Rusia: restricciones a la libertad religiosa

En Rusia, las condiciones continúan siendo difíciles para algunas Iglesias y repúblicas que una vez formaron parte de la Unión Soviética y ahora integran la Comunidad de Estados Independientes (CEI). En el país, todas las organizaciones religiosas tuvieron que registrarse de nuevo ante las autoridades antes del 31 de diciembre pasado, o en caso contrario afrontar una liquidación obligatoria. Y en algunas de las repúblicas los funcionarios están llevando a cabo una represión contra algunos grupos.

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Según la ley de 1997 sobre «libertad de conciencia y uniones religiosas»,


la falta de nuevo registro se traduce en que el grupo carece de
reconocimiento legal. En la práctica significa que el grupo tendría
problemas para abrir una cuenta bancaria, alquilar locales o lugares de
culto o distribuir literatura. Resulta especialmente difícil registrarse en
el caso de organizaciones religiosas que no puedan probar que han estado
presentes en Rusia durante más de 15 años.

Según el Keston News Service (12 enero) 96 de las 104 mezquitas de
Ulyanovsk, a unos 800 kilómetros de Moscú, estaban entre aquellas
organizaciones que no se habían registrado nuevamente. Asimismo,
algunas
comunidades de pentecostales han rechazado someterse al proceso de
nueva
inscripción en el registro oficial. En el mismo Moscú, según informaba
Keston, se rechazó la petición de registro de la rama local del Ejército
de Salvación. Pero no fueron los únicos, porque un grupo budista
tampoco se
dejó registrar en varias ocasiones.

En Siberia, Keston informaba que seis parroquias católicas no se
registraron antes del plazo. Según informaba el padre Andrei Duklewski, la
causa está en la inaccesibilidad de las parroquias, que hizo difícil
completar todo el papeleo a tiempo.

«Radio Free Europe» (2 febrero) informaba sobre una mesa redonda en
Moscú
para debatir la situación de la libertad religiosa en el país. Los
participantes criticaron no solamente el plazo dado, sino también el
espíritu general de la ley sobre religión que otorga a la Iglesia Ortodoxa
rusa una función predominante en la vida espiritual.

Según «Radio Free Europe», el Defensor del Pueblo, Oleg Mironov,
indicó que
en torno a un 30% de las organizaciones religiosas, unos 4.500 grupos, no
se registraron en el Ministerio de Justicia o en departamentos locales
antes del plazo del 31 de diciembre. Mientras que el Ministro de Justicia
ruso, dijo que solamente el 10% no se registró.

Mironov declaró que había escrito una carta al presidente Vladimir Putin,
en noviembre, con una propuesta de enmienda de la ley que amplía el
plazo
de inscripción en el registro hasta el 2003 y limpia la ley de sus medidas
discriminatorias. Sin embargo, el representante de Mironov, Alexey
Lebedev,
dijo que la petición no obtuvo una respuesta positiva.

La agencia Compass, en su edición de enero, observaba que algunos
grupos
protestantes, musulmanes y ortodoxos no pudieron inscribirse antes de
que
acabara el plazo por la resistencia de las autoridades locales y los meses
de retraso que supusieron los litigios en los tribunales locales. Las
Iglesias pentecostales experimentaron problemas especialmente en las
áreas
locales, debido probablemente a su tipo de culto, más dinámico, y a sus
activos ministros.

La lucha por el registro en Moscú

La inscripción para algunas organizaciones ha sido especialmente difícil
en
Moscú. Compass indicaba que los tribunales de Moscú rechazaron la
petición
del Ejército de Salvación, el 28 de noviembre, de registrarse como
organización religiosa. El juzgado municipal mantuvo la decisión de un
juzgado de distrito que denegó la inscripción afirmando que la palabra
«ejército» indicaba que la organización podía ser militar y que era una
amenaza para la seguridad nacional.

En cualquier caso, la comisión federal de asesoría religiosa recomendó
unánimemente, el 26 de diciembre, aprobar la petición de registro del
Ejército de Salvación a nivel federal como una organización religiosa
centralizada. Como resultado de la decisiones judiciales en Moscú el
Ejército de Salvación fue desahuciado de dos de sus siete locales
alquilados en la ciudad.

