Sagrado Corazón de Jesús, fiesta del amor de Dios; según Juan Pablo II

Se celebrará el próximo viernes

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 junio 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que celebrará la Iglesia el próximo viernes, recuerda el «misterio» del amor de Dios por cada hombre y mujer.



Es el mensaje que dejó antes de despedirse a los diez mil peregrinos que este miércoles participaron en la audiencia general concedida en la plaza de San Pedro del Vaticano bajo un intenso sol.

«Esta fiesta recuerda el misterio del amor que Dios siente por los hombres de todo tiempo», afirmó el Santo Padre recordando el mensaje central que dejó Cristo al aparecerse a una religiosa francesa de la Visitación, santa Margaría María Alacoque (1647-1690).

«Queridos jóvenes, os invito a prepararos, en la escuela del Corazón de Cristo, para afrontar con confianza los compromisos que os esperan en el transcurso de la vida», exhortó el Papa.

«Os doy las gracias, queridos enfermos, por la especial ayuda que ofrecéis al pueblo cristiano, aceptando el cumplimiento de la voluntad de Jesús crucificado, en fecunda unión con su sacrificio salvífico», indicó hablando en italiano.

Luego el Papa se dirigió a las parejas de recién casados, que habían venido con su vestido de bodas, para desearles «la alegría auténtica que surge de la cotidiana fidelidad a la caridad de Dios, de la que vuestro amor conyugal debe ser un elocuente testimonio».

Al dirigirse en polaco a sus compatriotas presentes en el Vaticano, Juan Pablo II recordó que en ese día, «encomendando al Corazón divino las familias polacas, rezamos para que sean focos vivos de amor».

Y añadió, «recemos también para que haya santos sacerdotes, formados "según el Sagrado Corazón de Cristo"».

El mismo Juan Pablo II ha establecido que en esta solemnidad se celebre en la Iglesia la Jornada mundial por la santificación de los sacerdotes (Cf. Zenit, 10 de junio de 2004).

En la primera de las apariciones a santa Margaría María, el 27 de diciembre de 1673, Jesús le dejó este mensaje, según lo refirió ella misma más tarde: «Mi Corazón divino está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que al no poder contener en sí las llamas de su ardiente caridad, hay que transmitirlas con todos los medios».