San Juan de Ávila es un modelo para la Nueva Evangelización

Coloquio con monseñor Juan Esquerda Bifet, estudioso del nuevo Doctor de la Iglesia

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, viernes 5 octubre 2012 (ZENIT.org).- Para san Juan de Ávila, el título de Doctor de la Iglesia Universal no será el primero que reciba. Ya desde que era beato fue declarado “Patrono del Clero español” por el papa Pío XII, y aún antes ya era considerado un “Maestro de Espirituales”, por el gran aprecio que le tuvieron los escritores de la época, y la influencia que ejerció posteriormente en otros santos, doctores y fundadores como san Juan de Dios o san Pedro Poveda.

A fin de conocer un poco más a este gran personaje, ZENIT entrevistó a monseñor Juan Esquerda Bifet, conocido escritor y profesor emérito de la Pontificia Universidad Urbaniana, quien no solo es un profundo estudioso de la vida y obra de Juan de Ávila, sino que tiene el mérito de haber conformado el primer grupo de trabajo en la Conferencia Episcopal Española, que sustentó a fines de los años setenta la postulación ante la Santa Sede de este alto reconocimiento.

El mundo se alegra porque España tendrá otro Doctor de la Iglesia…

--Mons. Esquerda Bifet: Así es, es un don de Dios para España y para la Iglesia universal. Hasta ahora hay pocos doctores españoles como san Juan de la Cruz, san Isidoro de Sevilla y santa Teresa de Ávila.

¿Cúantos son todos los Doctores?

--Mons. Esquerda Bifet: Hasta ahora son 33 y este año se añaden 2, santa Hildegarda de Alemania, del año 1100, y san Juan de Ávila, un español del 1500.

¿Cuáles son las características que debe tener un Doctor para ser declarado como tal?

--Mons. Esquerda Bifet: Primero la santidad, y si ya está canonizado no hay problema. Luego una doctrina eminente, con una incidencia especial en la Iglesia.

¿Qué es lo que le ha interesado en especial al papa Benedicto XVI de Juan de Ávila?

--Mons. Esquerda Bifet: Él lo dijo en una frase espontánea durante su viaje a España con los periodistas: que había influido en la modernidad dándole un sentido cristiano, algo que ha llegado hasta hoy. Y porque vivió en un momento de cambio en que la Iglesia se renovó, y san Juan de Ávila influyó en esa renovación y en esa modernidad.

¿Tuvo una influencia en la teología o en los estudios de espiritualidad?

--Mons. Esquerda Bifet: Sería en el campo de la espiritualidad, porque posteriormente lo citan con frecuencia algunos doctores de la Iglesia como san Alfonso María de Ligorio y san Francisco de Sales, además de otros santos y escritores.

Él es modelo para el clero español y mundial, ¿pero qué se destaca de su obra pastoral?

--Mons. Esquerda Bifet: Esta es muy conocida, porque ya siendo beato, fue declarado por Pío XII como patrono del clero español. Y esto porque fue un hombre que se dedicó a todo el apostolado de la catequesis, de los pobres, la caridad, misiones populares… Es un hombre ejemplar en cuanto a la misión sacerdotal, creó seminarios, colegios, una universidad para la formación de santos sacerdotes. Y tenemos escritos dirigidos a laicos, religiosos y a los presbíteros.

¿Él dejó todo y entró en el seminario, no?

--Mons. Esquerda Bifet: Primero estudió en Salamanca por cuatro años cuando era muy joven, con 16 o 17 años. Dejó aquellos estudios jurídicos, regresó a su casa y alguien le ayudó para volver a la Universidad de Alcalá, donde estuvo seis años hasta ordenarse sacerdote. Y el día que cantó misa distribuyó los bienes que heredó de sus padres a los pobres, para alistarse al nuevo mundo. El primer obispo de Tlaxcala en Puebla, México, le aceptó; solo que en Sevilla se entretuvo mientras esperaba y luego el arzobispo no le dejó marcharse y se quedó.

¿Es cierto que san Ignacio de Loyola lo quiso en la Compañía de Jesús?

--Mons. Esquerda Bifet: Sí, es cierto. San Ignacio lo apreciaba mucho y conocía sus escritos. Y se ha descubierto en una carta que aconsejaba leer un libro de espiritualidad de Juan de Ávila llamado “Audi Filia”. Sabemos que quería que entrara en la Compañía. Le tenía mucho aprecio, y era mutuo, porque Juan de Ávila le responde que él no se siente bien porque está enfermo, pero de hecho treinta de sus discípulos se hicieron jesuitas.

¿Qué faltaría profundizar de Juan de Ávila?

--Mons. Esquerda Bifet: Hay muchas publicaciones y se han hecho conferencias internacionales, por lo que es difícil precisar. A mi entender, ya serían cosas más especializadas, por ejemplo cómo en sus escritos se ve que es un hombre de comunión eclesial, que busca siempre la armonía y la fraternidad. Y de hecho por eso en su época lo apreciaron todos, o sea religiosos de cualquier orden, laicos, gobernadores, o la gente sencilla, porque era un hombre de comunión. Se podría estudiar también su modo de predicar, que sería muy actual. Y ver cómo conserva todos los datos de la fe y los adapta a una cultura, a un lenguaje de la época que es lo que nos falta hoy.

Una coincidencia que sea proclamado Doctor justamente en esta época…

--Mons. Esquerda Bifet: Realmente se le podría declarar modelo de la nueva evangelización, y quizás por eso el papa lo declara Doctor al empezar el Sínodo de la Nueva Evangelización. Yo pongo siempre una comparación. Se ha dicho, y con razón, que por la Sagrada Familia de Barcelona, Gaudí es un modelo de la nueva evangelización, debido a que es una obra de arte tan maravillosa de hace un siglo, que resulta hoy actual como podemos ver. Lo de Juan de Ávila es parecido pero en otro campo. Él es un hombre que presenta la síntesis del misterio de Cristo, basado en la escritura, en los Padres, la liturgia, el magisterio, pero adaptado al lenguaje y a la cultura de la época y a la situación, y esto es lo que nos falta hoy en la nueva evangelización.

¿Qué obra de san Juan de Ávila recomendaría a los lectores?

--Mons. Esquerda Bifet: Lo más accesible son las Cartas, y para un laico comprometido o un religioso o sacerdote están los Sermones. Pero hay un tratado, que es anterior a los de san Juan de la Cruz y santa Teresa, el “Audi Filia”, “¡Escucha Hija!”. Es un tratado de espiritualidad sobre cómo es el itinerario de la vida espiritual a la luz de la Palabra de Dios, o sea lo que hoy llamamos la Lectio Divina.