Santa Navidad y Fructífero Año Nuevo

ZENIT felicita a sus lectores, benefactores y donantes

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Era el hijo de Dios y tenía el universo como hogar,

pero decidió nacer en un pesebre.

Ser supremo y perfectísimo,

decidió nacer pequeño y limitado en el vientre de María.

Los hombres se dirigían e invocaban a los dioses paganos, por eso

cuando él reveló quién era y porqué fue enviado entre la gente,

no le creyeron. No se había oído nunca de un Dios que fuese a buscar

a los hombres, para recordarles que habían sido hechos por amor y para amar.

Podía acabar con sus enemigos, en cambio enseñaba a perdonar

incluso a quienes querían matarle.

Era un Dios tan bueno, que no había afligido, pobre o enfermo al cual

no se acercara. Para todos tenía palabras de amor y consuelo. Estaba tan enamorado

de la humanidad que sufrió todos los dolores de la Pasión para lavar nuestros pecados.

De este modo, salvó incluso a aquellos que quisieron crucificarlo.

Su Nacimiento y su Resurrección han revolucionado la historia

y son la razón de nuestra infinita esperanza.

Y es este sentimiento de gratitud y de amor el que queremos difundir por el mundo.

Deseamos a ustedes y a sus familias, una Santa Navidad y un Año Nuevo colmado de gracias.

Cuenten por encima de todo, con nuestras oraciones.

El equipo y la redacción de ZENIT