¿Se puede investigar con animales?

El caso de la Universidad de Cambridge relanza el debate

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LONDRES, 6 de diciembre de 2003 (ZENIT.org).- Las autoridades británicas han dado su aprobación a un nuevo laboratorio de investigación en la Universidad de Cambridge que prevé la utilización de cerebros de primates, informó el 22 de noviembre el diario Telegraph. La aprobación ha tenido lugar tras un largo debate, si bien los grupos de defensa de los derechos de los animales se han comprometido a continuar con las protestas.



El viceprimer ministro británico, John Prescott, dio la aprobación final al laboratorio para que estudiara problemas cerebrales, tales como el autismo y la enfermedad de Alzheimer. El futuro del centro no está todavía asegurado, puesto que los costes proyectados de construcción han subido sustancialmente debido a que el proceso de aprobación se ha alargado cinco años.

La Universidad de Cambridge ha defendido el proyecto, alegando que es vital para la investigación de las enfermedades neurológicas. Pero las autoridades del gobierno local se pronunciaron contra la universidad. Una apelación de la universidad condujo a un proceso público el año pasado, llevando finalmente a la aprobación después de que el gobierno británico declarara su apoyo.

Aplaudiendo la decisión, Colin Blakemore, director ejecutivo del Consejo de Investigación Médico, afirmaba: «Sabemos que mucha gente encuentra deplorable la utilización de primates en la investigación médica, pero se necesita la instalación de investigación de Cambridge para permitir que los científicos encuentren tratamiento para enfermedades que amenazan la vida. Algunas veces los primates son la única opción».

El centro de investigación propuesto levantó las pasiones. Una demostración que tuvo lugar en octubre reunió en el lugar propuesto a cerca de 500 personas, informó el 11 de octubre la BBC. El director de la organización de derechos de los animales Animal Aid, Andrew Tyler, decía que el sufrimiento de los animales era considerable. «Esto de va de abrir los cerebros de los monos, destruir partes del cerebro con productos químicos y cirugía», afirmaba refiriéndose a la investigación.

Durante el proceso público llevado a cabo el año pasado, el diario británico Independent explicaba el 27 de noviembre de 2002 la racionalidad de los experimentos con monos. La investigación utilizando primates está regulada por la ley británica, que requiere una licencia para experimentar con primates. Además, sólo se pueden usar monos, y no grandes primates como chimpancés o gorilas.

El artículo observaba que los animales comúnmente utilizados en los experimentos, como las ratas, no tienen bien desarrollado el córtex, la estructura externa del cerebro asociada a los procesos mentales humanos más avanzados. Según la Research Defense Society, una organización que representa a los donantes que patrocinan la investigación médica que implica animales, la semejanza entre el córtex y los lóbulos frontales de los primates con los de los seres humanos convierte a los monos en los sujetos para recrear los desórdenes cerebrales humanos.

Antes de la aprobación final, el ministerio del interior británico llevó a cabo una investigación sobre los estudios con monos que ya se realizan en Cambridge, informó el 12 de febrero el Telegraph. La investigación fue provocada por la afirmación de la British Union for the Abolition of Vivisection de que la universidad era culpable de crueldad con los monos tití usados para la investigación cerebral. Los activistas de la organización se infiltraron en uno de los laboratorios y publicaron un informe. Sin embargo, el ministerio del interior concluyó que la investigación se conduce bien y no hay engaño sobre la cantidad de sufrimiento que experimentan los animales.

Las instalaciones en el banquillo de los acusados
Otras instalaciones de animales también están levantando protestas, observaba el diario Guardian el 27 de octubre. Es el caso de Chris Hall, un granjero que cría cerdos de Guinea para experimentos en el pueblo de Newchurch. Ha convivido con las protestas a las puertas de su granja durante los últimos cuatro años. Las en una ocasión pacíficas demostraciones se han convertido hace poco en episodios de violencia contra su familia y muchos de sus socios. La policía dijo que había habido una escalada de actividad criminal, desde el vandalismo hasta el incendio. Peor, se han colocado explosivos cerca de los hogares de sus empleados y se ha cortado la electricidad de todo el pueblo.

