Rusia: las mejores condiciones que jamás hayan existido para la nueva evangelización

Entrevista al párroco de San Juan Bautista en San Petersburgo: El problema a veces somos nosotros

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Por H. Sergio Mora

ROMA, lunes 10 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Las condiciones para la evangelización desde el punto de vista civil son las mejores que hayan existido jamás, aunque los católicos puedan sentir presiones por parte del entorno social. Pero la presión que realmente bloquea su hacer en la actual Federación Rusa es la de algunos ambientes católicos que piensan que Rusia es especial, y allí no debe ponerse en práctica el llamamiento del Sínodo de los Obispos a la Nueva Evangelización.

Lo indicó pocos días atrás el sacerdote Otets Aleksandr Burgos, de origen español, párroco de San Juan Bautista en Pushkin, en San Petesburgo, y vicario parroquial de Santa Teresa de Lisieux en Komi (República al norte de Rusia europea, cercana a los Urales) en una entrevista a ZENIT, después de un encuentro informal con periodistas en Roma, que a continuación les proponemos.

¿Cómo se vive hoy en Rusia?

--Padre Aleksandr Burgos: Rusia es un país fantástico al que es muy fácil amar por su profunda belleza en tantos ámbitos de la vida diaria y también por la dureza de la vida de sus habitantes. Además hoy en Rusia desde el punto de vista económico se vive notablemente mejor que diez años atrás, cuando yo llegué.

¿Qué religiones y en qué proporción existen hoy allí?

--Padre Aleksandr Burgos: No existen estadísticas seguras sobre las religiones en Rusia. Las encuestas señalan que entre un 60 y un 70% de la población se considera ortodoxa, aunque la práctica religiosa es muy baja. Los datos de afluencia a la Navidad de 2008 en Moscú son significativos porque tenemos dos fuentes: El Ministerio del Interior --cuyos policías estuvieron a la puerta de todas las iglesias- estimó que la participación había sido de un 2%. El Patriarcado de Moscú contestó diciendo que un 7%. En todo caso, un porcentaje por desgracia muy bajo.

Pueden también dar una idea los datos sobre las organizaciones religiosas oficialmente registradas. Ortodoxas hay doce mil. Los musulmanes son la segunda religión, con cuatro mil organizaciones. Los católicos, los judíos y los viejos creyentes tenemos alrededor de 250. Lo asombroso son los datos protestantes, que denotan un fuerte crecimiento real en los últimos veinte años: cuatro mil organizaciones registradas en todo el país.

¿La gente se considera ortodoxa?

--Padre Aleksandr Burgos: Una buena mayoría de la gente se considera ortodoxa. Es algo muy metido desde siempre en la conciencia nacional rusa y alentado por el actual gobierno de Putin, que entiende que la ortodoxia puede contribuir grandemente a dar identidad al país. Que la gente se considere ortodoxa, es decir cristiana, después del periodo ateo, es algo muy positivo, una noticia para dar gracias a Dios. El problema es que las encuestas dan un menor número de creyentes que de ortodoxos. Eso significa que en este momento para muchos el ser ortodoxo es por desgracia algo más de tipo político-cultural que religioso. No hay que olvidar, por otra parte, el fuerte crecimiento del protestantismo.

¿Cuáles son los datos actuales de los católicos en Rusia?

--Padre Aleksandr Burgos: Los católicos en Rusia son el 1% de la población, distribuidos en 230 parroquias, con unos 350 sacerdotes. Antes de la revolución bolchevique eran muchos más. En algunos lugares, como en la entonces capital, San Petersburgo, llegaban a ser el 7%. Una foto símbolo de esta realidad es la de la procesión del Corpus de 1918, donde se ve cómo una enorme marea de fieles avanza por la avenida Nevski, la avenida principal de la ciudad: eran cuarenta mil fieles. En los últimos años el catolicismo ruso gracias al trabajo serio y callado de tantas personas se está asentando desde el punto de vista estructural.

¿Cuáles son las perspectivas para el catolicismo?

