Será beatificado el religioso cubano José Olallo Valdés

Dedicó su vida a los enfermos, en particular a los más abandonados

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 18 marzo 2008 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha anunciado la decisión de Benedicto XVI de aprobar un decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de Fray José Olallo Valdés (1820-1889), abriendo así las puertas de la beatificación del religioso cubano.

Fray José Olallo Valdés, religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, será el segundo beato de la Iglesia en Cuba, y el primero en ser beatificado en la isla, anuncia un comunicado distribuido por la arquidiócesis de Camagüey.

Si bien todavía no se ha revelado oficialmente la fecha de la beatificación, se ha explicado que tendrá lugar en la Ciudad de Camagüey. El milagro atribuido a la intercesión del religioso es la curación de un linfoma científicamente inexplicable, según una comisión médica, de la niña camagüeyana de tres años Danielita Cabrera Ramos.

«Todo un gran acontecimiento eclesial para la Iglesia cubana que en voz de sus pastores en su mensaje de la Navidad pasada lo han señalado como un "acontecimiento de honda significación para la Iglesia en Cuba"», explica la nota, firmada por Fary Félix Lizaso Berruete, postulador de su causa de beatificación.

«Para la Orden también es un motivo de alegría el tener un nuevo modelo de santidad, que nos confirma que la vivencia profunda de nuestra espiritualidad de misericordia y hospitalidad, son un camino para la santidad», añade el religioso.

El decreto de reconocimiento del milagro fue aprobado por el Papa el 16 de marzo, en una audiencia concedida al cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

De padres desconocidos, José Olallo Valdés nació el 12 de febrero de 1820. Un mes después fue depositado en la Casa-Cuna de San José de la Habana, donde el 15 de marzo del mismo año fue bautizado. Fue criado y educado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.


Su voluntad de servir a los enfermos y marginados lo llevó a entrar en la Orden de los Hermanos San Juan de Dios. Hizo su profesión religiosa a los 15 años. Fue destinado al Hospital de San Juan de Dios de Puerto Príncipe (hoy Camagüey), para completar su formación religiosa y profesional.

Allí afrontó valerosamente muchas de las grandes epidemias que azotaron la ciudad en su tiempo, la última de las cuales fue la viruela que diezmó a Puerto Príncipe a fines de 1888. Como tenía una sólida formación en medicina, pudo, en más de una ocasión, hacer de cirujano y farmacéutico.

Fray Olallo falleció el 7 de marzo de 1889, en su humilde celda del hospital, a los 63 años de edad, después de estar algún tiempo enfermo y casi sin fuerzas, a causa de un aneurisma de la aorta abdominal, pero sin haber abandonado sus labores, cuando la ciudad era azotada por una epidemia de viruela.

Su entierro en el Cementerio General fue una verdadera manifestación de duelo de todas las clases sociales de Camagüey.

En 1901, el Ayuntamiento de la ciudad dispuso que a la Calle de los Pobres y a la Plaza de San Juan de Dios se les cambiara sus respectivos nombres por el de padre Olallo, como homenaje de un pueblo que no lo olvida.

El 8 de marzo del año 2004 se trasladaron sus restos desde el Cementerio General de la provincia de Camagüey, hacia la iglesia de San Juan de Dios, donde laboró durante 53 años en el siglo XIX.

El 27 de noviembre del año 1999, luego de muchos años de ausencia, la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios logró fundar, en la ciudad de Camagüey, un Hogar para Ancianos, el cuál está dedicado a este insigne cubano.

Esta nueva institución caritativa está ubicada precisamente en la calle que lleva el nombre del futuro beato, y a unos 200 metros de distancia del antiguo Hospital, en el que ejerció sus virtudes.

Al visitar La Habana el 21 de febrero pasado, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en una homilía pronunciada en la catedral, recordó que el futuro beato, rindió homenaje a su «hermosa labor asistencial en Camagüey, atendiendo a los leprosos y a los desvalidos, a los abandonados y despreciados por la sociedad».

El primer cubano elevado a los altares ha sido José López Piteira, beatificado en la plaza de San Pedro del Vaticano, el 28 de octubre de 2007, junto a otros mártires de la persecución religiosa en España de los años treinta del siglo pasado (Cf. Zenit, 28 de octubre de 2007).