de 2006), están a disposición de los estudiosos los apuntes de las audiencias de Pío XI con los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, recogidos personalmente por el secretario de Estado, el cardenal Eugenio Pacelli (futuro Pío XII), desde agosto de 1930 hasta la muerte del Papa Achille Ratti, el 10 de febrero de 1939.

Para empezar a valorar cómo esta apertura ayudará a la investigación de la verdad histórica, y cuáles son los primeros descubrimientos relativos al pontificado de Pío XI, Zenit ha entrevistado a Matteo Luigi Napolitano, profesor asociado de la Universidad del Molise y delegado de la Comisión Pontificia de Ciencias Históricas ante la Comisión Internacional para la Historia de la Segunda Guerra Mundial.

--Desde el punto de vista histórico, ¿qué importancia tiene la apertura de los archivos vaticanos del periodo del pontificado de Pío XI?

--Matteo Luigi Napolitano: La apertura de los archivos, la máxima posible, en general es siempre el gran deseo de los historiadores. En especial las relaciones internacionales de la Santa Sede pueden documentarse también basándose en archivos diversos del Vaticano. Es lo que sucede con el pontificado de Pío XI: el valioso trabajo realizado por los expertos del Ministerio de Exteriores de Italia, en los años ochenta, bajo la guía del profesor Pietro Pastorelli, nos ha permitido acceder a una enorme cantidad de material relativo a la relación entre la Santa Sede y la Italia fascista. El trabajo de análogas comisiones en el exterior y la publicación de colecciones diplomáticas, ha aumentado nuestro conocimiento de muchos otros aspectos de la diplomacia del Papa Ratti.

Pero la apertura de los papeles del Archivo Secreto Vaticano representa un enorme enriquecimiento, no sólo por la importancia en sí, que no necesita ser explicada, sino también porque sólo en los documentos vaticanos es posible captar las dinámicas internas de la Santa Sede, especialmente en los grandes momentos de cambio del mundo contemporáneo en los que el Vaticano se encontró implicado.

--A pesar de la evidente oposición a Hitler de Pío XI y de su secretario de Estado, Eugenio Pacelli, algunos sostienen todavía que el Vaticano tuvo una cierta benevolencia respecto a la Alemania nazi. Vayamos a los concreto. ¿Qué dicen los documentos sobre la visita de Hitler a Roma el 2 de mayo de 1938? ¿Cómo se comportó la Santa Sede?

--Matteo Luigi Napolitano: De las investigaciones del padre Giovanni Sale sobre los archivos abiertos en 2003, se deduce que ni Pío XI ni Pío XII fueron los «Papas de Hitler». Los papeles ahora disponibles amplían el horizonte sobre el pontificado de Ratti y precisan dos aspectos que ya se conocían desde hace tiempo:

En primer lugar, se documenta la crítica del Vaticano a un Mussolini pasivo imitador de Hitler.

En segundo lugar, se registra la preocupación ante el aplastamiento de Italia provocado por la política alemana, no sólo con motivo de la cuestión racial, sino más ampliamente como elección de alineación cargada de consecuencias peligrosas.

La visita de Hitler del 2 de mayo de 1938 a la que usted alude es, en este sentido, sintomática. El Vaticano no ve con buenos ojos la llegada a Roma del canciller alemán; la partida del Papa a Castel Gandolfo y su alusión a la otra cruz que se alzaba sobre Roma, que no era la de Cristo, es sólo un ejemplo de una trama más amplia de los acontecimientos que se devanan: la controversia sobre los adornos de las calles, sobre el recorrido que debe seguir Hitler; las instrucciones al episcopado y a los religiosos italianos para que no participen en manifestaciones de homenaje a Hitler; el miedo de que el Eje se transforme en alianza.

Pero también se registra la convicción de los fascistas de que la postura antinazi del Vaticano no sólo compromete los intentos de moderar las iras nazis contra la Iglesia alemana, sino que acaba en último término favoreciendo a los «frentes populares», y en concreto a los «bolcheviques» y «masones» franceses, con los que con esta postura la Santa Sede parece estar de acuerdo.

--¿Cuál es su valoración sobre lo que dicen los documentos de Pío XI?

Matteo Luigi Napolitano: Los proclives a la polémica podrían tener ahora la tentación de volver a lanzar acusaciones, según las cuales, el Vaticano tuvo un «Papa de Hitler» y un «Papa de Mussolini» y quizá también un «Papa de Franco». Pero la polémica y la ignorancia a veces están relacionadas. Lo demuestra un reciente artículo de John Cornwell (el autor del controvertido libro «El Papa de Hitler») en la revista británica «The Tablet» de 23 de septiembre pasado, en el que escribe que la nueva apertura de los archivos vaticanos del periodo 1922-1939 «es un acontecimiento importante para todo investigador interesado en las relaciones de la Santa Sede con la Alemania nazi».

Cornwell demuestra por tanto no saber que los documentos vaticanos sobre el periodo 1922-1939 relativos a las relaciones germano-vaticanas se abrieron en febrero de 2003. ¡Este es un ejemplo de pretendido «experto» que lleva tres años de retraso con respecto a la historia!

Para volver a cosas más serias, el de Pío XI fue ciertamente un gran pontificado, incluso en la manera en que afrontó los asuntos internacionales, junto a su principal colaborador, el cardenal Eugenio Pacelli. Existen ya (y otras vendrán) las pruebas de las reservas del Papa Ratti y del cardenal Pacelli ante los fenómenos nacionalistas exasperados como el hitleriano. No me sorprendería también encontrar pruebas documentales que desmientan la vieja teoría de que el Vaticano fue blando respecto al nazismo e inflexible con el comunismo.

Gracias a algunos documentos, se puede percibir ya, por ejemplo, el juicio de los fascistas sobre Pío XI: Mussolini veía al Papa siempre demasiado alineado contra la Alemania nazi y demasiado tolerante hacia los bolcheviques. Pero será posible un juicio más detallado sólo una vez que se complete el examen de la documentación existente.

--¿Cómo son las relaciones entre Pío XI y su secretario de Estado, el cardenal Pacelli?

--Matteo Luigi Napolitano: Me limitaría por ahora a constatar lo que dicen los otros archivos. En el archivo del Ministerio de Exteriores de Italia hay un perfil de posibles «papables», preparado por monseñor Enrico Pucci en preparación del cónclave y entregado --quizá-- al embajador italiano en el Vaticano, Pignatti Morano di Custoza.

En el perfil relativo al futuro Pío XII, se lee lo que sigue: «En cambio, aparece cada vez más claro que el candidato preferido de Pío XI para una eventual sucesión es el cardenal Pacelli. Pío XI, sobre todo últimamente, no ha perdido nunca la ocasión de manifestar, incluso en los discursos públicos, las cualidades de su inmediato colaborador y de darle muestras de su predilección...».

El documento fue publicado por el profesor Mario Casella en 2000. Los documentos vaticanos (y pienso en especial en el «Diario» de las audiencias redactado por Pacelli) confirmarán sin duda esta relación privilegiada entre el Papa y su más estrecho colaborador. Más allá de las diferencias personales, por tanto, ni Pío XI ni su sucesor fueron «Papas de Hitler o Mussolini».