Salir, salir, salir

Reflexiones del obispo de San Cristóbal de Las Casas

San Cristóbal de las Casas, (Zenit.org) Felipe Arizmendi Esquivel | 684 hits

SITUACIONES

Cuando era obispo en Tapachula (1991-2000), considerando que muchos católicos eran poco practicantes, asumimos como prioridad la pastoral de los alejados. No era una opción que yo impusiera, sino un acuerdo de asamblea diocesana. Un párroco, sin embargo, me objetaba: No nos damos abasto para atender a los practicantes, y usted quiere que vayamos a buscar a los alejados… Nos cuesta salir de nuestros esquemas, de lo conocido, de lo que acostumbramos hacer.

Algunos tenemos nuestras agendas bien programadas, con la atención sacramental bien definida, con reuniones pastorales periódicas, con presencia más o menos constante en la oficina parroquial o diocesana, con celebraciones de todo tipo que nos solicitan los fieles, pero casi no llegamos a muchos ambientes, como a los universitarios, profesores, agentes de la salud, pandillas, alejados, drogadictos, etc. Sí atendemos presos, migrantes y enfermos.

Después de Aparecida, que nos lanzó a intensificar la misión, propusimos a unas parroquias que programaran visitas pastorales a las casas, a las familias, con la ayuda de laicos. Ofrecimos esquemas para prepararlos. Sólo una que otra asumió el reto y lo hicieron una sola vez. Es más cómodo hacer lo que de por sí ya llena nuestro tiempo, y nos justificamos de muchos modos para no salir a buscar a la oveja perdida.

ILUMINACION

El Papa Francisco nos ha insistido mucho en salir: “Seguir a Jesús quiere decir aprender a salir de nosotros mismos para salir al encuentro de los demás, para ir hasta las periferias de la existencia, ser nosotros los primeros en movernos hacia nuestros hermanos y hermanas, especialmente los que están más alejados, los olvidados, los que están más necesitados de comprensión, de consuelo y de ayuda. ¡Hay tanta necesidad de llevar la presencia viva de Jesús misericordioso y lleno de amor! Es entrar en la lógica del Evangelio. No debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos salir, buscar con Él a la oveja perdida, a la más lejana. Recuerden bien: salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús, y Jesús salió de sí mismo para todos nosotros” (27-III-2013).

Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar la dulce y confortadora alegría de evangelizar (25-III-2013).

No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, en nuestra institución diocesana, cuando tantas personas están esperando el Evangelio. No es un simple abrir la puerta para que vengan, sino salir por la puerta para buscar y encontrar. Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia. Ellos son los invitados VIP” (27-VII-2013).

Con ocasión de la beatificación del Pbro. José Gabriel Brochero (1840-1914), escribió: “Me hace bien imaginar hoy a Brochero párroco en su mula malacara, recorriendo los largos caminos áridos y desolados de los 200 kilómetros cuadrados de su parroquia, buscando casa por casa, para preguntarles si necesitaban algo y para invitarlos a hacer los ejercicios espirituales. Conoció todos los rincones de su parroquia. No se quedó en la sacristía a peinar ovejas” (14-IX-2013).

COMPROMISOS

Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos mueva el corazón, para asumir la urgencia pastoral de salir y ofrecer el Evangelio, el amor del Padre en Cristo, a tantas personas y lugares que requieren la luz de fe y el consuelo fraterno. Que no seamos pastores de oficina, sino inquietos y creativos para arriesgar e ir donde haga falta Dios.