Sao Paulo revive el ambiente de una Jornada Mundial de la Juventud

Asistieron 35.000 al encuentro especial en el estadio Pacaembu

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SÃO PAULO, viernes, 11 mayo 2007 (ZENIT.org).- 35.000 voces entonaban la frase «Benedicto, Bendito, Bienvenido, nuestro pueblo te acoge con amor», cuando Benedicto XVI llegó al estadio de Pacaembu, zona oeste de São Paulo, en el inicio de la noche del 10 de mayo, para el encuentro especial con la juventud.



El pontífice salió del Monasterio de San Benito en papamóvil en torno a las 17,45, hora de Brasilia. Siguió por las calles del centro de São Paulo hasta llegar al Pacaembu, alrededor de las 18,15 horas.

Dentro del estadio, 35.000 jóvenes lo esperaban ya desde primeras horas de la tarde. En el tiempo que precedió a la llegada del pontífice, mucha música alegró el ambiente.
Cuando supieron que el Papa se aproximaba al estadio, los jóvenes empezaron a ensayar un grito de acogida que decía: «¡Papa, nosotros también te queremos!».

Al inicio de la ceremonia, se hizo un homenaje a la Amazonia, en alusión al tema de la Campaña de Fraternidad (durante la Cuaresma) de la Iglesia en Brasil este año.
Se cantó una canción en la que se repetía «Amazonia, Amazonia, está prohibido quemar. Amazonia, Amazonia, está prohibido matar».

En seguida, cinco jóvenes hablaron al Papa testimoniando algún aspecto específico de la juventud. Se tocaron temas como la construcción de la civilización del amor, justicia, educación y el mundo del trabajo.

Jóvenes focolares subieron al escenario y presentaron danzas típicas de Brasil. El colorido de las congadas, catiras, capoeira, frevo, entre otros, manifestaban la mezcla de culturas que ha conformado el país, en estos poco más de 500 años de evangelización cristiana.

Tras la lectura del Evangelio, el Papa habló suscitando el entusiasmo en la multitud. El pontífice fue interrumpido por aplausos y expresiones de afecto 27 veces durante su alocución.

«Me gustaría daros un abrazo bien brasileño a todos vosotros», confesó entre aplausos.

Al recordar brevemente la figura de su predecesor, Juan Pablo II, el Santo Padre sonrió al ver que los jóvenes gritaban «Santo», «Santo».

Tras su discurso, largamente aplaudido, todo el estadio, liderado por Eugenio Jorge, de Misión Mensaje Brasil, y Adriana Pereira, cantó para el Papa «Ninguno te ama como yo».

Tras dar la bendición, Benedicto XVI regresó al Monasterio de San Benito en coche cerrado. Ya en el Monasterio, una vez más, la quinta en este día, en torno a las 21 horas saludó a los fieles que le esperaban.