San Rafael Guízar Valencia, el obispo que se entregó a los pobres para darles a Dios

Nutrida presencia mexicana en la Plaza de San Pedro

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 15 octubre 2006 (ZENIT.org-El Observador).- Una numerosa delegación de obispos, sacerdotes y fieles laicos de México se dieron cita este domingo en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para ser testigos de la canonización de Rafael Guízar Valencia (1878-1938), primer obispo declarado santo nacido en Latinoamérica.



Procedentes de todas las diócesis del país, especialmente de las de Veracruz y Michoacán, por ser la primera donde realizó su principal labor pastoral y la segunda donde nació; cerca de diez mil peregrinos mexicanos animaron con cantos, aplausos y algarabía la ceremonia presidida por el Papa Benedicto XVI.

En México, la misa se ha seguido en directo y hoy domingo los sacerdotes en todo el país elevaron una oración especial para dar las gracias a Dios por la canonización de monseñor Guízar Valencia. En la Iglesia mexicana se ha declarado día de fiesta y las campanas han anunciado, desde muy temprana hora que el país cuenta ya con su trigésimo santo, primero de los que eleva a los altares Benedicto XVI.

Aunque sin delegación oficial, autoridades civiles tanto del gobierno federal como de diversos estados de la República, entre quienes se encontraba el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, hicieron acto de presencia en la Plaza de, dando testimonio de que quien estuvo a punto de ser fusilado por las tropas del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, es ahora signo de unión entre los habitantes de ese país.

Así lo han visto más de 20 obispos de México, presentes en Roma para la canonización del célebre «don Rafael», cuyo cadáver permaneció incorrupto por una década hasta que a fines de 1940, fueran sus restos exhumados y trasladados a donde reposan ahora, la Catedral de Xalapa, en el Estado de Veracruz y donde se ha vivido la fiesta con mayor intensidad.

Para monseñor Arturo Szymansky Ramírez, arzobispo emérito de San Luís Potosí, la gran enseñanza de san Rafael será la de la pacificación de México, un país que «está lleno de sacerdotes santos pero, hasta ahora, desconocidos, ya sea por que no aparecen en la historia oficial, ya porque viven completamente identificados con la gente sencilla».

Cabe resaltar que el arzobispo emérito de San Luís Potosí fue, durante muchos años, presidente de la Comisión de las Causas de los Santos, en la Conferencia del Episcopado Mexicano y, como tal, impulsó con fuerza la causa de Guízar Valencia.

Monseñor Mario De Gasperín y Gasperín, obispo de Querétaro, quien fuera confirmado por san Rafael Guízar, ha señalado a Zenit-El Observador el ejemplo de un obispo que predicaba a la gente sencilla y que, no obstante haber sido arrollado por la política (fue exiliado varias veces del país), jamás entró en conflicto con el Estado mexicano, «sino que dedicó sus esfuerzos a dar la vida por las misiones, los más necesitados y la formación de sacerdotes en los seminarios» (que estuvieron prohibidos desde 1926 y hasta la primera parte de los cuarenta del siglo pasado en el Estado de Veracruz de donde fue su primer obispo).

El mensaje que hoy deja el obispo Guízar Valencia «es doble» según dijo monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan: «por un lado, la entrega a los más necesitados y desposeídos y, por el otro, ganarlos para Dios».

«Él no se esmeraba por personas individuales --explicó el obispo de Tehuacan--, lo hacía por personas en relación; llegar a las comunidades sencillas y rescatar almas para Dios, siempre buscando esa particularidad: relacionar a personas entre sí y para Dios».

Más adelante, señaló el obispo Aguilar Martínez que «la familia es, en este sentido, un valor formidable pues como sea la familia, así será el desarrollo de la persona: las familias unidas, integradas, propician más personas respetuosas y creyentes con una fe viva».

«De modo que los valores que san Rafael vivía como un testimonio heroico, nos impulsan hoy a ir hacia las familias necesitadas; a personas que viven situaciones difíciles e incluso en opciones irregulares», apuntó el también presidente de la Comisión Pastoral de Familia de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

«Finalmente, el testimonio de san Rafael Guízar es un testimonio para vivirlo en familia, no sólo de sangre, sino también en la familia de los hijos de Cristo Jesús», terminó diciendo monseñor Aguilar Martínez.

En otra entrevista sostenida con Zenit-El Observador, monseñor Carlos Suárez Cázares, obispo de la diócesis de Zamora (en el Estado de Michoacán), diócesis donde nació y se hizo sacerdote Rafael Guízar Valencia, señaló que el nuevo santo mexicano «nos habla de una Iglesia viva, la Iglesia de Don Vasco de Quiroga y la actual, así como de una Iglesia que persigue la santidad sin distorsiones: don Rafael demuestra que la santidad es la condición de un hombre o de una mujer que dan frutos para la vida del mundo».

«La santidad --apuntó el obispo de Zamora-- es, también, una realidad de encarnación y la canonización de un hombre es tener una atención especial a los frutos que ha dado y que sigue dando un ser humano».

Con respecto a México, monseñor Suárez Cázares subrayó que «especialmente para nuestra Patria, Rafael Guízar Valencia es un hombre encarnado en la vida cotidiana y en la vida de la Iglesia; un hombre, un mexicano, que dio frutos buenos: así lo atestiguan las diócesis de Veracruz y, en especial, en Michoacán, en el pueblo de Cotija, donde nació».

Dijo el obispo de Zamora que san Rafael «fue un hombre muy valiente, un confesor de la fe, un testigo del Evangelio; fue un sacerdote absolutamente encarnado en el mundo que, sin embargo, fue auténtico y fiel a su vocación».

Finalmente afirmó monseñor Suárez Cázares, «Rafael Guízar Valencia fue un gran hombre y por eso va a ser un gran santo».