Sin voluntad política por la paz de los Estados, la ONU no puede cumplir con su papel

Según constata la Santa Sede al intervenir en la Asamblea General

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NUEVA YORK, jueves, 28 octubre 2004 (ZENIT.org).- La voluntad política para construir la paz de los representantes de los Estados es la condición indispensable para que la ONU se convierta en una institución trasparente, considera la Santa Sede.



Así lo constató el 26 de octubre el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, al intervenir ante la Asamblea General sobre el tema de la «Cultura de la paz».

«Si es verdad que el nombre de la paz es el auténtico desarrollo de los pueblos, mi delegación también cree que un importante motor de esta paz es la voluntad política», afirmó el prelado.

«Implementar esta voluntad ayudará en gran manera a esta Asamblea a pasar de ser un mero foro de análisis o una máquina de fabricación de resoluciones, como se le achaca, a convertirse en un lugar real de cultivo de la transparencia y de la edificación de la confianza», señaló.

La afirmación del representante vaticano tiene lugar en pleno proceso de reflexión sobre la reforma de las Naciones Unidas.

«Queda muy claro que el mundo necesita ahora la paz más que nunca», afirmó el representante del Papa reconociendo que la Santa Sede ve las Naciones Unidas «como una de las instituciones claves a disposición de la humanidad para la expansión de una cultura de la paz».

«Con la necesaria colaboración de todos sus miembros, la ONU puede ser verdaderamente un instrumento efectivo de la voluntad política de las naciones del mundo», añadió.

Por el contrario, constató con pesar, «la cultura dominante parece a veces desencadenar reacciones contra la verdadera paz y suscitar sospechas contra ella».

«De igual manera, la globalización parece incapaz de prevenir las amenazas a la paz debido al renacer de una cultura tendente a crear muros de separación entre los pueblos. El cinismo surge de la falta de comprensión entre pueblos como resultado de barreras innecesarias».

«El concepto de la propia seguridad ha venido a crear una tensión continua entre los intereses de seguridad nacionales, internacionales y globales», denunció.

«La defensa de la paz, con frecuencia una entidad frágil, debe reforzarse --pidió--. Esto puede alcanzarse cultivando en las mentes de todas las personas de buena voluntad el imperativo a convertirse, en cierto sentido, en agentes de paz. Son sus arquitectos, sus constructores e incluso sus puentes. Hacer de la paz una realidad es posible a través de la educación de las conciencias promovida por la apertura y el respeto de los demás».

En esta promoción de la cultura de la paz, dijo por último, es muy importante el respeto de la libertad religiosa, constatando que en el último año la asamblea general aprobó una resolución en la que se constataba el aumento de «actos de violencia, intimidación y coerción motivados por la intolerancia religiosa».

Por el contrario, señaló, se han dado ejemplos, algunos promovidos por la UNESCO, de cooperación entre representantes de diferentes religiones para afrontar desafíos como « el terrorismo, la resolución de conflictos, el sida, el papel de los líderes religiosos para diluir las tensiones, contrarrestar la manipulación de los valores religiosos usados para justificar la violencia y su apoyo al desarme y a la no proliferación de armamentos».

«Aquí, en esta discusión --concluyó--, la Santa Sede quiere poner sobre el tapete de la discusión este punto para hacer un llamamiento a un compromiso más enérgico para subrayar la profunda conexión entre la promoción de la cultura de la paz y el reforzamiento del proceso de desarme y de no proliferación de armamento».