"¿Será que un pobre no puede salir de la pobreza?"

El coordinador de la pastoral de las favelas de la arquidiócesis de Río habla sobre la labor de la Iglesia en estas zonas

Roma, (Zenit.org) Redacción | 896 hits

Monseñor Luiz Antônio Lopes Pereira, coordinador de la pastoral de las favelas de la arquidiócesis de Río de Janeiro en una entrevista con la agencia de noticias AICA después de la JMJ evaluó los principales desafíos que comporta la tarea pastoral en las zonas más humildes de esta jurisdicción eclesiástica, además de los principales problemas sociales que hoy afronta el país.

Este sacerdote, de 58 años es capellán de Su Santidad desde 2008 y responsable del vicariato Leopoldina. Tuvo a cargo la atención de casi 3.700 peregrinos en la parroquia Santa Rosa de Lima y las nueve capillas de su jurisdicción, en Jardim América

Tal y como explica el artículo de AICA "la pastoral de las favelas nació en la década del 60 como respuesta a los problemas que afectaban a los pobres y que no encontraban solución desde la clase dirigencial. Por un lado, los gobiernos municipales promovían políticas de desalojo en las barriadas pobres, justificando las medidas en la precariedad y riesgo de las viviendas. En este marco empieza la labor pastoral de monseñor Helder Câmara, obispo auxiliar de Río de Janeiro y primer presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam)".

Recuerda monseñor Pereira en la entrevista que “él pensó que el pueblo pobre no precisaría ir a las periferias de la ciudad, ya que en el propio centro podría haber una convivencia entre las clases altas y bajas. Entonces, don Helder creó la Cruzada San Sebastián, en la zona del Leblon, más específicamente en la favela de Pinto”,. En ese entonces, monseñor Cámara logró reunir, a través del Banco da Providência (una institución filantrópica fundada por él en 1959), los recursos necesarios para construir 850 apartamentos en el área más rica de Río de Janeiro: el Baixo Leblon. Hoy continúan siendo casas de clase baja, aunque con servicios de luz, agua y gas.

Desde entonces quedaron sentadas las líneas para la tarea pastoral con los más pobres: "los sacerdotes resignaron una misa en la iglesia matriz para llevar la celebración de la Eucaristía a las capillas de la jurisdicción parroquial".

En los años 80, el padre Luiz Antônio vivía en el seminario arquidiocesano, en Sumaré, aunque regresaba cada tanto a Marechal Hermes, un barrio de los suburbios de Río de Janeiro, distante a más de 50 kilómetros del centro de la ciudad. Allí había sido trasladada su familia, a pesar de que su padre, mecánico de la Fuerza Aérea, había recibido la jubilación y la promesa de permanecer en su hogar. Esa experiencia marcó su tarea como sacerdote.

Monseñor Pereira revela en la entrevistas que "en las favelas urbanizadas, las tasas son tan altas que los vecinos tienen que vender su casa para sobrevivir. Hay moradías simples que no se encuentran por menos de 50.000 dólares; y es mucho para una favela. Si quieren comprar un kilo de frijoles o de arroz les resulta muy caro”.

Así mismo afirma que “la Iglesia siempre trabajó con los pobres, pero ese trabajo a veces no pasó del mero asistencialismo. Yo tengo aquí personas que son hijos y nietos de la pobreza. Los padres eran pobres; los hijos son pobres, y hoy, los nietos son pobres. ¿Será que un pobre no puede salir de la pobreza? Mi experiencia me dice que es muy estrecho ese camino. En cambio, si hay incentivo de instituciones como la Iglesia, hay un camino posible”, consideró.

También considera que a pesar de las modificaciones los problemas continúan: “Aquí tenemos un barrio, y alrededor, el resto es favela. No hay un solo barrio de Río sin favelas, porque no se han pensado políticas habitacionales serias. Por eso, consideramos que Río de Janeiro se está volviendo una ciudad transnacional, y el pueblo brasileño, en especial los más pobres, ya no tienen derecho de habitar en esta ciudad. Los mudan donde no tienen transporte, no tienen escuela, no tienen su trabajo… ¡Los llevan a lugares que no tienen ni asfalto!”.