Satisfacción de la Santa Sede por el acuerdo contra las «bombas de racimo»

Declaraciones del arzobispo Tomasi, observador permanente en Ginebra

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ROMA, martes, 27 febrero 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha manifestado su satisfacción tras el acuerdo con el que concluyó la conferencia internacional de Oslo el 23 de febrero contra las «bombas de racimo».



«La reunión ha sido más positiva de lo que se esperaba, de manera que se abre una puerta muy amplia», ha afirmado el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

«La declaración final, si bien es una declaración política, tiene el gran valor de forzar a la comunidad internacional a dotarse de un documento jurídico que prohíba este tipo de armas», ha añadido en declaraciones a «Radio Vaticano».

Cuarenta y seis países se comprometieron en la conferencia a impulsar en 2008 la prohibición mundial del uso, venta y producción de bombas racimo, que tienen «consecuencias humanitarias inaceptables».

De los 49 países asistentes, sólo tres --Japón, Polonia y Rumania-- se negaron a suscribir la declaración final.

En la reunión no participaron Rusia, China ni Estados Unidos.

La Santa Sede, asegura el prelado, «se ha comprometido desde el primer momento en la presentación de propuestas concretas para llegar a estos pasos que se están dando en estos días».

Las bombas de racimo («cluster munitions», en inglés) son un tipo de arma que ha matado a gran cantidad de civiles, con efectos frecuentemente indiscriminados, y que se encuentra almacenada en grandes cantidades en más de 70 países.

Las bombas de racimo contienen un dispositivo que, al abrirse, libera un gran número de pequeñas bombas. Estas «sub-municiones» causan diferentes daños, como la perforación de vehículos blindados con su carga explosiva, hieren o matan al mayor número de personas posible con sus fragmentos de metralla, o provocan incendios…