Santa María, modelo de evangelización

La Madre de Jesús sigue engendrando en la fe a muchos hermanos nuestros

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TERUEL, jueves 11 octubre 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a nuestros lectores en estas brillantes vísperas de Nuestra Señora del Pilar, patrona de la hispanidad, un artículo escrito este verano sobre la advocación que están celebrando todos los aragoneses, españoles, hispanoamericanos, y países de todo el mundo. Según la tradición, la fe llegó a España pasando por ese "pilar" que hoy sostiene la esperanza de muchos. El artículo está firmado por un obispo de la tierra aragonesa: el de Teruel y Albarracín, monseñor Carlos Escribano Subías.

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+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Teruel y Albarracín

Los meses de verano vienen cargados de celebraciones patronales en nuestra geografía diocesana. Entre ellas, las fiestas dedicadas a Santa María tienen una especial relevancia.  El misterio de la Asunción, la fiesta de su Natividad, la Virgen del Carmen y las distintas advocaciones que salpican nuestros pueblos, templos parroquiales y, especialmente, ermitas nos hacen fijar nuestros ojos en ella en este tiempo estival.

La devoción a Santa María se ha convertido para muchos en camino privilegiado para vivir su fe cristiana. Desde pequeños, nos han enseñado que la Virgen es el camino más corto para llegar Jesús, su Hijo. Seguro que nuestra propia experiencia también nos lo ha demostrado.

Esa intuición de la que todo el pueblo de Dios es partícipe, surge de la contemplación de María en la Escritura. Ella es quien presenta a su Hijo a los pastores y en sus manos se encuentra cuando adoran a Jesús los reyes magos. En muchas de nuestras Iglesias y ermitas, la Virgen sigue hoy presentándonos a su hijo, los sostiene entre sus brazos, en sus rodillas y nos lo ofrece para que los acojamos en nuestras vidas.

Es como si María, también a nuestra generación, al mostrarnos a Jesús, se nos presentase como modelo de evangelizador. Ella nos lo puede ofrecer por ser la mejor testigo. Es necesario entender lo importante que es el testimonio de vida, antes que de las palabras. Solo los testigos son creíbles, solo los que testifican con su vida, pueden tocar el corazón para llevarnos a Dios. La reflexión de Pablo VI  se mantiene plenamente actual: el hombre moderno escucha más a quien testifica con su vida que al que enseña con palabras, y si llegase a escuchar a los maestros, sería solo si son testigos. Por ello la figura de la Virgen María ilumina la misión evangelizadora de la Iglesia. Ella es evangelizadora porque es evangelio vivido. Es el gran referente a seguir y la meta a alcanzar, por parte del evangelizador de hoy, al presentar a nuestros contemporáneos la Palabra de salvación.

Tenemos por delante retos de un gran calado. La Iglesia está preparándose para vivir el Año de la Fe, que se inaugura en la víspera de la fiesta de la Virgen del Pilar, y del inicio del nuevo Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la trasmisión de la fe. La conversión del corazón del creyente, de cada uno de nosotros, para renovar nuestra fe y acoger y trasmitir el evangelio, se presenta ante nosotros como un gran reto que debemos afrontar de la mano de María.

También, la puesta en marcha de nuestro Plan diocesano de pastoral, es una tarea compleja que debemos abordar con ilusión y esperanza. La figura de Santa María va tener especial relevancia en todo el trabajo que podamos desarrollar, pero especialmente cuando profundicemos en la pastoral de los pueblos más pequeños, pues en muchos de ellos, la Madre de Jesús ha engendrado y sigue engendrando en la fe a muchos hermanos nuestros.

A Santa María, Estrella de la Nueva Evangelización, nos encomendamos nosotros y toda nuestra tarea evangelizadora.