Santa Sede: la educación, clave para garantizar la seguridad en la carretera

Monseñor Marchetto en la primera Conferencia Ministerial Global sobre el tema

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MOSCÚ, jueves 19 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Con su potencial educativo, las instituciones eclesiales pueden proporcionar una preciosa contribución a la instauración de una sociedad caracterizada por la seguridad en la carretera.

Así lo afirmó el arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral con Migrantes e Itinerantes, al intervenir hoy en Moscú como representante de la Santa Sede en la “Primera Conferencia Ministerial Global sobre la seguridad en la carretera: el tiempo de acción”, que se celebra hasta mañana viernes.

La Conferencia, como explicó el prelado, tiene el objetivo de “mejorar la seguridad del tráfico global a través de medidas concretas y apropiadas”.

La Iglesia católica, recordó, ve la movilidad sobre todo como “un desarrollo positivo para la humanidad”.

En todas sus formas y sus aspectos, de hecho, “es una característica de la vida humana y del desarrollo cultural, que son, a su vez, inseparables del desarrollo de economías apropiadas”.

Los diversos sistemas de transporte, subrayó el arzobispo, permiten “encontrar trabajo adecuado y beneficiarse, entre otras cosas, de servicios básicos en el ámbito sanitario, social y cultural”.

De la misma forma, la movilidad tiene también “una función social y de mercado fundamental, en cuanto que los bienes pueden ser transportados de su lugar de producción a través de redes apropiadas de distribución para después llegar al consumidor”.

Tanto si sucede por objetivos económicos, sociales, didácticos o recreativos, la movilidad proporciona por tanto un “vínculo humano entre las personas y las culturas y favorece la interacción y el diálogo humano”.

El fenómeno, recordó el prelado, no está con todo exento de problemas, que plantean “desafíos urgentes para las instituciones y los individuos”.

En este contexto, la Iglesia intenta afrontar estas cuestiones “promoviendo una conciencia renovada de las responsabilidades morales relacionadas con la movilidad, como la observancia de las normas de tráfico, que es necesaria para evitar accidentes y tragedias”.

Con este fin, el dicasterio del que el arzobispo es secretario ha publicado, por ejemplo, un documento específico en 2007, las “Orientaciones para la Pastoral de la calle”, que busca “promover una mejor coordinación entre las diversas actividades e iniciativas de la Iglesia, incluida la colaboración con las autoridades civiles de cara a animar y estimular a las Conferencias Episcopales de los distintos países para desarrollar y promover este cuidado pastoral, allí donde sea posible”.

Importancia de la instrucción

Sobre la seguridad en la carretera, monseñor Marchetto explicó que tanto la Iglesia como el Estado están llamados – “cada uno en su propia esfera de responsabilidad” – a proporcionar una instrucción adecuada a los problemas y a las actitudes ligadas a la seguridad en el tráfico.

Si el Estado “tiene un papel que jugar a nivel político, administrativo, penal, ligado al trabajo, técnico y civil”, también la Iglesia puede contribuir a alcanzar estos objetivos, “principalmente a través del potencial educativo que tienen las instituciones eclesiales, sobre todo para niños y jóvenes”.

En este esfuerzo de prevención, la escuela es de hecho “de vital importancia” porque en ella los jóvenes “aprenden el respeto por las demás personas y se convierten conscientes de que los problemas del tráfico forman parte del uso y del disfrute de los bienes comunes y deberían ser tratados con sensibilidad”.

“La formación prioritaria debería llegar también a las familias, en las que los padres y los miembros más ancianos son invitados no solo a reconsiderar sus propias actitudes hacia los problemas generales relativos a la seguridad en el tráfico, sino a transmitirlas a los miembros más jóvenes, acrecentando la conciencia no sólo entre los automovilistas, sino también entre los usuarios de la carretera de diverso tipo: en este grupo están los ancianos y los inválidos”, añadió el arzobispo.

Aunque los nuevos medios de transporte son hoy “una de las más deseables expresiones de la tecnología”, que es “una expresión de la libertad humana”, esta última es realmente auténtica “sólo cuando responde a la fascinación de la tecnología con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral”, reconoció.

“Conseguir esta responsabilidad es la clave para tener éxito en nuestro trabajo común” concluyó monseñor Marchetto. “La Santa Sede busca un modo de cooperar y promover asociaciones en todas estas esferas diferentes con el fin de hacer también nuestras calles y medios de transporte más seguros para todos”.

[Por Roberta Sciamplicotti, traducción del italiano por Inma Álvarez]