Rusia niega la implicación de la Unión Soviética en el atentado a Juan Pablo II

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MOSCÚ, lunes, 6 marzo 2006 (ZENIT.org).- Como «absurdas» calificó el Servicio Federal de Seguridad Ruso las declaraciones, según las cuales, las autoridades de la entonces Unión Soviética (URSS) estuvieron implicadas en el atentado cometido contra Juan Pablo II en mayo de 1981.



Una comisión parlamentaria de Italia concluyó que la URSS manejó los hilos de una conspiración para matar a Karol Wojtyla.

El presidente de la comisión, Paolo Guzzanti, dijo que estaba seguro «más allá de toda duda razonable de que los líderes soviéticos de la época ordenaron el asesinato».

Tras darse a conocer en Moscú el informe, el jefe de prensa de lo que anteriormente era conocida como la KGB, Boris Labusov, declaró a la agencia noticiosa Interfax: «Cualquier afirmación sobre alguna participación de los servicios especiales soviéticos en el atentado contra el Papa de Roma, incluyendo los servicios de inteligencia externos, es totalmente absurda y no tuvo, y no tiene, ninguna relación con nuestras actividades».

«Desafortunadamente --continuó Labusov-- este tipo de especulaciones se ha repetido constantemente casi cada dos años en los últimos quince años».

Por su parte, el ex director de lo que fuera el Comité de Seguridad del Estado, KGB, Vladimir Kriuchkov, declaró también a la agencia rusa Interfax, que la información dada a conocer «representa una mentira, e inclusive, una provocación, una tontería».

Según sus palabras, el informe es algo «inventado y la información ha salido de quienes no están interesados en el desarrollo de las relaciones entre Italia y Rusia».

«Este tipo de información puede desorientar a la gente sin conocimientos, sin preparación. Sin embargo, provocaciones como ésta siempre han fracasado y fracasarán, inclusive, en esta ocasión», afirmó Kriuchkov.

Según el informe de la Comisión Parlamentaria Italiana, los URSS habría organizado el atentado a causa del apoyo del Papa al movimiento obrero «Solidaridad» en su natal Polonia, pues era visto un peligro para la existencia del régimen comunista en la Europa del este.

En el informe se agrega que el turco Mehmet Ali Agca, quien disparó al Santo Padre el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, fue contratado por los servicios especiales búlgaros, por órdenes de sus colegas de la URSS.