Superiora de la orden fundada por Madre Teresa: “Todos saben que es santa”

Entrevista a la hermana Mary Prema en el centenario del nacimiento de la beata

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ROMA, miércoles 25 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- “Todos hablan de una aceleración en el camino hacia la canonización” de Madre Teresa con motivo del centenario de su nacimiento, que se celebra este jueves, pero ésta no es la prioridad para la hermana Mary Prema, superiora general de la congregación fundada por la beata, las misioneras de la Caridad.

“Yo no creo que esto sea tan importante -declara, en una entrevista publicada por la agencia Fides-. Todos saben que es santa”.

Según la religiosa, ni los hindúes ni los cristianos, en Calcuta y en la mayor parte en los que están presentes las Misioneras de la Caridad, ponen en duda la santidad de Madre Teresa.

“Todos esperan un milagro -explica, en referencia al milagro que la Iglesia debe aprobar todavía para canonizarla-, pero la misma Madre Teresa era el milagro para el mundo y para la humanidad”.

Escucha de Jesús

La religiosa, de origen alemán, explica que las enseñanzas de Madre Teresa a las Misioneras de la Caridad se resumen en ponerse a la escucha de Jesús y confiarse a la Providencia.

La fundadora “nunca nos dio indicaciones sobre los programas futuros”, revela la Madre Prema, pero “su continua exhortación” era que nos empeñáramos “siempre en ser cada vez más santas”.

Actualmente, la superiora general comparte con otras tres religiosas la dirección de la orden. En esa tarea “he tenido que aprender mucho de nuestra fundadora”, confiesa.

En este sentido, explica que Madre Teresa realizaba en dos fases el proceso de toma de decisiones: “la primera era la de deliberar y conocer todas las posibilidades y las consecuencias (decision making); luego tocaba decidir (decision taking)”.

“Madre Teresa se hacía aconsejar muy cuidadosamente, seguidamente se retiraba y luego tomaba la decisión”, añade.

“Las misioneras de la caridad parecen una gran organización, pero nosotros no hacemos programas para los próximos 10 años -destaca-. Buscamos seguir abiertas a lo que Dios nos pida”.

“Sólo Jesús nos dirá cuál es el próximo paso -continúa-. Por ello, siguiendo el espíritu de la Madre, no soy yo quien ejerce el control: es Dios quien toma las decisiones”.

Sacar provecho del sufrimiento

En la entrevista, la religiosa habla sobre el tema del sufrimiento, bien conocido por una orden dedicada a los enfermos y los más pobres.

“El sufrimiento no puede ser un castigo; sin embargo, Dios lo permite -indica-. Nosotros podemos sacar provecho del sufrimiento para acercarnos a Él y pedirle la gracia de soportar y saber vivir ese sufrimiento”.

“El sufrimiento no pocas veces es consecuencia de nuestras decisiones, pero es también una consecuencia de la naturaleza caída y frágil del ser humano”, constata.

Puede estar provocado también por cosas que están fuera de nuestro alcance, añade, destacando como ejemplos el terremoto de Haití y las inundaciones de Pakistán.

Y concluye: “Dios permite el sufrimiento porque éste tiene la capacidad de convertirnos en hombres y mujeres mejores y más profundos”.

“Así nos volvemos capaces de entender que este mundo y esta vida no son la meta suprema, sino que existe algo más: la vida del alma que –cuando acepta verdaderamente el sufrimiento– es purificada”.

Sobre la manera de enfrentar el sufrimiento, la religiosa recuerda la distinción que Madre Teresa hacía del sufrimiento físico y el espiritual.

“Al sufrimiento del alma podemos reaccionar sobre todo con nuestra oración -indica-. Es importante que la gracia divina toque a las personas que viven en el sufrimiento”.

Y añade: “Y es también importante para nosotras rezar por ello: cada día nos detenemos en una hora de oración frente a la Eucaristía”.

“Para nuestro trabajo esto es fundamental: en efecto, no se trata de un compromiso social, sino de un verdadero compromiso misionero”, explica.

La vocación de Madre Teresa

La hermana Mary Prema se detiene en la manera de ser y el pensamiento de Madre Teresa. “Mantenía siempre un oído abierto a los problemas del mundo”, recuerda, y “era muy generosa con Dios y con quien sufría”.

“La Madre Teresa deseaba que todos conociesen y amasen a Jesús -explica-. Estaba convencida de que cada alma desea la salvación de Jesús, independientemente de que fuese consciente o no”.

“La obra de la conversión, sin embargo, es siempre una obra de Dios, observa, y afirma que “la Madre Teresa entendió su propia vida como la tarea de amar a Jesús y transmitir ese amor a todas las personas en torno a ella”.

“Madre Teresa pensaba que Dios la había llamado a cumplir un servicio auténtico y desinteresado al hombre, y a tener una atención absoluta frente a la persona que sufre”.

“Estaba siempre presente al 100% y con el corazón abierto frente a cualquier persona que se cruzase en su camino”.

“No estuvo jamás interesada en las cosas grandes, no se ocupaba de hacer publicidad o cosas semejantes -resume-. En el primer plano estaba siempre el encuentro directo con la persona individual”.

La religiosa fue testigo de cómo Madre Teresa, “a través de su vida, su trabajo, su fuerza atractiva, acercaba a las personas a Dios”.

“Ella no predicaba pero con su vida daba testimonio -asegura-. Aún hoy en día muchos me cuentan de su primer encuentro con Madre Teresa”.

“Tal vez habían estado con ella no más de cinco minutos en la terraza de nuestra casa madre -explica-. Pero ese único momento cambió sus vidas para siempre”.