San Martín de Porres en el arte

Publican libro en el 50 aniversario de la canonización del santo peruano

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Por José Antonio Benito

LIMA, lunes 23 julio 2012 (ZENIT.org).- Una nueva publicación ve la luz a los 50 años de la canonización de san Martín de Porres y en el 50 aniversario de la Universidad que lleva el nombre del famoso santo.

Fray Martín de Porres --como anota cordialmente el padre Juan José Salaverry, prior provincial de los Dominicos en el Perú--, es mostrado en las páginas de este libro desde la fe de los pintores, escultores y demás hombres de arte, ellos han captado la dulzura de su caridad, el temple de su vida religiosa, la entrega en el servicio al pueblo, y la fe inquebrantable de los hombres sencillos a quienes ama el Señor".

El libro, titulado "Iconografía de San Martín de Porres" (Fondo Editorial de la Universidad de San Martín de Porres, Lima 2012, 202 pp.), ha sido escrito por el exdirector del Instituto Nacional de Cultura del Perú, Pedro Gjurinovic Canevaro, quien de la mano de Tulio Cúsman, editor de fotografía, han recopilado todas las imágenes del santo en el Perú. Se trata de una hermosa aproximación estética a la figura de san Martín de Porres en las páginas de este libro. Entre los textos y las imágenes, se puede encontrar una estrecha relación entre san Martín y la ciudad de Lima, sus habitantes, sus costumbres y su fe.

En la obra se parte --Introducción--, de la problemática realidad de las imágenes resuelta para la Iglesia Católica en el Segundo Concilio de Nicea (787) y estimulada didácticamente para servir a la evangelización en el Concilio de Trento (1563). Le sigue el capítulo sobre la "Santidad en Lima" en el que se contextualiza al santo dominico en sus coordenadas espacio-temporales y, sobre todo, en su mundo cultural espiritual. En el capítulo III se da cuenta de las "noticias archivísticas, cronológicas y bibliográficas" elaborando una sintética pero profunda semblanza espiritual de Martín. Cabe destacar la acertada inclusión de una detallada cronología desde 1579, año de su nacimiento, al 1962, año de su canonización.

Es en los capítulos IV y V donde se acomete de lleno el título anunciado: el estudio de su iconografía a lo largo de los cuatro siglos que corren tras su muerte ejemplar. Comienza con observar sus rasgos faciales, su tipo físico, su vestimenta y los atributos, pasando revista a los cuadros y a las estatuas del mulato, "varón de mucha oración", presentando audazmente la identificación de san Martín según el retrato elaborado por Jorge Portillo Trejo, de la Dirección de Criminalística de la Policía Nacional del Perú. En cuanto a sus vestiduras, le corresponde la túnica blanca que simboliza la inocencia y el escapulario negro que representa la humildad. Los atributos más comunes serán el rosario y la escoba; de su profesión de barbero, sangrador y sacamuelas un estuche al cinto, pinzas, lancetas, puntilla, bracero y almiz. En consonancia con su proverbial espíritu dadivoso se le coloca la canasta con panes.

Otros aspectos de la vida registrados por los artistas serán el de la oración ("echado en el suelo boca abajo y puesto en cruz con un ladrillo en la boca y el rosario en la mano"), la penitencia (con sus disciplinas y cilicios), la levitación, de rodillas ante el altar, y el plato con perro, pericote y gato. Tanto los cuadros como las esculturas nos brindan las facetas de su vida: religioso dominico, enfermero, misionero caritativo. Una de las iconografías más abundantes es la de la escoba. La obra tiene la virtud de identificar tales dimensiones, actitudes en la obra que se describe.

La iconografía del Beato Martín del siglo XX tendrá un carácter devocional y propagandístico, y no tanto evangelizador. Cabe señalar la pintura del artista italiano Fausto Conti preparada especialmente para la canonización en San Pedro de Roma, y las dedicadas a los dos milagros de la canonización --curación del niño Antonio Cabrera y de doña Dorotea--, obras de Blanca Chávarri. No escapan al autor las numerosas representaciones artísticas del Santo, como las sutiles del caricaturista Antonio Mingote, o los grafitis, vitrales, esculturas en granito y madera policromada, xilografías, azulejos, medallas conmemorativas, estampillas y estampas, y hasta el entrañable tallado en un tronco de árbol en Pimentel o modelado en arcilla por artistas populares como Tineo.

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