Santa Sede-Croacia coinciden en ámbito jurídico, educativo, castrense y económico

Monseñor Dominique Mamberti glosó los veinte años de relaciones dipomáticas

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 30 octubre 2012 (ZENIT.org).- Intervención del secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti, en la conferencia con motivo del veinte aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Croacia, el de 29 octubre, celebrada en la Casina Pio IV en el Vaticano.

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Me alegra expresar mi saludo y felicitación en modo particular a usted señor presidente del gobierno de la República de Croacia, que nos honra con su participación, así como al señor embajador, que, con competencia y pasión, representa a un país tan cercano a la Santa Sede geográficamente y aún más histórica y religiosamente.

El tema que trataremos hoy es muy específico, porque se refiere a los veinte años de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Croacia, que justamente son calificadas de intensas en el mismo título de la conferencia. Sin embargo, no podemos tener una visión completa sin al menos aludir a la rica historia anterior al último ventenio.

Como premisa, querría recordar que, desde hace más de trece siglos, existen relaciones estrechas y cordiales entre la Santa Sede y Croacia. En este espíritu, me gusta pensar un paso atrás en la historia. En el lejano 879, en el mismo mes de junio en el que la Croacia moderna celebra cada año su propia indpendencia, el papa Juan VIII, en una carta dirigida al príncipe Branimir, le informaba de haber elevado oraciones al Señor para que "principatum terrenum, quem habes, prospere et securiter reggere possis". Este reconocimiento del "principado terreno" de Branimir tuvo naturalmente un relieve especial, habiendo sido realizado por la más alta autoridad eclesial y política del mundo cristiano de aquella época. Estos fuertes lazos entre Croacia y la Santa Sede no han disminuido a través de los siglos. En varias ocasiones, en el curso de la historia y en circunstancias no fáciles, los croatas demostraron fidelidad al Evangelio y al sucesor de Pedro.

El santo padre Benedicto XVI, durante su reciente visita pastoral a Croacia, subrayó tal aspecto diciendo: "Podemos contar más de trece siglos de fuertes y especiales vínculos, experimentados y consolidados en circunstancias a veces difíciles y dolorosas. Esta historia es testimonio elocuente del amor de vuestro pueblo por el Evangelio y la Iglesia. Desde los orígenes, vuestro país pertenece a Europa y a ella ofrece, en modo peculiar, la aportación de valores espirituales y morales que han plasmado durante siglos la vida cotidiana y la identidad personal y nacional de sus hijos". (Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Zagreb, 2 junio 2011).

Obviamente, nos referimos al pasado para comprender el presente y construir un futuro mejor. Por tanto, los valores espirituales y morales de los que habló el santo padre, deben inspirarnos cuando se adoptan decisiones para hoy y para mañana.

En la más que milenaria historia de Croacia, los últimos veinte años han sido de los más difíciles y al mismo tiempo cruciales para su futuro. Especialmente aquellos inmediatamente siguientes a la independencia. Sin embargo, los desafíos siguen. Hoy los croatas no pueden sino preguntarse sobre los valores sobre los que pretenden construir la vida de los individuos y de la del entero país".

El 13 de enero de 1992, la Santa Sede reconoció la independencia del país y el 29 de febrero del mismo año fue nombrado primer nuncio apostólico. Un fruto visible de estas relaciones diplomáticas establecidas en 1992 son los cuatro Acuerdos estipulados en el periodo que va de 1996 a 1998, relativos a los siguientes ámbitos: cuestiones jurídicas, colaboración en el campo educativo y cultural, asistencia religiosa a los miembros católicos de las Fuerzas Armadas y de la Policía, cuestiones económicas.

Un testimonio del afecto que la Santa Sede nutre por Croacia fueron las cuatro visitas de los sumos pontífices en los últimos veinte años: tres del beato Juan Pablo Paolo II, y la de Benedicto XVI. La primera visita tuvo lugar solo dos años después del establecimiento de relaciones diplomáticas. En la ceremonia de bienvenida, el 10 de septiembre de 1994, el papa en su discurso dijo: "Un evento de relevante significado ocurrió en 1992, cuando la caída del régimen comunista, la proclamación de la soberanía croata y el consiguiente reconocimiento internacional llevaron --por primera vez en la historia más que milenaria de la nación croata- al intercambio de representaciones diplomáticas entre Croacia y la Santa Sede".

A tal propósito, es de especial interés la ponencia del primer rapresentante pontificio, monseñor Giulio Einaudi, qu lamentablemente no ha podido estar presente. Su intervención recorrerá las etapas sobresalientes de la Actividad de la Nunciatura en Zagreb en los primeros años de la independencia. Ilustrando las intensas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Croacia, no podemos dejar de subrayar el papel importante de la Nunciatura Apostólica en tal proceso.

A través de las representaciones pontificias, la Santa Sede está en grado de facilitar el diálogo con las autoridades civiles, promover los contactos con las Iglesias locales y apoyar su presencia en la vida internacional. Como sanciona el Código de Derecho Canónico, además de su papel de representante del santo padre ante la Iglesia local, corresponde al nuncio apostólico promover y apoyar las relaciones entre la Sede Apostólica y la comunidad política e institucional y afrontar las cuestiones que se refieren a las relaciones entre la Iglesia y el Estado (cfr. can. 365, § 1). Como se sabe, el 21 de mayo pasado, el santo padre confirió tal encargo a monseñor Alessandro D’Errico, que con sabiduría y experiencia prosigue la obra de sus predecesores, haciendo todavía más intensas tales relaciones.

Un signo visible de la cordialidad de las relaciones es la actual presencia del presidente del gobierno de la República de Croacia, el señor Zoran Milanović. Auspicio vivamente que esto sea un ulterior estímulo para que las relaciones se hagan aún más estrechas, algunos nudos que están pendientes se deshagan y la colaboración sea cada vez más amigable y eficaz.

Aunque la Iglesia y la comunidad política actúen en niveles diversos y sean independientes la una de la otra, ambas sirven a los mismos sujetos que, al mismo tiempo, son fieles de la Iglesia y ciudadanos del estado. En este servicio hay amplio espacio para el diálogo y la cooperación, al servicio de la dignidad de cada hombre. En el centro de la mutua cooperación, está nuestro empeño compartido por el bien común y por la promoción de los valores espirituales y morales que confieren a la sociedad croata su sólido fundamento.

Concluyendo, deseo formular un vivo y sentido augurio de continuo progreso a la República de Croacia, tanto bajo el perfil material como, sobre todo, el espiritual. En concreto, auguro que, en el momento en que se proyecte y realice la aspiración de plena integración en la Unión Europea, Croacia refuerce su identidad y así sea fermento de bien para los otros países. Gracias.

Traducido del italiano por N.S.M.