Seis millones de peregrinos en el día de la Virgen de Guadalupe

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MÉXICO, martes, 12 diciembre 2006 (ZENIT.org-El Observador).- Con una gigantesca afluencia, calculada en seis millones de personas, cerca de 613 peregrinaciones provenientes de todos los rincones del país y del extranjero, se dieron cita este martes durante la tradicional fiesta de la Virgen de Guadalupe en la Basílica que conmemora las apariciones a san Juan Diego hace, exactamente, 475 años.



Un incesante río humano se postró, como cada 12 de diciembre, ante los pies de «la morenita del Tepeyac», como solía llamarla Juan Pablo II, robusteciendo la fe popular que, sin distingos de razas, posiciones sociales o, incluso, creencias religiosas, le ofrendan los mexicanos a la Guadalupana.

La noche del 11 de diciembre, se llevó a cabo la tradicional serenata a la Virgen y por la mañana de este martes, muy de madrugada, se cantaron a coro «Las mañanitas», canción tradicional mexicana en la cual se expresan felicitaciones a quien cumple años o celebra el día de su santo.

Según reportes de las fuerzas de seguridad, más de 300 personas fueron atendidas esta madrugada por deshidratación, cansancio, ámpulas en pies y crisis nerviosas en los módulos establecidos por autoridades de Protección Civil de la delegación Gustavo A. Madero, donde se encuentra la Basílica de Guadalupe.

Utilizando todo tipo de vehículos, a pie, en maratones o en grupos que van acercándose a la Villa de Guadalupe de rodillas, para devolver favores o cumplir con «mandas» a la Virgen, los peregrinos abarrotaron los accesos del santuario más visitado del mundo, especialmente la antigua Calzada de los Misterios, que era la calzada que comunicaba a la Villa con el centro de la Ciudad de México en los tiempos de la Colonia española.

Durante la noche del lunes y todo el martes, decenas de personas, en su mayoría vecinos en un acto de caridad, proveían de agua embotellada, pan, café y dulces gratuitos a los visitantes para que su estancia resultara mejor.

La Policía Federal Preventiva (PFP) resguardó el orden en el interior de la Basílica y el atrio por cualquier eventualidad que pudiera producirse. Miles de personas que viajaron más de 30 horas ocuparon las aceras de las calles y avenidas aledañas para descansar y poder mantenerse en pie durante todo el día del festejo.

Las danzas autóctonas, con representantes de todas las etnias del país, dieron color a la jornada, refrendando el amor a la Virgen de Guadalupe que le tienen los cerca de diez millones de indígenas que habitan en el territorio mexicano.