Tadeusz Mazowiecki: Los creyentes no pueden quedar excluidos de Europa

El ex primer ministro polaco comenta la denuncia de Juan Pablo II

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VARSOVIA, 11 enero 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- La denuncia que lanzó este jueves Juan Pablo II al constatar la exclusión de las comunidades de creyentes en la redacción de la Convención europea debe ser tomada en serio, afirma uno de los grandes promotores de la nueva Europa.



Tadeusz Mazowiecki, amigo de Karol Wojtyla y primer jefe de un gobierno democrático en un país del bloque comunista en 1989, siempre ha mirado hacia la Unión Europea (UE) con especial atención. Fundador y actual presidente del Instituto Robert Schuman en Varsovia, puso las bases para la integración de Polonia en la (UE). Hasta hace pocos meses fue jefe de la Comisión parlamentaria nacional para la integración en Europa.

En esta entrevista, Mazowiecki comenta el discurso del Papa al Cuerpo Diplomático en el que denunció el que los líderes de la UE excluyeran en diciembre la contribución de la comunidades de creyentes para la redacción de la Convención, texto que debería ser decisivo para la integración continental (Cf. Zenit, 10 de enero de 2002).

--En su opinión, ¿Cómo se explica que el Papa haya decidido afrontar el tema de la Convención de la Unión Europea y la exclusión de las comunidades de los creyentes de la reflexión sobre la futura Constitución de Europa en un discurso de amplias miras sobre el estado actual del mundo?

--Tadeusz Mazowiecki: No hay nada de extraño, más bien me parece en continuidad con toda la enseñanza de este Papa. Desde el inicio de su pontificado, ha apoyado siempre la unidad de Europa, no sólo como entidad económica o política sino como realidad espiritual que comprendía también la mitad del continente bajo la dictadura comunista. Nosotros somos Europa, lo hemos sido siempre, decía cuando era obispo de Cracovia. Lo mismo quiso repetir en junio de 1999, dirigiéndose al Parlamento polaco. Por tanto, es obvio que siga los asuntos de la Unión Europea con atención, diría casi con pasión. Y que se sienta entristecido por ciertas decisiones, como la tomada en la cumbre de Laeken.

--En este sentido, Juan Pablo II habla de «injusticia» y de «error de perspectiva»...

--Tadeusz Mazowiecki: Lo sabemos, el Papa Wojtyla es uno que sabe alzar la voz cuando hace falta. Y aquí está en juego la marginación del hecho cristiano. Es como cuando protestaba contra los regímenes comunistas que sofocaban la libertad de profesar la fe. El punto es siempre el de la libertad religiosa. Una libertad que, ha recordado muchas veces el Santo Padre, es la primera y fundamental libertad. La defensa de los derechos humanos, que todos reconocen ser uno de los leit-motiv del pontificado de Wojtyla, comienza aquí. No debemos olvidarlo.

--La Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea no habla de las Iglesias y de las comunidades religiosas. Como intelectual y experto de temas europeos, ¿cómo la juzga?

--Tadeusz Mazowiecki: Es el resultado de una componenda política entre diversas tendencias presentes hoy en Europa. Es conocido que la presiones francesas, queriendo tutelar una cierta idea de laicidad, han sido muy fuertes. Al final ha salido este texto de componenda. Tengo que decir que se ha tratado de una mala componenda.

--En su opinión, ¿existe la posibilidad de cambiar la Carta?

--Tadeusz Mazowiecki: El texto sobre los derechos fundamentales de la Unión Europea, como sabemos, ha sido aprobado en la cumbre de Niza de diciembre de 2000. Creo que existe todavía la posibilidad de introducir modificaciones. Debe empezar el trabajo de la Convención, está todo el debate sobre lo que deberá ser la nueva Constitución de Europa. Es la ocasión para reabrir ciertas cuestiones fundamentales.

--El hecho de que Juan Pablo II haya hablado de ello en modo tan explícito, ¿podría tener algún efecto sobre la Convención?

--Tadeusz Mazowiecki: Espero que sí. Querría sin embargo recordar algo: el Papa ha hablado de Europa y de la unificación europea en términos positivos, como un motivo de satisfacción. Se trata de algo muy importante, sobre todo para Polonia que está tratando de entrar en la Unión Europea. De hecho, Juan Pablo II desautoriza a aquellos grupos antieuropeistas y ultranacionalistas que ven la Unión Europea como el nuevo imperio del mal. Su invitación es a un compromiso mayor, no al rechazo.