El año pasado hubo 2,75 millones de procedimientos científicos utilizando animales, según el Guardian. Esto representa la mitad de todos los realizados en los últimos 30 años. En total las investigaciones y pruebas con animales representan el 10% de toda la investigación biomédica. La gran mayoría de los experimentos, el 84%, implica ratas, ratones y otros roedores; otro 12% se lleva a cabo con peces, anfibios, reptiles y pájaros. Ovejas, vacas y cerdos suman otro 2,1%, y perros y gatos un mero 0,3%. Los animales de debate en el caso del laboratorio de Cambridge – monos tití y macacos- suman sólo el 0,1% de la investigación.

Un estudio sobre investigación con animales llevado a cabo en el 2002 por un comité de pares de la Cámara de los Lores llevó, a principios de este año, a una comisión del gobierno para reducir más el número de animales implicados, informó la BBC el 20 de enero.

El gobierno británico defendía la forma en que se está llevando a cabo actualmente la investigación con animales, afirmando que el sistema de regulación era riguroso y apropiado. Las organizaciones en pro del bienestar de los animales han quedado insatisfechas. Las organizaciones sostienen que el sistema de licencias opera como un club de viejos amigos, con decisiones hechas en secreto por científicos que generalmente están a favor de los experimentos con animales.

Defensa de la utilización
La investigación con animales sigue teniendo defensores. El 24 de abril en el Guardian, Nick Wright, jefe de patología en el Cancer Research UK, escribía que cientos de miles de pacientes diabéticos por todo el mundo siguen vivos hoy en día gracias a las inyecciones de insulina. Los investigadores identificaron la insulina como la respuesta a la diabetes a través de experimentos con perros.

Wright explicaba que algunos tipos de investigación son posibles solamente si se utiliza un organismo vivo como es un animal. Añadía que los científicos que utilizan animales se comprometen con las así llamadas tres R – reducción, refinamiento y reemplazo. También observaba que los científicos intentan reducir el número de animales utilizados, para abaratar costes.

Más recientemente, el científico médico británico Lord Winston defendía los experimentos con animales, apuntando también que su propósito es salvar vidas humanas. Durante un debate en la Cámara de los Lores, Winston se quejó de las dificultades para obtener permiso de experimentar con animales, informó el 18 de octubre el Independent.

Tales obstáculos, afirmó, podrían hacer que Gran Bretaña se quedara atrás en la carrera internacional por entender y explotar los beneficios del genoma humano. Winston añadía que es necesario que el público esté mejor informado sobre lo valiosas que son para su salud las pruebas con animales.

Y desde el punto de vista del paciente, Mike Robins hizo un llamamiento a favor de las pruebas con animales en el Telegraph del 22 de noviembre. Robins sufría de enfermedad de Parkinson hasta tal punto que le hacía temblar tan violentamente como para no poder alimentarse ni vestirse solo.

Su situación está controlada ahora gracias a un implante cerebral. El dispositivo se desarrolló directamente de las pruebas con monos. «Me ha devuelto la vida. Todas las mañanas me levanto sorprendiéndome por haber dejado de temblar», afirmaba Robins. El «estimulador cerebral profundo» envía una suave corriente eléctrica al cerebro para bloquear las señales que causan los síntomas del Parkinson. «Miles de enfermos de Parkinson reconocerán y agradecerán, como yo, el papel central que la investigación con animales juega en el descubrimiento de cómo funciona el cerebro humano», afirmaba.

El Catecismo de la Iglesia Católica, No. 2416, explica: «Los animales son criaturas de Dios». En consecuencia, debemos apreciarlos, establece el texto. El siguiente número añade: «Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantienen dentro de límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas». Quizás una de las razones tras las objeciones a la investigación con animales es que la gente ha perdido de vista la dignidad del ser humano, y ha puesto a los animales al mismo nivel que a los humanos.