Sudán: Los combonianos que trabajan en el sur deciden «romper el silencio»

«¡Ayudad al país recuperar su identidad y humanidad perdidas!», piden

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NAIROBI, 22 enero 2001 (ZENIT.org).- Tras las últimas noticias, no sólo de los continuos bombardeos contra objetivos cristianos e instalaciones de organizaciones humanitarias, sino de la reanudación de las correrías de tropas gubernamentales, usando la esclavitud como arma de guerra, los combonianos que trabajan en el sur de Sudán han decidido correr el riesgo de «romper el silencio».



Lo han dicho en un comunicado, hecho público el pasado 19 de enero en Nairobi, la capital de Kenia. La declaración de los misioneros se añade a las denuncias publicadas por otras denominaciones cristianas que han visto sus escuelas y centros de ayuda bombardeados, así como la actividad desarrollada por el obispo en el exilio de El Obeid, Macram Max Gassis, para hacer conocer la situación de persecución en que se encuentran los católicos de esta parte del país.

«Nosotros los misioneros combonianos que trabajamos en las "áreas liberadas" del Sur de Sudán --dice el comunicado, firmado por los treinta miembros de la congregación presentes en la zona-- reunidos en nuestra asamblea anual, hemos analizado y evaluado, llenos de dolor, la trágica situación actual de guerra y violencia».

«Hemos llegado a la convicción unánime de que la situación de guerra en Sudán, en el nivel actual, es no sólo inmoral sino una trágica farsa. No se trata ya de una lucha por la libertad del pueblo sudanés y por la defensa de los derechos humanos», añaden.

Como en el caso de otros puntos calientes del continente africano, el enquistado conflicto en Sudán se ha convertido en objeto de intereses geoestratégicos por parte de diversos países que arman tanto al Gobierno sudanés como a las guerrilas del sur. Es esta situación la que denuncian ahora sin ambages los combonianos: «La guerra --explican-- se ha convertido en una lucha por el poder, el beneficio económico y la codicia. Hay muchos individuos crueles dispuestos a aprovecharse de ella y enriquecerse a costa de los pobres. Los intereses globales están preocupados por los recursos de Sudán, no por el bienestar del pueblo. Se distorsiona la religión y se abusa de ella como instrumento para otros intereses».

Como ya ha informado Zenit repetidas veces, los misioneros confirman que el número de víctimas esta aumentando de manera alarmante, especialmente entre las mujeres y los niños. «Los valores espirituales, humanos y culturales se están perdiendo --denuncian los misioneros--. Se fomentan la corrupción, el tribalismo y el odio fratricida. La degradación, el subdesarrollo y la anarquía aumentan. Se está perdiendo la humanidad en Sudán».

Denuncian asímismo que se está abusando de ciertos términos usados por la guerrilla presuntamente cristiana del SPLA (Ejército Popular de Liberación del Sudán Meridional) y las diversas facciones en lucha en el sur del país.

«Se abusa de la palabra "liberación". ¿Cuál es la mejora que vemos? --se preguntan los combonianos de Sudán--. Opresores y oprimidos buscan salvar su vida. Los del norte contra los del sur; los del norte contra los del norte; los del sur contra los del sur; las etnias nuer y dinka luchan contra los árabes; los nuer y árabes luchan contra los dinka; los dinka contra los dinka; los nuer contra los nuer; los didinga contra los dinka.

No hay ganadores. Todos están perdiendo». Y van más allá al denunciar que también hay «organizaciones humanitarias e iglesias» que prolongan los combates mediante la ayuda humanitaria que, de manera oculta, apoya también a las facciones en lucha».

Recuerdan que el país tiene suficientes recursos para garantizar un buen nivel de vida a todos los sudaneses. Los misioneros combonianos que trabajan en el «Area Liberada del Sur de Sudán» declaran que han decidido «romper el silencio» e «intensificar» su compromiso «contra la injusticia que alimenta la guerra en Sudán». Y hacen un llamamiento a los líderes de las partes en lucha: «¡En nombre de Dios, deponed las armas! ¡Dejad de disparar!».

Hacen también un llamamiento a las personas de buena voluntad: «¡Romped el silencio! e intensificad vuestra mediación en favor de la paz en Sudán!»

Y dirigen un último grito a los «políticos y poderes económicos del mundo»: «¡Renunciad a vuestra codicia y vuestros propios intereses! Ayudad a Sudán a recuperar su humanidad y su identidad perdidas!».