Se engaña quien piense desanimar al papa

Nota del director de la Sala de Prensa de la Santa Sede sobre la reciente publicación de documentos relativos al Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 15 febrero 2012 (ZENIT.org).- Reproducimos a continuación la Nota del padre Federico Lombardi SJ, sobre la fuga de documentos que miran a “crear confusión y desconcierto y a facilitar una visión negativa del Vaticano”. La Nota, difundida este lunes por Radio Vaticano, define la historia de un presunto complot contra Benedicto XVI, como “un delirio, una locura”, que “no merece ser tomada en serio”.

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Hoy debemos tener todos los nervios templados porque nadie se puede asombrar de nada. La administración estadounidense ha tenido wikileaks, el Vaticano tienen ahora sus leaks, sus fugas de documentos que tienden a crear confusión y desconcierto y a facilitar una visión negativa del Vaticano, del gobierno de la Iglesia y más ampliamente de la misma Iglesia.

Por tanto, calma y sangre fría, y mucho uso de la razón, cosa que no todos los medios tienden a hacer. Son documentos de naturaleza y peso diversos, nacidos en tiempos y situaciones diversas: unos son las discusiones sobre la mejor gestión económica de una institución con muchas actividades materiales como el Gobernatorado; otros son apuntes sobre cuestiones jurídicas y normativas en curso de discusión y sobre los cuales es normal que haya opiniones diversas; otros son memoriales delirantes que nadie con la cabeza en su sitio ha considerado serios, como uno reciente sobre el complot contra la vida del Papa. Pero tanto da; poner todo junto ayuda a crear confusión. Una información seria debería saber distinguir las cuestiones y comprender su diferente significado. Es obvio que las actividades económicas del Gobernatorado deben ser gestionadas sabiamente y con rigor; está claro que el IOR y las actividades financieras deben integrarse correctamente en las normas internacionales contra el lavado de dinero. Estas son evidentemente las indicaciones del Papa. Mientras que es evidente que la historia del complot contra el Papa, como dije inmediatamente, es un delirio, una locura, y no merece ser tomada en serio. Ciertamente hay algo triste en el hecho de que se pasen con deslealtad documentos del interior al exterior para crear confusión. Existe responsabilidad de una y otra parte. Sobre todo por parte de quien proporciona este tipo de documentos, pero también de quien se ocupa en usarlos para fines que no son ciertamente amor a la verdad. Por ello debemos resistir y no dejarnos absorber por el abismo de la confusión, que es lo que los malintencionados desean, y permanecer capaces de razonar.

En cierto sentido –es una antigua observación de la sabiduría humana y espiritual- la existencia de ataques más fuertes es signo de que está en juego algo importante.

A la gran serie de ataques a la Iglesia sobre el tema de los abusos sexuales respondió justamente un empeño serio y profundo de renovación clarividente. No una respuesta de corto alcance, sino de purificación y renovación. Ahora hemos asumido la situación y desarrollamos una fuerte estrategia de curación, renovación y prevención para el bien de toda la sociedad. Al mismo tiempo, se sabe que está en curso un empeño serio para garantizar una verdadera transparencia del funcionamiento de las instituciones vaticanas también desde el punto de vista económico. Se han publicado nuevas normas. Se han abierto canales de relaciones internacionales para el control. Ahora, varios de los documentos recientemente difundidos tienden precisamente a desacreditar este empeño. Paradójicamente, esto es una razón más para proseguirlo con decisión sin dejarnos impresionar. Si tantos se ensañan, se ve que es importante. Quien piensa desanimar al Papa y a sus colaboradores en este empeño se equivoca y se engaña.

En cuanto a la cuestión de las pretendidas luchas de poder ante el próximo cónclave, invito a observar que los pontífices elegidos en este siglo han sido todos personalidades de altísimo e indiscutido valor espiritual. Está claro que los cardenales han buscado y buscan elegir a alguien que merezca el respeto del pueblo de Dios y pueda servir a la humanidad de nuestro tiempo con gran autoridad moral y espiritual. La lectura en clave de luchas de poder internas depende en gran parte de la tosquedad moral de quien la provoca y de quien la hace, que a menudo no es capaz de ver otra cosa. Quien cree en Jesucristo por fortuna sabe que –al margen de lo que se diga o escriba hoy en los periódicos- las verdaderas preocupaciones de quien tiene la responsabilidad en la Iglesia son más bien los problemas graves de la humanidad de hoy y de mañana. No por nada creemos y hablamos también de asistencia del Espíritu Santo.