«Santidad», «arte verdadero» y «universalidad» definen la música sacra, recuerda el Papa

En su visita al Pontificio Instituto de Música Sacra

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 15 octubre 2007 (ZENIT.org).- Como decía su amado predecesor Juan Pablo II, la música sacra litúrgica se distingue, «hoy como siempre», por «tres características»: «la santidad, el arte verdadero, la universalidad», esto es, «la posibilidad de ser propuesta a cualquier pueblo o tipo de asamblea», recuerda Benedicto XVI.

Por ello --señala-- «la autoridad eclesiástica debe empeñarse en orientar sabiamente el desarrollo de un género de música tan exigente, no "congelando" su tesoro, sino procurando introducir en la herencia del pasado las novedades válidas del presente, a fin de llegar a una síntesis digna de la elevada misión a ella reservada en el servicio divino».

Así alentó el Papa al Pontificio Instituto de Música Sacra (PIMS) –cuya sede visitó el sábado--, «seguro de que», «en armónica sintonía con la Congregación para el Culto Divino, no dejará de ofrecer su contribución por una "actualización" adaptada a nuestros tiempos de las preciosas tradiciones de las que es rica la música sacra».

Institución académica y científica erigida por la Sede Apostólica, el PIMS de Roma enseña las disciplinas litúrgico-musicales bajo el perfil práctico, teórico e histórico en los diversos aspectos y culturas.

Igualmente promueve el conocimiento y la difusión del patrimonio tradicional de la música sacra favoreciendo sus expresiones artísticas adecuadas a las culturas actuales.

Por encargo de la Iglesia, este Pontificio Instituto también busca prestar un servicio a las Iglesias locales de todo el mundo para la formación de músicos de Iglesia y de los futuros profesores y responsables en el campo de la música sacra.

Es Gran Canciller del PIMS el cardenal Zenon Grocholewski –prefecto de la Congregación vaticana para la Educación Católica; su director es monseñor Valentín Miserachs Grau.

Con su visita a la institución, Benedicto XVI inauguró y bendijo diversas labores de restauración efectuadas en los últimos años gracias a la iniciativa de la Santa Sede y a la contribución de varios benefactores, como la «Fundación Pro Musica e Arte Sacra».

El Santo Padre quiso aprovechar la ocasión para recordar lo que señaló el Concilio Vaticano II respecto a la música sacra, la cual «constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne» (v. Sacrosanctum Concilium,112).

«¡Qué rica es la tradición bíblica y patrística al subrayar –recalcó Benedicto XVI— la eficacia del canto y de la música sacra para mover los corazones y elevarlos a entrar, por así decirlo, en la propia intimidad de la vida de Dios!».

Por todo ello el Papa animó a los profesores y alumnos del PIMS en su «exigente y a la vez apasionante» tarea, «en la conciencia de que constituye un valor de gran relevancia para la vida misma de la Iglesia».

En su saludo, el cardenal Grocholewski renovó a Benedicto XVI el compromiso del Instituto «de proseguir su servicio eclesial para cultivar la música más noble que existe, la música que alaba a Dios, que se introduce orgánicamente en la liturgia de la Iglesia como su componente significativo, que expresa la alegría de la liturgia y le atribuye una dimensión específica».

El PIMS reúne alumnos de toda parte del mundo, con una fuerte presencia de los países de Hispanoamérica, de Europa del Este y del lejano Oriente, así como de las jóvenes Iglesias africanas, de Italia y, en menor proporción, de otros países de Europa occidental.

En los últimos años estos alumnos superan el centenar; el cuerpo docente está formado por una veintena de profesores. Se imparten y ejercitan, de la música sacra, las cinco ramas del tronco común del Instituto: canto gregoriano, órgano, composición, dirección coral y musicología.

San Pío X erigió en 1911 la Escuela Superior de Música Sacra. Tras sucesivas iniciativas de Benedicto XV y de Pío XI, se convirtió en el Pontificio Instituto de Música Sacra.