Sólo el lenguaje religioso puede resolver los problemas de Oriente Medio

Discurso del rabino jefe de Israel, Yonah Metzger, ante el papa

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 13 de noviembre de 2011 (ZENIT.org).- A continuación les ofrecemos, por su interés y reflejo de un día histórico, el discurso que el rabino jefe de Israel, Yonah Metzger, dirigió a Su Santidad el Papa Benedicto XVI al ser recibido por este en audiencia el jueves 10 de noviembre de 2011.

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Su Santidad,

Valoramos mucho esta única e histórica oportunidad en la que nosotros, los líderes de las comunidades religiosas de Israel, un país que es santo para todos nosotros, nos hemos unido para reunirnos con usted.

Tierra Santa comprende muchas religiones, y creo que no hay otro lenguaje capaz de resolver los problemas de Oriente Medio que no sea el lenguaje de la religión, hablado por sus líderes; después de todo, el amor a esta tierra deriva de los sentimientos religiosos.
Agradecemos al Todopoderoso que la tierra de Israel pueda servir de ejemplo para el mundo entero por la manera en que las muchas y distintas religiones viven y se relacionan mutuamente. Hacemos esto con un espíritu de absoluta libertad religiosa y observancia, y en un espíritu de mutuo respeto y consideración.

Su Santidad,

Durante su impresionante y emocionante visita a Tierra Santa, me acordé de una de las muy famosas profecías --la de Ezequiel capítulo 37, la profecía de los huesos secos. Allí el Todopoderoso le promete: “Yo abriré vuestras tumbas, os haré salir de ellas, y os haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y así sabréis que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

Creemos que esta dirigida a nosotros. Yo soy hijo de una familia que fue aniquilada en su mayor parte durante la Shoah en Polonia y en Alemania. El resto de estos judíos regresaron como huesos secos a nuestro país después de la guerra. Creemos que sólo gracias al Espíritu Divino pudieron volver y participar en la reconstrucción de la tierra, cumpliendo así las palabras del profeta.

En la actualidad, también nos encontramos en una cita histórica. Esta noche, el 10 de noviembre de hace 73 años, nuestras sinagogas fueron destruidas durante la Kristallnacht, la noche de los cristales rotos. Este terrible suceso, durante el que las manos de los nazis destruyeron cientos de sinagogas, rollos de la Torah y otros libros sagrados, marcó el principio del Holocausto, la peor tragedia de nuestra historia. Sólo terminó después de la muerte de seis millones de personas, entre las que muchas eran mujeres y niños, cuyo crimen era ser judíos.

Desgraciadamente, el Satán del odio no descansa. Los que niegan el Holocausto alzan sus cabezas en público, cuando aún hay entre nosotros supervivientes que todavía lucen el número tatuado en su brazo, un prueba viviente de la atrocidad. Sin embargo, los que lo niegan no paran, y un presidente de un país al este del Éufrates continúa prometiendo que nos aniquilará a nosotros y a nuestro estado.

Desgraciadamente, el mundo escucha y reacciona con una charla irrelevante y sin sentido. La misma reacción que tuvo cuando los nazis subieron al poder. Este atronador silencio sólo animó más a los conspiradores maliciosos para seguir adelante con sus planes.
Nosotros, los líderes religiosos de Tierra Santa hemos venido a probar, de una vez por todas, que podemos vivir en paz, que lo hacemos en el respeto mutuo y el aprecio, en libertad para servir a nuestro Señor de acuerdo con las palabras del profeta: cada uno siguiendo sus creencias.

Nosotros, el Consejo de Líderes Religiosos de Tierra Santa, en el estado de Israel, deseamos, a través de usted y de los líderes religiosos de otros países, que por favor difundan este mensaje de respeto y de reciprocidad a sus países. No hay razón por la que los hijos de Abraham no puedan vivir en paz los unos con los otros. ¿Por qué deberíamos causar tristeza a nuestro Señor del Cielo?

Esperamos que nuestro país sea un lugar donde el mensaje de paz y las profecías de la Biblia se cumplan.

Su Santidad,

Apreciamos su amable hospitalidad y su bendita actividad por la paz mundial. Continuaremos rezando unidos para que las palabras de Isaías se cumplan: “Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra...” y en las palabras de los salmos: “El Señor fortalece a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz”. Amen.

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]