--Padre Aleksandr Burgos: Cuando en toda la Iglesia católica aumenta la conciencia de que es necesario colaborar en la evangelización de un país, esa evangelización crece. En el siglo XX el cristianismo pasó en África de un 0,5% de la población al 60%, de los cuales más de la la mitad católicos, porque toda la Iglesia se puso manos a la obra. Yo rezo para que la Iglesia católica se de cuenta de que Rusia la necesita porque sola no es capaz de salir de la herencia tremenda del período de ateísmo más terrible de la historia del mundo. La Iglesia ortodoxa hace lo que puede pero no es suficiente. Si se quiere reevangelizar realmente el país tiene que ser la Iglesia entera, la Iglesia universal la que colabore.

¿O sea lo que pidió la Virgen de Fátima?

--Padre Aleksandr Burgos: Sí, es en cierto sentido lo que la Virgen indicó en Fátima cuando pidió que el santo padre con todos los obispos del mundo hicieran la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Pero no basta con un acto de consagración. De algún modo cada obispo de la Iglesia universal debería sentir que la Virgen le ha encomendado a él personalmente la nueva evangelización de Rusia. Cuando esto ocurra el catolicismo ruso crecerá mucho y eso será un gran bien para el país. Podremos ayudar como hacemos en todo el mundo con la creación de escuelas, de hospitales, de centros de evangelización...

Pero a veces se oye que la práctica de la fe es mayor en Rusia que en occidente...

--Padre Aleksandr Burgos: En el siglo XX la crisis de fe ha sido muy fuerte tanto en Rusia con la persecución comunista como en Occidente con la secularización. En Rusia la práctica de la fe crece, pero todavía están muy lejos de nosotros, a pesar de nuestra crisis. Las iglesias de Madrid y de Roma están muchísimo más llenas que las de Moscú y San Petersburgo. No hay que olvidar tampoco que todavía hoy hay zonas en la Rusia europea donde hay que recorrer más de 40 kilómetros para encontrar una iglesia abierta. Un acontecimiento como la última Jornada Mundial de la Juventud con dos millones de jóvenes es impensable en el mundo postsoviético.

Además aquí estuvo el Vaticano II

--Padre Aleksandr Burgos: El Concilio Vaticano II fue un gran don para toda la Iglesia, que nos ha dotado de instrumentos teológicos valiosísimos que nos permiten ser al mismo tiempo abiertos a los demás y fieles a lo nuestro. Por ejemplo, nosotros podemos sin problemas reconocer la santidad de los santos rusos y sostener que el catolicismo tiene una plenitud eclesial que la ortodoxia no alcanza. Ellos sin embargo a veces tienen problemas para ser flexibles, es decir fieles a la ortodoxia y abiertos al catolicismo. Sorprende, por ejemplo, las críticas ortodoxas a santos tan grandes como Francisco de Asís o Teresa de Jesús. Por otro lado, en Occidente han existido algunas interpretaciones torcidas del Concilio que en lo teórico han privado a la misión católica de fundamento doctrinal y en la práctica han considerado todo apostolado católico en Rusia como proselitismo desleal.

¿Eso significa que a veces hay dificultades para el trabajo que realizan los católicos, verdad?

--Padre Aleksandr Burgos: En Rusia tenemos más libertad para actuar que la que ha habido en los últimos mil años. Hace poco tiempo se han firmado relaciones plenas entre la Federación Rusa y la Santa Sede. Pero ciertamente existen presiones y dificultades. En 2002 cuando Juan Pablo II renovó las diócesis católicas, se produjo un momento de tensión y la expulsión de un obispo y varios sacerdotes, acompañada por diversos controles. La tensión se solucionó con una comisión católico-ortodoxa para estudiar los casos del --a mi entender- mal llamado “proselitismo católico” en Rusia. Hoy en día sería de desear que ese grupo de trabajo conjunto profundizara su actividad convirtiéndose en una mesa ecuménica que alentara la evangelización que llevamos a cabo en Rusia tanto católicos como ortodoxos.

¿O sea se registraron casos de protesta por parte de los ortodoxos?

--Padre Aleksandr Burgos: Sí, en aquellos años se registraron protestas fuertes que es mejor olvidar. De todos modos el problema de la Iglesia católica en Rusia no es la Iglesia ortodoxa que muchas veces nos presiona pero a veces también nos ayuda y con la que nos unen lazos de profunda amistad y lógicas tensiones. El problema fundamental es la asombrosa idea que existe en algunos ambientes del mundo católico postconciliar de que sólo los ortodoxos tienen derecho a evangelizar en Rusia.

