«Si la vida de un cristiano no termina en santidad, ha fracasado»

Entrevista a Jesús Arteaga, fundador y director de la revista «Mundo Cristiano»

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MADRID, 9 noviembre 2003 (ZENIT.org).- Sacerdote desde 1948 , doctor en derecho y en teología, escritor de libros como «Dios y la familia» o «Siempre alegres», este vasco de 81 años puede decir que sus libros superan el millón de ejemplares vendidos. Pero no lo cuenta. En cambio, en esta entrevista concedida a Zenit relata cómo surgió su «sí» para toda la vida.



Urteaga es uno de los dos últimos jóvenes a quienes san Josemaría Escrivá de Balaguer habló directamente para que se entregaran a Dios en el Opus Dei. Su último libro, «Sí», acaba de publicarse en España por la Editorial Palabra (http://www.edicionespalabra.es)

--¿Estamos en una época en la que cuesta decir «sí»?

--Urteaga: Ciertamente. Estimo que se da mucha flojera en las gentes. ¿Que en algunas circunstancias --no sé si muchas-- se viven cosas positivas? Por supuesto. El «sí» del que hablamos está hecho de sacrificio diario, de entrega; en ocasiones importa mucha generosidad. Pero vale la pena. Al llegar la noche es grande la satisfacción a la hora de examinar lo realizado ese día. Los síes cuentan mucho.

Somos cristianos y comprobamos cómo, en primer lugar Cristo, y después los suyos, los apóstoles, tuvieron que marchar contra corriente. El sacrificio está en todas las páginas del Evangelio. Si suprimiéramos la cruz nos quedaríamos con las tapas.

No podemos adaptar la doctrina a los tiempos. Son éstos los que hemos de procurar que se abran a la luz que se desprende de nuestro Cristo. Se deforma la doctrina cristiana; tratan de acomodarla a la mentalidad en boga..., y esto nos pierde.

Pese a que nos cueste, continuaremos, por cristianos, respondiendo «sí» a lo que nos resulta dificultoso en cada jornada.

--¿En qué momento pronunció un «sí» para toda la vida?

--Urteaga: Con motivo del entonces Examen de Estado con el que se terminaba el bachillerato en mi país, tuve que ir a examinarme de San Sebastián a Valladolid. Lo que llamamos casualidad es providencia. Lo digo porque a alguien se le ocurrió preguntarnos a Ignacio Echeverría --ahora sacerdote en Argentina-- y a mí, si queríamos conocer al autor de «Camino» que se encontraba dando un retiro para universitarios en el Colegio donde nos alojábamos. La respuesta fue un «sí» de órdago a lo grande.

Su libro lo habíamos leído y releído. «Camino» sí que está lleno de síes generosos, eficaces, apostólicos; mucho amor a Dios y mucho servicio a quienes nos rodean.

Acudimos a saludar al que hoy es Santo, proclamado así por el Papa Juan Pablo II para la Iglesia universal: San Josemaría Escrivá. Recuerdo que apenas abrimos la boca; todo lo decía él. Nos habló de santidad en el estudio, de apostolado con los amigos, de servicio generoso al Señor en las circunstancias corrientes de cada día.

En algunas ocasiones, posteriormente, el Fundador del Opus Dei dijo que el tal Ignacio Echeverría, que te he mencionado, y yo, fuimos los dos últimos jóvenes a quienes habló directamente para que nos entregáramos a Dios en el Opus Dei.

Al terminar el Examen de Estado, regresamos a San Sebastián muy contentos, también por finalizar con muy buenas calificaciones. Alegría que se extendió a todos los componentes del curso.

Poco después, un amigo donostiarra, que era del Opus Dei, conociendo lo que había dicho san Josemaría de nuestro encuentro en la ciudad vallisoletana, nos volvió a hablar --primero a Ignacio y después a mí-- más detalladamente sobre el Opus Dei, al tiempo que nos estimulaba a que nos entregáramos del todo al Señor en la Obra.

Y dije «sí» para toda la vida. A mí me habló en concreto de entrega completa. Me acuerdo perfectamente el recorrido que hicimos: lo que siempre en San Sebastián llamamos la «vuelta a los puentes»: el de la Estación del Norte y el de Hierro. Y yo, que nunca me había planteado el vivir entregado del todo al Señor, ya que por entonces eran las niñas las que ocupaban con preferencia mi fantasía, me encontré en la tesitura de tener que elegir una nueva vida --dentro del trabajo ordinario--, pero vida de entrega a Dios y a las almas.

--¿El «sí» de María le ha ayudado en su vida personal?

--Urteaga: Aquella tarde, con el problemón encima, me fui al Monte Ulía para --con la potente ayuda de Santa María-- decir un «sí» definitivo a la propuesta que se me hacía. No era una mala fecha: 13 y martes de agosto de 1940. Son 63 años de vida entregada a Dios de los 81 que tengo. Pide a Santa María por mí para que sea generoso, muy generoso; y me entregue a las almas, que es lo propio de una sacerdote.

¿A quién le puedo achacar el que, desde muy pequeño, me haya fijado, al tratar con mujeres, exclusivamente en sus ojos? No tengo que esforzarme para mortificarme: se lo debo a santa María. Ella me lo ha concedido gratis, y le doy un millón de gracias.

--¿Qué es para usted ser mujer o hombre de criterio?

--Urteaga: Una persona de principios. Aquellos que tienen unas ideas, unas normas que rigen no solo el pensamiento sino toda la conducta diaria. Llevado al extremo, esa persona vivirá de forma --y completo con la última pregunta que me hace: ¿Qué camino lleva a la santidad?-- que lleve a cabo un cometido en su vida que termina en santidad.

Hay que reconocer que si la vida de un cristiano no termina en santidad es que ha fracasado. No ha contado con Dios para todo. No ha hablado de Dios a quienes le rodean. No ha puesto el corazón en el Señor, que sí lo pone en nosotros.

--¿Cuál es ese camino que lleva y termina en santidad?

--Urteaga: Para mí ese camino es el Opus Dei. Puede ser el camino de muchos; la mayoría dentro del matrimonio. Me encantaría que lo conocieras. Nos apoyamos en un plan de vida, en el que Jesús lleva la mayor parte. Hay Eucaristía, amor a la Virgen, cariño a la gente, entrega generosa al prójimo, mucho trabajo --tratamos de santificarnos en el trabajo diario--, mucho apostolado. Muchos «síes» al cabo del día.