Se debe dar un testimonio sincero y decidido en contra de las divisiones

El santo padre recordó su viaje al Líbano durante la Audiencia general

| 1649 hits

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 septiembre 2012 (ZENIT.org).- Durante la Audiencia general de esta mañana, el papa Benedicto XVI hizo un relato suscinto de su reciente viaje apostólico al Líbano, donde se ha sentido, en sus propias palabras, “conmovido por el sincero deseo de anunciar la paz que el Señor resucitado dio a sus discípulos.”

Recordó también que el objetivo principal del viaje fue la entrega de la Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, a los representantes de la Iglesia católica en esta convulsionada parte del mundo, así como a los patriarcas de las iglesias ortodoxas y a los líderes musulmanes que fueron a su encuentro en cada una de sus actividades.

El papa destacó el ambiente de diálogo que se vivió en un país donde, por una larga tradición, coexisten y cooperan entre sí los diferentes componentes religiosos y sociales. Y, consciente del sufrimiento y de las tragedias que se dan en esa zona del Medio Oriente, quiso expresarles su “sincera cercanía y llevarles un mensaje de aliento y de paz”.

Durante su intervención recordó la difícil situación en Irak y el conflicto que atormenta a Siria, que viene provocando miles de muertos y una corriente de refugiados que se esparcen en la región buscando seguridad.

Mensajero de la paz

El santo padre se mostró agradecido con Dios por que durante la visita ha podido percibir “el ardor de la fe y el testimonio de los católicos libaneses”, quienes fueron a su encuentro por cientos de miles. Destacó también el hecho de que los representantes de las comunidades eclesiales y de las otras Iglesias, así como las diversas comunidades musulmanas, “han vivido con entusiasmo y en un ambiente relajado y constructivo, una valiosa experiencia de respeto mutuo, de comprensión y de fraternidad, que constituye un fuerte signo de esperanza para toda la humanidad”.

Junto a sus palabras de agradecimiento a los organizadores locales y de la Santa Sede, puso de relieve la gran acogida que le dio el presidente de la República y las intancias del gobierno. Resaltó como un hecho significativo, “el respeto y la consideración sincera” que le prodigaron los musulmanes –líderes y fieles--, lo que fue motivador para incluir en sus discursos “un mensaje de diálogo y colaboración entre el cristianismo y el Islam”.

Como un llamado que se extiende más allá de su visita al Medio Oriente, dijo hoy: “Me parece que ha llegado el momento de dar un testimonio sincero y decidido en contra de las divisiones, contra la violencia, contra la guerra”. Sin lugar a dudas, un punto de partida y una decisión firme del sumo pontífice ante la que los católicos no se echarán para atrás.

Una experiencia inolvidable

Al iniciar el recorrido de los distintos momentos de su visita apostólica, resaltó el encuentro en la Basílica Grego-Melquita de San Pablo en Harissa, donde firmó la Exhortación Ecclesia in Medio Oriente. Allí el papa Benedicto XVI reiteró su cercanía a los fieles de las iglesias católicas mediorientales --“pequeño rebaño” como los llamó--, a la vez que los exhortaba “a fijar la mirada en Cristo crucificado para encontrar la fuerza, incluso en situaciones difíciles y dolorosas, para celebrar la victoria del amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza y de la unidad sobre la división”.

Recordó su encuentro con los representantes de las instituciones de la República y del mundo de la cultura, del cuerpo diplomático y con los líderes religiosos, a quienes les dejó trazado un camino a seguir: “Trabajar para que las diferencias culturales, sociales y religiosas terminen en el diálogo sincero, en una nueva fraternidad”.

Destacó también la muy comentada reunión con los jefes de las comunidades religiosas musulmanas, dando gracias a Dios por este encuentro, “que se llevó a cabo en un espíritu de diálogo y de benevolencia mutua”, señales que el mundo de hoy necesita, según su propio sentir.

En su encuentro con la juventud en la explanada del Patriarcado maronita, el santo padre recordó el entusiasmo incontenible con que fue recibido por miles de jóvenes libaneses y de los países vecinos. Durante la cita, les hizo ver la suerte que tienen de vivir en esa parte del mundo donde vivió Jesús, y los exhortó “a la fidelidad y al amor por su tierra, a pesar de las dificultades causadas por la falta de estabilidad y de seguridad”; animándolos también “a ser firmes en la fe, confiados en Cristo, fuente de nuestra alegría, y a profundizar la relación personal con Él en la oración, así como a estar abiertos a los grandes ideales de la vida, de la familia, de la amistad y de la solidaridad”.

Fue una cita que convocó a jóvenes cristianos y musulmanes, razón por la cual el papa los animó “a construir juntos el futuro del Líbano y del Medio Oriente, y a oponerse juntos a la violencia y a la guerra”.

Otro momento destacado por Benedicto XVI en la Audiencia de hoy, fue la participación de cientos de miles de fieles durante la Misa en el Waterfront City Center de Beirut. Allí su mensaje fue un llamado “a vivir la fe y a dar testimonio sin miedo, sabiendo que la vocación del cristiano y de la Iglesia es llevar el Evangelio a todos sin distinción, siguiendo el ejemplo de Jesús”. Y a pesar de que allí se vive en medio de ásperos conflictos, hizo un llamado de atención “sobre la necesidad de servir a la paz y a la justicia, convirtiéndose en instrumentos de reconciliación y constructores de comunión”.

La ocasión fue propicia para que al final de dicha ceremonia, el papa entregara el documento postconciliar a los Patriarcas y a los obispos orientales y latinos, así como a un grupo representativo de sacerdotes, consagrados y laicos, cuyo fin fue “sostenerlos en la fe y en la comunión, para animarlos en el camino de la tan deseada nueva evangelización”, según dijo.

Recordó también con gozo la reunión ecuménica que tuvo esa misma tarde en la sede del Patriarcado Siro-católico, con los Patriarcas ortodoxos y ortodoxos orientales, y con los representantes de las otras Iglesias.

De este modo, el papa ha querido confiar a sus oyentes del mundo entero que los días transcurridos en el Líbano han sido para él, “una maravillosa manifestación de fe y de intensa religiosidad y un signo profético de la paz”. Y mantiene la esperanza de que los diversos mensajes de paz y de respeto que dio, “puedan ayudar a los gobernantes de la región a dar pasos decisivos hacia la paz y hacia una mejor comprensión de las relaciones entre cristianos y musulmanes”.

Antes de concluir, el santo padre invocó la protección de la Virgen María, ampliamente venerada en los santuarios libaneses, y ha asegurado a las poblaciones del Medio Oriente la compañía de su oración, “a fin de que permanezcan fieles a los compromisos asumidos”.

Como es costumbre, el papa leyó un resumen de su catequesis en diversas lenguas y dirigió sentidos saludos a los grupos de peregrinos de las distintas nacionalidades. Finalizó la Audiencia con el rezo del Pater Noster y la bendición apostólica. (javv)

Saludo a los peregrinos en lengua española

Al final de la Audiencia, Benedicto XVI se dirigió a los peregrinos de lengua española con las siguientes palabras: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Colombia, Venezuela, Argentina, y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias al Señor que me ha concedido vivir esta visita apostólica. Confiemos a la materna intercesión de María los propósitos de bien y las justas aspiraciones de todo el Oriente Medio”.