Santa Sede a la ONU: No hay paz sin respeto de la dignidad humana

El arzobispo Migliore saca las cuatro lecciones de la segunda guerra mundial

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NUEVA YORK, martes, 10 mayo 2005 (ZENIT.org).- La paz y la seguridad globales sólo se pueden alcanzar si se respeta la vida y la dignidad del ser humano, afirmó la Santa Sede ante la asamblea general de las Naciones Unidas al conmemorar el sexagésimo aniversario de la segunda guerra mundial.



El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente vaticano ante la ONU, trazó este lunes en la sede de Nueva York las cuatro conclusiones que la humanidad debería sacar de aquel sangriento conflicto.

Al exponer su primera conclusión, el representante del Papa recordó que «entre las raíces de la segunda guerra mundial se encontraban la exaltación del Estado y de la raza, así como la orgullosa autosuficiencia de la humanidad basada en la manipulación de la ciencia, de tecnología y de la fuerza».

«La ley dejó de ser un medio para la aplicación de la justicia --recordó--, enseñándonos que, cuando el hombre pierde de mira sus aspiraciones trascendentes, se reduce a sí mismo y a los demás en un objeto, en un número o incluso en mera mercancía».

En segundo lugar, explicó monseñor Migliore, aquella guerra enseñó que, «aunque reconozcamos que, bajo determinadas circunstancias, un uso de la fuerza limitado y estrictamente condicionado podría ser inevitable para desempeñar la responsabilidad de defensa de todo Estado y de la comunidad internacional, estamos llamados a ser suficientemente realistas como para reconocer que las resoluciones de paz son posibles y que para alcanzarlas no debería ahorrarse ningún esfuerzo».

De hecho, siguió aclarando el prelado, «el reconocimiento de la trágica y devastadora naturaleza de la guerra y la común responsabilidad ante los conflictos pasados y presentes, nos lleva a preguntarnos no sólo si la guerra puede ser legal y legítima, sino sobre todo si es evitable».

«La paz y la seguridad global sólo se alcanzarán si la comunidad internacional respeta la vida humana y su dignidad, y si se compromete en el desarrollo económico y social de todo país, de todo hombre, mujer y niño», aseguró el representante vaticano.

La tercera lección de la segunda guerra mundial, enseña que «las políticas para acabar con la guerra y los planes operativos posbélicos son esenciales para restaurar la justicia y la paz, y para garantizar la seguridad».

El arzobispo pidió no sólo reflexionar sobre el derecho que justifica el uso de la fuerza «ius ad bellum»), y sobre el comportamiento ético en caso de guerra «ius in bello»; exigió que la comunidad internacional desarrolle una nueva dimensión: el «ius post bellum», el derecho después de la guerra .

Es decir, aclaró, es necesario buscar la manera de alcanzar «rápida y efectivamente el establecimiento de una paz justa y duradera» después de toda guerra, pues éste es el «único objetivo admisible del uso de la fuerza».

Para desarrollar esta nueva dimensión, consideró Migliore, «tienen que reforzarse y ampliarse» los instrumentos legales internacionales que afectan a la conducta y a las actividades después de la guerra.

En particular, propuso reconocer «los parámetros éticos que la conciencia y la sensibilidad modernas han desarrollado, como es el caso de la reconciliación, para ayudar a todas las partes involucradas a reanudar los lazos de amistad y de cercanía».

Elementos fundamentales para alcanzar este objetivo son «la seguridad y la estabilización de las naciones que salen de la guerra», la «solidaridad internacional en el proceso de reconstrucción de la estructura socioeconómica de esas sociedades».

Otros aspectos necesarios para lograr este objetivo son la «rehabilitación del ambiente después de que haya cesado el conflicto» y la promoción de la justicia a todos los niveles, «pues si se ha utilizado la fuerza por razones de justicia, ésta debe influenciar cada uno de los aspectos del proceso de construcción de la paz».

En cuarto y último lugar, el prelado subrayó el «nuevo énfasis» que ha cobrado el papel de las Naciones Unidas para la construcción de la paz.

Esta institución, concluyó, «hoy día ejerce sus funciones en una gran diversidad de campos»; ahora bien, «estas actividades no deberían distraernos de la condición "sine qua non" de la existencia de la organización, es decir, la paz entre las naciones».