Sanar los matrimonios de problemas de control y confianza

Entrevista con el psiquiatra católico Richard Fitzgibbons

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WEST CONSHOHOCKEN, domingo 7 de febrero de 2010 (ZENIT.org). – Muchos matrimonios y familias de hoy se ven afectados por problemas de control y confianza, afirma Richard Fitzgibbons, pero gracias a los sacramentos y a la práctica de la virtud estos problemas pueden superarse.

Este ha sido el tema de un reciente encuentro en web de una serie patrocinada por el Institute for Marital Healing, que ofrece recursos para parejas, consejeros y clero sobre temas de paternidad, edad adulta, vida familiar y matrimonio.

Fitzgibbons, director del instituto, ha trabajado con miles de parejas y ha hablado y escrito extensamente sobre estos temas. En el 2008, fue nombrado también consultor de la Congregación del Clero de la Santa Sede.

En esta entrevista con ZENIT, Fitzgibbons habla sobre las causas modernas de los problemas de confianza, la distinción entre ser fuerte y ser controlador, y las virtudes particulares que proporcionan un antídoto a estos problemas.

- Usted menciona que la sección más popular de su página web es la dedicada al esposo o esposa o al familiar controlador. ¿Por qué cree usted que hay tanto interés en este tema?

Fitzgibbons: Contábamos con que el capítulos visitado con más frecuencia fuera la de la esposa o familiar enfadado y, al inicio, nos sorprendimos por la respuesta del capítulo del esposo o esposa controlador.

Tras pensar y rezar sobre este interés, llegué a una comprensión más profunda de los graves factores personales y culturales que están contribuyendo a una tendencia a dominar o a no confiar en los demás, algo que da como resultado la necesidad de controlar.

-¿Podría describir brevemente las características de una persona controladora?

Fitzgibbons: La peor debilidad de carácter en una persona que cae en la tendencia a controlar, y todos nosotros podemos caer en ocasiones, es tratar al esposo o a la esposa, que es un gran don de Dios, con falta de respeto.

La persona controladora se vuelca hacia sí misma y de tal forma que no puede ver la bondad de su esposo o esposa.

La otra gran debilidad es dejarse llevar con rapidez y en exceso por la cólera. Los esposos y familiares controladores son también irritables y suelen estar tristes porque, de hecho, no es posible controlar a nadie dado que tenemos una dignidad y un vigor como hijos de Dios.

Finalmente, las tendencias controladoras dañan la entrega sana y cariñosa en el matrimonio y refuerzan el egoísmo, una de las principales causas de los comportamientos controladores.

-¿Qué daño pueden causar los esposos o familiares controladores?

Fitzgibbons: Los comportamientos controladores dañan la amistad matrimonial, el amor romántico y amor prometido, tres áreas esenciales de la entrega matrimonial que Juan Pablo II describe en “Amor y Responsabilidad”.

La falta de respeto lleva al otro esposo a sentirse triste, enfadado, desconfiado e inseguro. A no ser que este conflicto se trate de modo adecuado y correcto, pueden desarrollarse graves conflictos, incluyendo la depresión, problemas de ansiedad, abusos graves, infidelidad, y separación y divorcio.

-En nuestra rápida sociedad, en que se exige a la gente que controle y domine tantos aspectos de sus vidas – economía, salud, trabajo, familia, etc. -, ¿una naturaleza controladora no es más una ventaja, incluso una necesidad para sobrevivir? ¿Ve usted algo positivo en este tipo de personalidad?

Fitzgibbons: Sí, la confianza y el vigor son rasgos sanos en la personalidad que nos permiten responder a tantos desafíos en el gran sacramento del matrimonio y en la vida familiar.

Sin embargo, es necesario el crecimiento diario en las virtudes de manera que un esposo no puede cruzar la línea porque tenga estas cualidades y convertirse así en controlador.

Las virtudes que son esenciales para equilibrar el don de la fortaleza son la amabilidad, la humildad, la mansedumbre, el autocontrol y la fe.

Una de las metas del matrimonio es la fortaleza y la confianza, pero no el control. Animo a muchos maridos fuertes a rezar a san Pedro para que les proteja para que no sean líderes controladores de su hogar.

-Usted indica que, en el corazón de una personalidad controladora, suele haber problemas de confianza. ¿Podría ampliar esto?

Fitzgibbons: Una importante causa de la tendencia a controlar o dominar es el haber dañado en la niñez la capacidad de una persona para confiar o sentirse seguro.