A primeros de este mes, tuvo lugar un pleito en Moscú en relación a la
posible prohibición de los Testigos de Jehová. Según el «New York
Times» (6
febrero), las autoridades acusaron a los Testigos de Jehová de destruir las
familias, fomentar la discordia nacional, refrenar los derechos
individuales y convertir a menores sin el permiso de sus padres.

Precisamente ayer, según informaba Reuters (23 febrero), un juzgado
municipal rechazó la causa iniciada por el fiscal de la ciudad y por lo
tanto los Testigos de Jehová pueden seguir sus actividades en Moscú.

Este caso ha sido llevado por la Comisión para la Protección de los
Jóvenes
de las Sectas Totalitarias, según el artículo 14 de la Ley de Libertad de
Conciencia y Asociación Religiosa. Los procesos contra el grupo, que
dice
contar con 280.000 miembros en Rusia, incluyendo a 15.000 en Moscú,
han
sido pospuestos varias veces, ya que los fiscales necesitaban más tiempo
para reunir evidencias. Fuera de Moscú, 361 grupos de Testigos de
Jehová ya
han obtenido su inscripción en el registro.

Persecución en las repúblicas

Ha habido también noticias de discriminación contra algunas iglesias en
las
diversas repúblicas que integran la CEI. Según Keston News Service (7
febrero), en Crimea, a la parroquia luterana de la ciudad meridional de
Sudak, confiscada en 1930, y que la Iglesia Luterana alemana ha luchado
infructuosamente por recuperar, se le dijo el día que celebraba la
Nochebuena que no se le permitiría alquilar por más tiempo el edificio para
servicios religiosos.

La decisión del museo situado actualmente en la iglesia, también obligó al
cese de actividad de una congregación evangélica cristiana-baptista en el
edificio. Las dos comunidades se vieron obligadas a celebrar la liturgia
navideña en locales preparados apresuradamente. Desde Navidad, ninguna
congregación ha logrado usar la antigua iglesia luterana, que ahora ha sido
cerrada por reparaciones.

La situación es peor en Turkmenistán donde, según «Radio Free
Europe» (19
febrero), las comunidades religiosas viven bajo constante supervisión y
tienen que soportar leyes restrictivas, mientras que los miembros de las
congregaciones no tradicionales afrontan acosos y detenciones de rutina.

A principios de este mes, la organización Amnistía Internacional, con sede
en Londres, daba la voz de alarma y urgía a las autoridades turkmenas a
liberar al baptista Christian Shagildy Atakov, al que mantienen en un
campo
de trabajo en el norte de Turkmenistán.

Padre de cinco hijos, Atakov fue multado con 12.000 dólares y
sentenciado a
dos años en un campo de trabajo en marzo de 1999, acusado de fraude
en
relación a su negocio de automóviles. Su sentencia fue posteriormente
incrementada a cuatro años. Pero Amnistía Internacional cree que el caso
fue un montaje y que la razón real del encarcelamiento de Atakov es su
afiliación religiosa. La mujer de Atakov y los hijos han sido puestos bajo
arresto domiciliario en un pueblecito cerca de la frontera iraní.

En noviembre de 1999, las autoridades turkmenas ordenaron la
demolición de
la iglesia de los Adventistas del Séptimo Día en la capital, Ashgabat, sin
notificación previa. La decisión tuvo lugar tras otro ataque similar al
templo de Hare Krishna.

Bajo la ley turkmena, las organizaciones religiosas deben probar que
cuentan por lo menos con la adhesión de 500 ciudadanos mayores de 18
años
para obtener el reconocimiento oficial. Además, todos los fieles deben
vivir en la misma ciudad o población. Este doble requisito ha impedido a
todos, salvo a los musulmanes sunnitas y a los cristianos ortodoxos
rusos,
la obtención del reconocimiento administrativo.

Hace sólo unos días, el presidente de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov,
manifestaba su deseo de una ulterior extensión de su autoridad sobre los
asuntos espirituales. Según la agencia France Presse (20 febrero), el
Presidente ha publicado un código de conducta espiritual para los
ciudadanos creyentes.

El libro, llamado el «Rukhname», ha sido calificado de programa de
desarrollo espiritual, código de mandamientos éticos y morales y carta
sobre el comportamiento de estos ciudadanos de la república
centroasiática.

En un discurso de tres horas al Consejo del Pueblo el pasado domingo,
Niyazov dijo que el libro pretende «determinar los criterios principales
para el desarrollo del pueblo turkmeno y sus cualidades morales en el
siglo
XXI».
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