¿Según usted, por qué existe esa concepción de que Rusia es sólo de los ortodoxos?

--Padre Aleksandr Burgos: A mi me parece que esa idea proviene de un gran desconocimiento de la misma realidad rusa. Se piensa en Rusia proyectando lo que uno sabe de la historia de su propio país, por ejemplo España o Italia, suponiendo que Rusia ha sido ortodoxa como España ha sido católica, con un porcentaje de 97 o 98% de fieles de esa religión. Se olvida así que Rusia es desde hace bastantes siglos un imperio multiétnico y multicultural en el que han convivido diversas religiones y culturas, entre otras la católica, la judía, la musulmana, la budista y la protestante. Respetar, venerar y amar la tradición ortodoxa rusa, no significa desconocer que Rusia la han conformado diversas tradiciones. Entre ellas el catolicismo ruso tiene una historia también importante, y está regado por la sangre de numerosos mártires. Lo que quiero decir es que si los ortodoxos a veces nos acusan de proselitismo desleal, podemos entenderles. Pero si es nuestra propia Iglesia la que piensa así de nosotros, entonces eso nos bloquea. Gracias a Dios que hay también tanta gente que nos ayuda y nos sostiene con sus atenciones, sus oraciones y sus limosnas, a los que estamos muy agradecidos.

En qué consiste eso que usted denomina “bloqueo”?

--Padre Aleksandr Burgos: los sacerdotes y las religiosas católicas que trabajan en Rusia son ciertamente elogiables por su buen espíritu y por la gran labor que realizan con tantas dificultades. Sin embargo a veces, quizá porque no se sienten suficientemente respaldados por la opinión pública católica o por sus propias congregaciones o por ciertos “aires romanos”, no realizan en Rusia las actividades normales que debido a su carisma propio hace en el resto del mundo. Un ejemplo de bloqueo es que hay congregaciones cuyo carisma es la educación que en su trabajo en Rusia no han abierto un solo colegio. Otro ejemplo es que en todo el postconcilio existen muy pocos libros escritos y publicados por sacerdotes católicos rusos, cuando en el preconcilio estos eran mucho más abundantes. Un tercero es la casi inexistencia del catolicismo ruso de rito bizantino-eslavo. Hay muchos otros.

¿No existe el peligro de entrar en conflicto con los ortodoxos?

--Padre Aleksandr Burgos: Peligro de conflicto siempre existe en las relaciones humanas. Si les amamos nuestra propuesta evangelizadora podrá ser incisiva sin ser agresiva, porque estará basada en el deseo de una amistad sincera y un profundo aprecio de lo genuinamente cristiano que hay en la tradición ortodoxa, que es casi todo. Además el crecimiento del catolicismo ruso no es un problema para el ecumenismo sino una parte importante y necesaria de la solución.

¿Cuándo se podrá pensar a una unión real de Moscú con Roma?

--Padre Aleksandr Burgos: Sólo cuando haya doscientos sacerdotes rusos católicos que tengan verdadera amistad con un millar de sacerdotes rusos ortodoxos, podremos comenzar a pensar en una unión real de Moscú con Roma. Si esto no se da nos volverá a pasar lo mismo que en los concilios ecuménicos de Lyon (1274) o en Florencia(1445): las uniones firmadas por los obispos en Roma serán rechazadas por la gente y el clero en Moscú.

¿Y en el futuro?

--Padre Aleksandr Burgos: Pienso que la evangelización en Rusia tiene un futuro muy prometedor y que algún día desde Rusia nos ofrecerán un fuerte impulso para despojarnos de muchos prejuicios laicistas que estamos admitiendo en nuestra cultura. Mientras tanto espero que los católicos llevemos a cabo un ecumenismo misionero y un apostolado de la plenitud de la fe, que posibilite el crecimiento tanto de las comunidades de rito latino como de las de rito bizantino-eslavo, los dos pulmones por los que debe respirar la Iglesia católica en Rusia.