Después, los esposos pueden dejarse llevar de manera inconsciente por el miedo hasta una forma de actuar controladora, es decir, sólo se sienten seguros cuando tienen el control, algo que por supuesto nunca tendrán. En el pasado los conflictos de la infancia comunes eran alcoholismo, los enfrentamientos entre los padres y la experiencia de un progenitor controlador.

Las causas más recientes de graves daños a la confianza durante la infancia son la cultura del divorcio, la guardería, y la epidemia de egoísmo en los padres debida en gran parte a una mentalidad anticonceptiva. Además, los hombres inseguros asumen comportamientos controladores en un intento de alentar su confianza masculina. En los adultos jóvenes la cultura de las relaciones diversas también dañar gravemente su capacidad de confiar sin que se den cuenta.

Finalmente, en el Catecismo de la Iglesia Católica se describe un factor espiritual importante que no debería pasarse por alto: “Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura” (No. 1606).

-¿Cómo puede una persona comenzar a afrontar estos temas, y cambiar su naturaleza controladora? ¿Cómo puede alguien ayudar a alguien a quien se ama y que puede ser controlador?

Fitzgibbons: El primer paso es la necesidad de destapar esta grave debilidad matrimonial.

Si los esposos confiasen en Dios más en sus matrimonios, no temerían enfrentarse a esta dificultad y pedir cambiar.

El necesario cambio puede tener lugar por un compromiso para crecer en confianza en Dios y en la propia esposa o esposo, por un proceso de perdón hacia quienes, en la infancia, dañaron la confianza, por una decisión para parar los repetidos comportamientos controladores de un padre, por la meditación regular sobre el hecho de que Dios lleva el control, y por el crecimiento en numerosas virtudes entre las que se incluyen el respeto, la fe, la amabilidad, la humildad, la magnanimidad y el amor.

El papel de la fe puede ser muy eficaz para afrontar esta grave debilidad de carácter. Hemos visto notables mejoras en la lucha contra esta dañina debilidad de carácter a través de la gracia en el sacramento de la reconciliación. Animamos a las parejas católicas controladoras a buscar la cura en este poderoso sacramento.

Además, las esposas controladoras se pueden beneficiar de profundizar en su relación con Nuestra Señora, de volverse hacia ella como modelo y adquiriendo sus virtudes descritas por San Luis de Monfort en “La Verdadera Devoción a la Bienaventurada Virgen”.

A los maridos controladores les beneficiará el meditar sobre san José y pedirle que les ayude a ser amables, protectores, sensibles, líderes entregados y alegres en sus matrimonios y familias.

-Como psiquiatra, ¿cuándo sugeriría que se busque ayuda externa, de un sacerdote o consejero, para curar las heridas emocionales de una persona?

Fitzgibbons: Recomiendo ir a un sacerdote antes de ir a un consejero porque demasiados profesionales de la salud mental apoyan la actual cultura de egoísmo.

Brad Wilcox, un joven sociólogo católico de la Universidad de Virginia, ha escrito sobre la influencia del campo de la salud mental en el matrimonio: “El centrarse la revolución psicológica en la realización individual y en el crecimiento personal ha dado como resultado que el matrimonio sea visto como un vehículo para una ética orientada hacia uno mismo, una ética del romance, la intimidad y la realización”.

“En esta nueva postura psicológica hacia la vida matrimonial, la obligación primaria de uno no es hacia la propia familia sino hacia uno mismo; de ahí que el éxito matrimonial se haya definido no como el cumplir con éxito las obligaciones hacia la esposa o esposo y hacia los hijos sino como una sensación fuerte de alegría subjetiva en el matrimonio – que se encontraría en y a través de una relación intensa y emocional con la esposa o el esposo”.

Creemos que un compromiso sincero de cada uno de los esposos por crecer en el conocimiento de sí mimos y en las virtudes puede resolver el conflicto de un esposo controlador sin la necesidad de una terapia matrimonial. No obstante, están disponibles nuevas fuentes de referencia matrimonial, fieles a las enseñanzas de Cristo, en las páginas webs de Catholic Therapist y Catholic Psychotherapy.

La intercesión de Nuestra Señora en Caná llevó al primer milagro del Señor de llevar más alegría a un joven matrimonio. Animamos a las parejas católicas a luchar contra los conflictos de control y egoísmo dirigiéndose a ella para otro milagro en sus matrimonios.

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En la red:

Institute for Marital Healing: www.maritalhealing.com

Catholic Therapists: www.catholictherapists.com

Catholic Psychotherapy: www.catholicpsychotherapy.com

Por Genevieve Pollock, traducción del inglés por Justo Amado