'Santa Sede y República Islámica de Irán por la paz en el mundo'

Mohammad Taher Rabbani, embajador de Teherán ante el Vaticano, habla en exclusiva a ZENIT sobre diálogo interreligioso y del acuerdo de Ginebra sobre actividad nuclear

Roma, (Zenit.org) Federico Cenci | 904 hits

El pasado 24 de noviembre el planeta suspiró aliviado, en Ginebra, en una noche agitada, Irán y los países del Grupo 5 +1 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania) alcanzaron un acuerdo sobre el programa nuclear de Teherán. Irán se comprometió a limitar el enriquecimiento de uranio hasta el 5 % y autorizó a la Aiea (Agencia Internacional para la Energía Atómica) la inspección de sus instalaciones nucleares. A cambio, le aseguración de una suspensión de las sanciones por seis meses.

Ciertamente, una negociación de importancia similar no finaliza con un apretón de manos entre jefes de Estado. Pero ya el gesto y la firma del acuerdo representan un paso adelante que aleja al mundo de la desastrosa hipótesis de agresión a Irán. Todavía hace algunos meses, ilustres analistas y politólogos sostenían con firme certeza que un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán era un escenario inevitable y definían las negociaciones entre Teherán y el Grupo 5+1 como “vacíos ejercicios académicos de diplomacia”.

Los hechos lo han desmentido, demostrando que el diálogo puede suavizar las crisis aparentemente irresolubles y acercar culturas diferentes. Las sólidas relaciones diplomáticas que existen entre la Santa Sede y la República Islámica de Irán constituyen un ejemplo válido en este sentido.

ZENIT se ha encontrado en exclusiva con el embajador, Mohammad Taher Rabbani, que  presentó las Cartas Credenciales en el pasado mes de junio. Con él, en la entrevista que sigue, hemos hablado del acuerdo de Ginebra y de diálogo interreligioso.

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Vuestro presidente Hassan Rohani dijo que “las amenazas no pueden llevar ningún fruto”, y firmó un acuerdo histórico sobre el nuclear. ¿Qué nos puede decir al respecto? ¿Puede explicar de qué se trata?

--En el nombre de Dios clemente y misericordioso, le doy las gracias por haber venido como huésped aquí en este periodo de Navidad. Mi deseo es que el próximo año sea un año de paz para todo el mundo.

Como sabe, Irán forma parte de los firmantes del Tratado de no proliferación nuclear, como consecuencia es su derecho hacer uso pacífico de la energía nuclear. Este Tratado, por otra parte, no pone ningún límite a un uso pacífico de  la energía nuclear, como está expresamente escrito en el artículo 4. Por lo tanto Irán se está moviendo sobre la base de las reglas de la Agencia internacional para la energía atómica y –añado – sobre la base de nuestras enseñanzas religiosas, que rechazan el uso de armas nucleares. En este sentido es útil recordar que nuestra Guía suprema, el ayatolá Alì Khamenei, en el 2012 emitió una fatwa que prohíbe la producción, el almacenamiento y el uso de armas nucleares. En el reciente acuerdo de Ginebra se reafirmó este derecho. Después de 10 años de encuentros, las seis potencias mundiales del Grupo 5+1 han aceptado y firmado el derecho de Irán a continuar a enriquecer el uranio hasta el 5% en el propio territorio. Desde un punto de vista político, este acuerdo recubre una importancia enorme para Irán, ya que ha hecho finalmente prevalecer la lógica del diálogo por la paz sobre la lógica de la violencia y de la intervención militar. Este acuerdo prevé por tanto que algunas de las sanciones bancarias serán suspendidas, serán atenuadas las dificultades relacionadas con la aseguración de los petroleros y la transferencia de dinero que deriva de la venta de petróleo. Durante seis meses Irán se compromete a suspender la actividad de enriquecimiento de uranio, nuestra esperanza es que Occidente aproveche este periodo para dar confianza a Irán y renovar las relaciones. Este suceso de Ginebra ha demostrado que los acuerdos se establecen sobre la base del respeto recíproco y no sobre la base de las sanciones.

¿Qué daños han provocado a la población las sanciones impuestas a vuestro país? ¿En qué medida prevé que serán reducidas al finalizar los seis meses de suspensión de actividad nuclear?

--Debo decir sobre todo que en estos embargos injustos, si de un lado nos han dañado, por otro nos han ofrecido ventajas. La primera de todas ha sido el fortalecimiento de la unión entre el Gobierno y el pueblo iraní. El gran pueblo iraní ha respondido con fuerza a estas sanciones ilícitas, aunque también ha sufrido daños enormes. Pongo un ejemplo que Occidente, que se dice defensor de los derechos humanos, debería siempre impedir: algunas personas afectadas de enfermedades graves necesitaban recibir medicinas particulares que, a causa del embargo, no podían recibir. Sin embargo, el gran pueblo iraní ha luchado siempre para hacer valer su derecho. Hay testimonios de muchos jóvenes científicos que han sido asesinados por mercenarios de regímenes enemigos. Episodios que no han desanimado a los iranís. Esto se ha visto durante las últimas elecciones presidenciales, que han contado con la participación de la gran mayoría de los electores.

Mi previsión es que en un futuro se podrá llegar a un acuerdo definitivo, estos seis meses representan la oportunidad para resolver finalmente las cuestiones nucleares. Con la firma del acuerdo definitivo y global después de estos seis meses, todas las sanciones impuestas por la Organización de las Naciones Unidas y las unilaterales impuestas por América y Occidente deberían ser eliminadas.

¿De qué forma la Santa Sede y el papa Francisco podrían ayudar en este proceso de paz?

--Tanto la Santa Sede, en cuanto orden religiosa que guía a la Iglesia católica, como su santidad el papa Francisco, pueden proponer una diplomacia con el fin de alcanzar la paz. Justicia, paz y desarrollo en los discursos del papa Francisco y en los del ayatolá Khamenei iluminan nuestra vía para alcanzar una colaboración que definiría como diplomacia religiosa multilateral. Por otro lado, también monseñor Pietro Parolín, Secretario de Estado vaticano, durante un discurso sobre la verdadera diplomacia en las enseñanzas de las religiones monoteístas, definió diplomacia como “el arte de la esperanza”.  A mi parecer esta visión va promovida en el mundo, ya que hoy vivimos una situación crítica que puede ser resuelta solamente por una diplomacia que de esperanza. Este tipo de diplomacia pertenece también al programa político del presidente Rohani.

(La segunda parte de la entrevista será publicada mañana, 24 de diciembre)

Traducido del italiano por Rocío Lancho García