Señor de los milagros, una devoción de Perú para el mundo

Millones de fieles salen en procesión adorando al “Cristo moreno”

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LIMA, miércoles 28 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Ver el color morado, aspirar el olor del incienso humeante, escuchar cantos fervorosos, sentir la devoción de los millones de peruanos que salen a la calle en procesión, son algunas de las manifestaciones del mes de octubre o mes morado, dedicado en el Perú a la devoción del Señor de los Milagros.

Su procesión es considerada la manifestación católica periódica más numerosa del mundo. Se realiza durante el mes de octubre en todas las ciudades del Perú, así como en diferentes países que cuentan con una numerosa colonia de peruanos. Por ello el Señor de los Milagros se le considera el patrón de los peruanos residentes e inmigrantes.

Desde Ontario hasta Buenos Aires. Desde Sydney hasta Budapest. Los devotos del Señor de los Milagros se reúnen en hermandades para salir en procesión por las calles con esta imagen conocida también como el Cristo Moreno, el Cristo de Pachacamilla o el Cristo de las Maravillas.

“Fuera del Perú nosotros nos sentimos orgullosos de que esta devoción siga creciendo cada día. Algunos fieles procedentes de Rumanía pertenecen a la hermandad del Señor de los Milagros de Roma. Nuestro cónsul general es un miembro más de la hermandad”, dijo a ZENIT Mario Minaia, mayordomo general de la hermandad Señor de los Milagros en Roma.

Una obra de fe

La imagen original del Señor de los Milagros se encuentra en el centro de Lima, en el altar mayor del Santuario de las Nazarenas.

El Cristo Moreno fue pintado al temple, alrededor de 1651 en una pared tosca, por un esclavo de origen angoleño de la cofradía de Pachacamilla. Allí se congregaban los demás esclavos de la misma casta. El pintor desconocía las técnicas de arte y pintura y según la tradición, fue su profunda devoción la que lo hizo plasmar esta obra.

Posteriormente fueron pintados al costado del crucifijo las imágenes de María y Magdalena, así como en la parte superior la figura del Espíritu Santo representada con una paloma.

Este señor crucificado, que era venerado por cientos de los esclavos, cobró mayor importancia a partir del 13 de noviembre de 1655 cuando un fuerte terremoto devastó las ciudades de Lima y Callao. Templos, mansiones y viviendas se vinieron abajo.

Las paredes del local de la cofardía también se derrumbaron. Sólo quedó en pie el débil muro donde estaba la imagen de Cristo. No presentó ningún resquebrajamiento. La devoción creció tanto que alrededor de ella nació en septiembre de 1671 la Hermandad del Señor de los Milagros de las Nazarenas.

Posteriormente, la capital Peruana sufrió otros dos terremotos: uno en 1697 y otro en 1746. Nuevamente el Cristo Moreno resultó intacto.

Desde 1687 una réplica de esta imagen comenzó a recorrer las calles de Lima. Como símbolo de la realeza del Señor decenas de hombres pertenecientes a la hermandad del Señor de los Milagros llevan en hombros el anda, que mide 4,40 metros de alto por 1,64 de ancho.

Misterio de la cruz

Hoy, el anda del Señor de los Milagros sigue recorriendo las calles del Perú. Ya no congrega a decenas sino a millones de fieles que salen en procesión. Litúrgicamente es un mes de penitencia y en las iglesias de las diócesis peruanas se usa el color morado. Por ello el Papa Juan Pablo II llamó a este tiempo “la cuaresma limeña”.

Las hermandades reúnen a miles de peruanos. Cada una cuenta con un director espiritual y un mayordomo general, elegido por el arzobispo de Lima.

Se dividen en 20 cuadrillas, un grupo de sahumadoras y un grupo de cantoras. También cuenta con Hermanos Honorarios, una Rama de Auxilios Mutuos y una Hermandad Infantil.

Durante el año las hermandades realizan diferentes actividades sociales, tanto en el Perú como en las diferentes ciudades del mundo donde se encuentran presentes.

“Es una espiritualidad popular. Refleja un la devoción al Cristo crucificado. El pueblo peruano ama y respeta mucho la cruz”, dijo monseñor Héctor Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y arzobispo de Trujillo en una entrevista realizada por ZENIT el pasado 18 de mayo.

Así el Señor de los Milagros va mucho más allá de una procesión que congrega a millones de fieles. Los peruanos encuentran mediante esta devoción una ocasión para reafirmarse: “Influye en una auténtica conversión de vida, ya que la oración, la penitencia, la confesión sacramental, la Eucaristía y la solidaridad son los elementos centrales de la espiritualidad del mes de octubre”, aseguró Monseñor José Antonio Eguren, arzobispo de Piura – Tumbes, en una entrevista concedida a ZENIT el 22 de octubre de 2008.

“Nos sentimos orgullosos de llevar a nuestro Señor en hombros. No hay Perú sin el Señor de los milagros”, concluye Mario Minaia.

[Por Carmen Elena Villa]